18-nov-2008

Fotos

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Todas y cada una de las imágenes que se ven en este blog, han sido realizadas por el autor o miembros de su familia durante este viaje.


Crecen...

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Los “nenes” crecen. Aquellos niños que nos acompañaron en nuestra primera andadura transoceánica con 1, 7 y 10 años, ya tienen 6, 12 y 15 años. Después de una larga experiencia primero como viajeros solitarios ( en pareja), y luego como padres de tres peques, nos lanzamos a una nueva aventura con nuevos retos, como es la realización de un safari fotográfico por los parques más importantes de Tanzania, o la subida al mítico Kilimanjaro por Umbwe route de Miguel (el mayor de los “niños” con 14 años) y el que les habla ( su padre). Este nuevo viaje nos enfrentaba a nuevos retos: por un lado nos iniciaba en el delicado mundo de los antimaláricos, por otra, suponía el primer desafío activo del grupo (Kilimanjaro) fuera de nuestras fronteras. Y por último y no menos importante, este viaje nos obligaba a la separación de “los cinco” durante los días que duraba la “escalada”.

EL VIAJE

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Cuántas veces pensé en este viaje y cuántas quedó relegado para el futuro. Tendrían que ser los niños un poco más grandes y nuestras dudas con los antimaláricos nos desviaban a otros destinos.
Después de nuestro año sabático en un viaje tranquilo por la bellísima Lanzarote estuvimos mirando un gran itinerario por Venezuela (siempre por libre). Cuando ya tenía presupuestos, vuelos internos, hoteles, dimos un giro radical a nuestros propósitos.
Empezamos mirando itinerarios por Kenya por curiosidad. Más adelante después de ciertas dudas vimos que nuestro viaje era viable entre otras cosas porque dentro de lo carísimo que era Kenya los presupuestos de las agencias nativas bajaban bastante con respecto a las europeas por el cambio dólar euro. De todas formas empecé pidiendo presupuestos a las diferentes agencias españolas no mayoristas que operaban directamente en Kenya y Tanzania, como Damasafaris o Deoadventure. Después de unos cuantos mail con estas agencias me decidí a pedir presupuestos a las agencias nativas de Kenya y Tanzania. Al final decidimos que nuestro destino sería Kenya en lodge con inclusión del cráter Ngorongoro de Tanzania en camping.
Sin tener todavía el safari ni itinerario sabíamos que queríamos unos 20 días con un final de cuatro o cinco días en la playa, incluyendo en este itinerario el Parque Nacional de Amboseli para poder ver de cerca el Kilimanjaro (que ya empezaba a obsesionarme).
El 26 de Diciembre del 2007 compramos los billetes para Nairobi con KLM vía Ámsterdam, con salida el 30 de junio y vuelta el 18 de julio, en total 19 días. Al día siguiente de comprar los billetes se celebraron las elecciones de Kenya cuyo resultado fue manipulado por el gobierno vigente ya que los resultados daban como vencedor a la oposición.
Al parecer estas elecciones se celebraron con grandes irregularidades en el escrutinio lo que desencadenó grandes disturbios en toda kenya entre las etnias kiyukus y luos, partidarios del presidente reelegido Mwai Kibaki y los Kalenjin del aspirante Odinga. Después de dos meses de reyertas y cientos de muertos y viendo que no se acababa el clima de incertidumbre decidimos cambiar nuestro destino. De Kenya y su maravillosa isla del Lamu cambiaríamos a Tanzania y sus playas de Zanzíbar, eso si con el vuelo a Nairobi.
Teníamos también varios presupuestos de Tanzania y no fue difícil cambiar de destino, después de todo habíamos estado dudando bastante entre Kenya y Tanzania.
Aunque la decisión vino forzada por circunstancias penosas, estuve bastantes días maldiciendo nuestra “mala suerte”, una nimiedad comparado con los cientos de muertos y el éxodo masivo en Kenya.
Pensé en la frivolidad que era lamentarme de que en mi destino turístico se estuvieran matando justo cuando yo iba allí, y cambié el pensamiento totalmente.
Como dije antes, tuvimos que cambiar el destino. A posteriori este cambio nos cerró unas puertas pero nos abrió el paraíso natural de Tanzania, y nunca antes el destino se porto tan bien con nosotros, Tanzania es magia pura y de una belleza sobrecogedora
Mi obsesión por el Kilimanjaro me llevó a pensar en la posibilidad de subir al mismo aprovechando que estaríamos en Tanzania, todo pensamientos remotos en esos momentos.
A finales de enero después de un mes de perfilar nuestro viaje teníamos un presupuesto de 5 días de escalada por Umbwe route para dos personas y siete días de safari con alojamiento en lodge posteriores a la “escalada” con la agencia Tanzana Bobbytours
Por otra parte reservamos por nuestra cuenta el hotel en Moshi para los días de escalada, los vuelos internos con la agencia Precisión Air para los trayectos Arusha-Zanzibar y Zanzíbar-Nairobi, y el hotel en Nunwgi (Zanzíbar). El resultado del viaje fue sencillamente perfecto, tanto por la parte que hicimos con la agencia tanzana Bobbytours, como con la que hicimos por nuestra cuenta.




POR QUÉ TANZANIA

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Sólo desde la discreción puedo escribir algo acerca de este dilema


¿Porqué Tanzania frente a otros países de sus mismos o superiores atractivos?
Solo puedo aportar además el punto de vista de Tanzania, pues del África negra solo conocemos este país.
A pesar de que atravesamos por carretera la distancia entre Nairobi a la frontera de Namanga poco es lo que pudimos ver de Kenya. Así que las opiniones que pueda verter aquí son meramente subjetivas y parciales.
Aun así pongamos sobre la mesa ciertos puntos de vista:


















El Kilimanjaro


El Parque Nacional de Kilimanjaro que es extraordinario y no se parece en nada a ningún otro Parque Nacional, es el objetivo turístico que más puede inclinar la balanza del lado de Tanzania . Aunque se puede ver bastante bien desde Kenya sobre todo desde el Parque Nacional de Amboseli, no debemos olvidar que el Kilimanjaro está en Tanzania. Sólo con acercarse un poco a cualquiera de los pueblos que viven en sus faldas ya es una experiencia única, pueblos que viven de recolectar café, plátano y otros cultivos. No hace falta subir al Kilimanjaro para llegar a admirar su belleza y majestuosidad, simplemente con adentrarse a unos 2000 metros de altitud acercándose algunas de sus de sus " puertas" es suficiente para vivir su aire, su tierra, su pulso, su viento, su magia…

Serengeti

Cuando llega la gran migración los animales pasan de Serengeti a Masai Mara. Aunque son el mismo parque sólo separados por las fronteras entre Tanzania y Kenia y por la mayor proliferación de animales en uno u otro parque según la estación sea de lluvias o no. Los que han estado en Masai Mara dicen que es más fácil ver animales qué en Serengeti, pero por contra la cantidad de todoterrenos con sus respectivos turistas es también mayor.
Esto último no lo puedo corroborar pero sí os contaré lo que yo vi en Tanzania reflejado también en las fotografías:

En Serengeti vi grandes extensiones naturales de belleza sobrecogedora, pocos coches y suficientes animales en entornos poco agobiantes, en ocasiones en plena acción de caza. Aderezado con una inestimable libertad de horizontes y gran intimidad personal para observar la naturaleza.

El contexto para mí es muy importante, y el hecho de poder ver muchos de estos animales siendo los únicos muchas veces que los observábamos me parecía extraordinario.
Por otra parte, se echa de menos en Serengeti a primeros de julio las grandes manadas de ñus y cebras que ya han emigrado a Masai Mara. Pero para eso está Ngorongoro donde estos últimos herbívoros son perennes.

Ngorongoro

Para mí, junto con el Parque Nacional de Kilimanjaro y Serengeti son las grandes bazas de Tanzania, después les sigue de cerca Tarangire. Habría que poner en un apartado diferente al parque nacional de kilimanjaro, ya que en su género es único en el mundo. Pero sí nos tenemos que referir a los parques nacionales con gran cantidad de animales yo me quedaría en primer lugar con Ngorongoro, aunque a mis hijos les gustó más Serengeti.
Siendo Serengeti único y extraordinario, pongo en primer lugar al Ngrongoro por su situación geográfica única, sus luces, sus colores, su belleza visto desde fuera y desde dentro. Un cráter de 20 kilómetros de diámetro y 600m de pared, situado a 2000 metros de altura entre montañas bellísimas, lleno de ñus y cebras, con un lago de cuento(Magadi) en el centro, con el rinoceronte negro, hipopótamos, flamencos, elefantes, hienas, leones...
Es memorable la bajada a primera hora de la mañana por sus caminos de tierra roja de Tanzania. Esta primera hora permite una de las visiones que nadie debería perderse: el reflejo de las nubes en la superficie del lago central, no es un reflejo cualquiera, ya que todos los días el cráter al amanecer techado de nubes entre las cuales se van filtrando los rayos del sol, permite un espejismo muy particular. Estas nubes no se reflejan de cualquier manera en el lago, ya que al estar tan cerca la visera de nubes (cráter a 2000 metros), la sensación de espejismo en relieve es para caerse de espaldas.
Nada de este efecto he leído en ningún sitio por si se podría interpretar de otra manera, al principio pensé que era evaporación del lago, pero observando detenidamente lo descarte, en fin.





Zanzibar

Yo me hubiera decidido por Lamu a ciegas, un pueblo donde solo se puede llegar en barco (dhow), que no tiene ningún coche, solamente burros, debe ser verdaderamente único. Tanto Lamu como Zanzibar tienen población musulmana. Lamu tienen sus callejuelas únicas y Zanzibar Stone Town. Pero culturalmente necesitamos más a Lamu por lo que respecta de mundo perdido, de lo que ya no queda.
Al final optamos por Nungwi un maravilloso pueblo de pescadores de Zanzibar, la elección no fue fácil ya que hasta el último momento ya con el recorrido en Tanzania asegurado dudábamos entre Lamu y Zanzibar. Esos cuatro días tendrían que ser de descanso, y en nuestro descanso debería haber playas permanentes en buena disposición.
Desgraciadamente Lamu por la manera de discurrir las corrientes por este archipiélago en julio, suele ser bastante turbia en esta época. Lo que obliga hacer excursiones en dhow todos los días si quieres ver buenos fondos. Si lo que buscas es solo playa de superficie, Lamu es suficiente en julio. Pero llegar a lugares donde los propios fondos sean parque natural y ni siquiera echar un vistazo, es inconcebible para nosotros. De esto hablaré más adelante con respecto a Zanzibar.

En fin, para mí el Kili y su belleza total fue la sensación más fuerte de todo Tanzania. Nada me retiene nunca de un país, me llevo mucho de cada uno, pero en el Kili, dejamos algo mi hijo Miguel y yo, y algo quedó para siempre de sus cumbres y su extraordinario cráter en nuestros pequeños corazones.








Nairobi-Moshi

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A las 4:50 pm del día 30 de junio despegamos de Barajas dirección Nairobi vía Ámsterdam.
A las 5:30 de la mañana llegamos a Nairobi ( como tienen una hora más en realidad eran las 6:30 de allí). Nos quedaba todavía un largo camino por carretera hasta Moshi. La verdad es que habíamos llegado en perfectas condiciones a Nairobi. Los niños habían descansado bien en los trayectos durmiendo tanto en los asientos del avión como en los suelos entre asientos, como es costumbre suya. En las transiciones (escala de Ámsterdam) el buen ánimo y el cosquilleo por la gran aventura que nos esperaba hizo que el viaje fuera, como siempre, coser y cantar. A todo esto hay que decir que nuestros niños ya son “animales” de aeropuerto.
En otras circunstancias hubiéramos hecho el traslado Nairobi-Moshi en autobús hasta Arusha y luego taxi hasta Moshi, pero a la mañana siguiente, Miguel mi hijo mayor (14 años) y yo emprenderíamos la subida al Kilimanjaro. Después de un largo viaje, este otro por carretera debería ser lo más corto posible para poder descansar lo suficiente para el día siguiente.
Así que habíamos contratado un transfer non stop por carretera Nairobi-Moshi.

Que bien habíamos hecho en sacar el visado de kenya en Madrid, ya que llegando a las 6:30 de la mañana después de un largo viaje no es el mejor momento para sacar un visado en una lenta y larga cola. Nosotros apenas paramos en el aeropuerto después de rellenar y entregar unos formularios de entrada.
Al salir nuestro contacto de Bobbytours nos recogió en una Furgoneta que nos llevaría directamente a Moshi.
Por el camino de salida de Nairobi, los cinco abrimos los ojos como platos y empezamos a empaparnos de todo aquello que veíamos por las ventanillas.
Vimos muchísima gente que iba andando a sus trabajos, carreteras y arcenes llenos, algo a lo que nos acostumbraríamos a ver.
Vimos también el tipo de vida tan dura que tiene esta gente. Agricultura y vida de subsistencia, donde el que tiene dos tomates y tres melones los posa en el arcén para hacerse con unos chelines.

Conforme avanzábamos fuimos adentrándonos en otros paisajes, algunos bellísimos, hicimos una primera parada para comprar agua y apreciar la enormidad de los hormigueros de hasta 3 metros que a Pablo (12 años) nuestro hijo mediano tanto le llamaban la atención, Hugo (6 años) pronto se unió al interés de su hermano y allí los teníamos explorando los primeros animales salvajes del África negra: las hormigas. Pronto descubrieron que los árboles estaban plagados de nidos con aves de diferente y llamativo colorido, y Miguel el mayor (14 años), se unió pronto a la exploración.

Cuando llegamos a la frontera de Namanga ( Kenya-Tanzania) tuvimos que pagar los 50 $ por cabeza de visado, ya que estos no los podíamos sacar en Madrid al no tener España embajada de Tanzania.
Después de cambiar unos cuantos dólares por chelines tanzanos en la frontera, proseguimos nuestro camino. Pasados unos kilómetros empezamos a ver con bastante frecuencia a niños masai pastoreando el ganado. Durante el trayecto que nos quedaba le hicimos parar un par de veces al conductor para hablar con los masaicitos, uno de ellos salio corriendo despavorido en cuanto nos vio. Otros dos se mostraron cercanos y amigables e incluso nos hicimos alguna foto juntos. Creo que sentían la misma curiosidad por nuestros hijos que estos por ellos. No paraban de observarse unos a otros con la boca abierta, sobre todo miraban a Hugo y Pablo, los peques, ya que a Miguel lo considerarían mayor. Unos cuerpos enjutos y llenos de polvo de los pies a la cabeza. Cejas, narices, orejas, pestañas y comisuras labiales lucían blancas de la polvareda africana . Estos masais no eran de los que recibían a los turistas bailando, y precisamente por eso resultaban más interesantes ya que entre otras cosas no vivían en zonas de especial relevancia, simplemente era una zona de paso donde nadie para, o casi nadie.
Continuamos el viaje ya sin importarnos el llegar pronto a nuestro destino para descansar. Una vez más “el viaje era el camino”.
Iban apareciendo a derecha y a izquierda de la carretera diferentes poblados masais con sus chozas de adobe características y su disposición en círculo. Decidimos en un arrebato que queríamos hacer una visita a uno de estos poblados, eso si sin bailes ni danza. Como es lógico situ visitas un poblado cualquiera, no tienen porqué estar cantando y bailando ni con sus mejores galas, entre otras cosas porque no están de fiesta.
Aunque camino de Ngorongoro tendríamos concertada una excursión opcional donde nos esperarían unos amistosos, cantarines y danzarines masais, esta nos daría la oportunidad de salirnos del guión.
Después de una relativamente larga negociación, llegamos a un acuerdo del dinero a pagar a cambio de la visita. El que parecía el jefe, que normalmente es el que más ganado tiene fue duro de pelar, y al principio no fueron tan amistosos como los que veríamos en el Ngorongoro. Después de un rato se hicieron más amigables y los niños (nuestros hijos) nos abrieron una vez más las puertas del poblado. En principio solo saldrían a recibirnos fuera del poblado tanto hombres como mujeres y niños, pero después de un rato de “contacto” Pablo y Hugo hicieron amistad, una de las mujeres se interesó por los coloridos collares y pulseras de Pablo muy habitual en estos usos, después de un rato Marga intercambio varias pulseras masai por otras que ella llevaba. Estos masai apenas tenían material para vender como los que más adelante veríamos, a pesar de todo vestían de manera colorida y elegante. Este inesperado giro en nuestras relaciones masai nos abrieron las puertas del poblado, pudiendo verlo por dentro y haceros unas fotos juntos.
Una primera visita, que para ser el primer día colmaba todas nuestras expectativas.

MOSHI

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Despues del maravilloso itinerario de Nairobi a Arusha con diferentes paradas para ver a los masais, llegamos a esta última ciudad donde pagamos en la oficina de Bobbytours el dinero pendiente del safari, la escalada (50%) y el transfer Nairobi-Moshi. Después de media hora y una vez aclaradas ciertas dudas, quedamos para al día siguiente en Moshi con nuestro guia en el Kilimanjarao: Nuru. Este nos pregunto exhaustivamente por nuestra equipación y sacos de dormir por si hiciera falta alquilar algo, este detalle de profesionalidad por parte del guía nos dio confianza en la empresa.
Una hora y 30 minutos más en coche necesitamos para llegar a Moshi.

MOSHI

Pueblo situado en las mismas faldas del Kilimanjaro a 900 m de altura. Casi todo el mundo que subia al Kili tenía su base de operaciones en Arusha. Una ciudad bastante grande, muy poblada, fea y ruidosa. Nosotros decidimos que nuestro “campamento base” estaría en Moshi, entre otras cosas porque Marga, Pablo (12 años) y Hugo (6 a) se quedaban 5 días en esta población hasta que Miguel (14 a) y yo volviéramos de la “escalada”.
Moshi es un pueblo rodeado sobre todo de plantaciones de buen café, también abundan las plantaciones de plátanos y otros culivos. El ritmo alegre y colorido de sus ciudadanos no pasa desaparecido para el turista y desde cualquier calle de Moshi se puede ver el majestuoso Kilimanjaro a muy corta distancia.
Ojo a la referencia visual: Moshi 900m, Kili 5896m, 5000 metros de altuta y una anchura mostruosa. Ni siquiera el Everest con sus 8848m hay un contraste tan grande , ya que su campo base se encuentra a 5550m, unos 3300 metros de contraste frente a los 5000 de Moshi.
Desde Moshi el Kili asoma por encima de las nubes, la mirada tiene que posar sus ojos muy arriba para ver la cima, es una sensación de gigantismo acentuada por la proximidad al kili.
Otras de las ventajas de Moshi es que es mucho más barato que Arusha a parte de placentero y tranquilo.
Buscamos mucho para encontrar un buen hotel con buena relación calidad precio entre los pocos que hay en Moshi, y aunque no suelo dar publicidad de los hoteles a no ser que verdaderamente lo merezcan, después de mucho buscar por internet encontramos el Keys hotel, un agradable y tranquilo hotel, donde tratan a la gente muy muy bien. Por unos 70 $ la doble con aire acondicionado, mosquiteras y ventilador, vistas al Kili, desayuno anglosajón incluido, con piscina, limpio y a las afueras del pueblo (unos 600m) que le daban la localización perfecta, ni el bullicio del pueblo y a un paseito para buscar lo que uno quiera.
Ya he dicho antes que el Keys hotel ofrecía una coqueta piscina con un jardín muy cuidado que fueron bien aprovechadas por Marga, Pablo y Hugo. Este hotel también ofrecía rutas de escalada y dejaba alojar en el a gente que fuera hacer la ruta con otras agencias. Este detalle es importante ya que hay buenos hoteles en Moshi que solo te dejan reservar con ellos si haces una reserva previa de escalada o safari, como por ejemplo el Springfield hotel de la agencia Zara tours.

El Keys hotel también ofrecía una especie de casas-choza muy coquetas a un mejor precio que las habitaciones con aire acondicionado. Al final nosotros solo hicimos uso de los ventiladores de techo para disuadir a los mosquitos aunque como he dicho todas las camas tienen mosquiteras.
El ambiente del hotel es totalmente internacional, canadienses, americanos, noruegos…
En fin, buen hotel, buena comida y buen trato.

Nosotros rechazamos el hotel que nos ofreció Bobbytours en Arusha, preferimos el Keys hotel de Moshi por su situación , tranquilidad y el detalle de que para nosotros no solo era un hotel de paso, sino que representaba parte de la ruta de ocio de Marga, Pablo y Hugo. Sin embargo nos quedamos con Bobbytours para la organización de la “escalada” al Kili y para nuestro posterior safari por los principales Parques Nacionales de Tanzania.



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ASCENSIÓN AL KILIMANJARO UMBWE ROUTE-CLIMB KILIMANJARO

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El Kilimanjaro es una montaña cubierta de nieve de 5895 metros de altura, y dicen que es la más alta de África. Su nombre es, en masai, «Ngáje Ngái», «la Casa de Dios». Cerca de la cima se encuentra el esqueleto seco y helado de un leopardo, y nadie ha podido explicarse nunca qué estaba buscando el leopardo por aquellas alturas”.
Ernest Hemingway
Con este epígrafe comienza el famoso cuento del escritor americano “Las nieves del Kilimanjaro”
















Cantar mil maravillas de Tanzania y su preciosa “insula” de Zanzíbar puedo, de su esplendorosa y sobrecogedora naturaleza, de cómo atrapa el mal de África poco a poco y como se echa de menos cuando no se está allí. Pero hay también un imán que atrae desde muchos kilómetros de distancia, una referencia visual que aparece en cualquier momento, al amanecer, por la tarde, al medio día entre las nubes, al torcer una esquina entre pequeñas casas, detrás de una manada de elefantes. El Kilimanjaro “te mira”, inmenso, precioso, monstruoso visto desde la sabana, suave su contorno, blanca su corona.
Las sensaciones tan fuertes que esta montaña, este tótem de África, transmite en el espíritu de cualquiera que se acerque a su sombra, no pasan prestas, si no que permanecen perennes en el recuerdo y en el alma.
El Kilimanjaro es la montaña más alta de África (5895m) y la décima del mundo, un volcán fascinante por encontrarse solo en medio de la sabana africana, como una maravillosa anomalía de la naturaleza. Una montaña que comienza su ascenso con un denso bosque tropical con helechos gigantes coetáneos de los dinosaurios, terminando su cumbre con un clima polar ártico de nieves, hielos y glaciares azules y blancos, que atraviesa paisajes de mundos perdidos a 4000 metros, Shangri-La africano con gigantes senecias encantadas, salidas de un antiguo cuento.
gtrevice




De las diferentes rutas que hay para subir al Kilimanjaro, la más común es la Marangu o ruta de la Coca Cola. Llamada así por ser la más concurrida y en principio más cómoda, ya que se duerme en cabañas y los cocineros pueden preparar sus comidas en ellas, también hay gente que vende botellas de agua mineral y baños en cada campamento.
Nosotros rechazamos desde el primer momento esta ruta, seguramente tuviera grandes atractivos también, y siempre es respetable e lo que elige cada uno. Pero a mi hijo Miguel y a mi nos apetecía vivir la magia de esta montaña de la mejor manera posible.
Elegimos una ruta que nos permitiera dormir en tienda de campaña, con poca gente y con unas vistas al Kili increíbles desde el primer día de ataque al mismo, pero a su vez una de las rutas más exigentes: Umbwe route
Mis tiempos de Maratoniano de 2h20m quedaban lejos, y aunque a mis actuales 44 años sigo practicando deportes con asiduidad, no deberíamos de descuidar la preparación. En cuanto a mi hijo Miguel de 14 años (a cinco días para 15) estaba fuerte como un toro y con una resistencia a prueba de bomba, no tan buena como la mía, pero con una calidad muscular muy superior, como es lógico a su edad.
Para ello lo más importante fue la buena planificación, entrenamiento específico y el adecuado material, sobre todo unos muy buenos sacos de dormir, ya que las noches son bastante frías sobre todo la última, donde se empieza a subir de noche y a una temperatura de -12º C, y termina bajando hasta un rango que oscila entre los
-15º a -21ºC.
La ruta más aconsejable para coronar con éxito el Kili es la Machame durante unos 6 o 7 días, ya que te permite un mayor tiempo para adaptarse a la altura, y la progresión en la subida es más paulatina. También la ruta Machame ofrece vistas extraordinarias del Kili, de hecho Umbwe route y Machame se unen en Barranco Hut, y a partir de aquí el recorrido es el mismo.
Nuestro problema es que solo teníamos 5 días para la ascensión al Kili. El 1 de julio llegamos a Moshi a primeras horas de la tarde y del 2 al 6 (5 días) deberíamos subir y bajar, ya que el siete nos íbamos los cinco de safari.
Cinco días es muy poco tiempo para subir al Kili, incluso por la ruta Marangu aconsejan un mínimo de un día más de aclimatación a 4000 metros.
Nosotros además iríamos por la ruta más exigente: Umbwe route.
El motivo por el que elegimos esta ruta teniendo pocos días para subir al Kili, fue una de las particularidades de Umbwe route, particularidad que puede venir bien a los que estén bien preparados físicamente, pero que están expuestos igualmente al mal de altura por el poco tiempo disponible para subir. Se trata de que en esta ruta se puede estar hasta 36 horas entre una altura de 3900 a 4600m de altura, lo que da una oportunidad de aclimatación activa a los que han elegido esta camino.
Se empieza la primera jornada de esta ruta en Umbwe Gate (entrada) 1800 m hasta Umbwe Caves 2900 m. La segunda jornada transcurre de Umbwe Caves a Barranco Hut 3900 m, este segundo día desayuno a las 7:30h y salida a Barranco Hut a las 8h. Nosotros disciplinados a las 8 ya estábamos listos con todas las pertenencias recogidas, sacos, aislantes, ropa, mochilas, linternas…
Salimos a las 8h y como nuestro ritmo era bueno, llegamos a las 12:30 (4:30h) a Barranco Hut sin forzar y con una frecuencia cardiaca moderada.
La tercera etapa discurría entre Barranco Hut a Barafu Hut 4600 m, salimos a las 8 y llegamos a la 1h ( 5 h) del 3º día. Nos quedaría solo la última etapa normalmente a las 11:30 de esa noche saldríamos para llegar al amanecer, nosotros saldríamos a las 12:30 para ajustar nuestro ritmo a la llegada, de lo contrario llegaríamos de noche y tendríamos que esperar al amanecer.
Desde que llegamos a Barranco Hut a las 12:30h PM del 3 de julio hasta que salimos de Barafu Hut para ascender a la cima la última noche a las 12:30AM del 5 de julio, trascurrieron 36 horas. Lo que implica que estuvimos entre los 3900m y 4600m 36 horas, o lo que es lo mismo subimos 350m cada 18 horas, que es un ritmo de subida suave en esta zona crítica. Esto es posible porque la 3º jornada desde Barranco Hut a Barafu Hut es una etapa de llaneo relativo (MIRAR GRÁFICO), de hecho las primeras 23h solo se suben 200m hasta Karanga Valley(4100m), campamento a mitad de camino entre Barranco Hut (3900) y Barafu Hut(4600) y donde nos hubiéramos quedado un día de aclimatación si hubiéramos tenido tiempo .
Luego teniendo buena forma física, este camino compensa para 5 días si se aprovecha bien esa etapa de llaneo, eso si larguísima pero mejor que la pendiente perpetua de Marangu route.
De todas formas 5 días es muy poco tiempo y no es recomendable, no hay que olvidar que subimos a 5895m en muy pocos días. Siempre es mejor subir en 6 u 7 días.














PLANIFICACIÓN Y ENTRENAMIENTO ESPECÍFICO PARA SUBIR AL KILI



Nosotros nos habíamos aprovisionado de buen equipo, preparando cada mínimo detalle, incluyendo parametros de alimentación adecuada antes y durante la subida, y aunque la comida era suministrada por los porteadores siempre es bueno llevar ciertas alternativas y refuerzos a la dieta proporcionada por el cocinero. Al final la comida resulto ser bastante buena, generosa en cantidad y en calidad, y lo más importante, adecuada al tipo de actividad. Se incluía en la dieta gran cantidad de hidratos de carbono, amen de la adecuada cantidad proteica y de fruta. Aun así nosotros llevábamos unas 60 barritas energéticas para los trayectos de travesía y para cubrirnos las espaldas por si la comida no fuera suficiente, que si lo fue. De todas formas aunque nos sobraron barritas siempre fueron bien recibidas por todos los componentes del grupo. También llevábamos dos bandejas de dátiles que comimos 7 horas antes de la noche de subida. Los dátiles junto con los orejones son la mayor fuente energética de la naturaleza. Obligatorio para todo aquel maratoniano que se precie antes de la competición para reforzar la dieta de los hidratos de carbono.
Todo esto sin olvidar la constante, meticulosa y obstinada ingesta de líquidos hasta salir por las orejas si fuese necesario. Deshidratación = perdida de liquidos = disminución de plasma sanguíneo ( parte no sólida de la sangre ) = mayor densidad de la sangre = mayor esfuerzo cardiaco para mover la misma cantidad de sangre (menor eficiencia del corazón con los mismos latidos)= mayor frecuencia cardiaca para llevar oxigeno a los tejidos (musculos)= para el mismo trabajo en igualdad de condiciones, mayor frecuencia cardiaca para el deshidratado o mininimamente deshidratado, mayor recalentamiento muscular, mayor demanda urgente de liquido, mayor exposición a mal de altura.
El agua si es posible con alguna bebida isotonica muy diluida para mejor absorción del organismo por afinidad con la sangre (sales, azucares…)

Como último detalle diré que el mal de altura aparece entre otros factores por la hipoxia o falta de oxigeno. Si uno se encuentra deshidratado en la montaña se provoca una pequeña hipoxia añadida, porque cuando el cuerpo tiene deficiencia de líquidos también está más cansado recalentado y asfixiado entre otras cosas. Hay más hipoxias añadidas a la montaña bajo mi punto de vista aparte de la deshidratación: la mala forma física para el reto propuesto. Cuando uno corre o hace ejercicio se entra en una hipoxia provocada que hace al organismo fabricar más glóbulos rojos (que transportan el oxigeno) para adaptarse a esta circunstancia. En realidad es el primer principio del entrenamiento, se mejora porque el cuerpo se adapta aumentando la tasa de hematocrito. Si una persona tiene baja forma física, lo que para uno es fácil y no requiere esfuerzo para otro puede ponerle al límite: ando a 6 km hora subiendo una montaña con 130 pulsaciones por minuto, al lado otra persona que a ese mismo ritmo e incluso más despacio va 170 pulsaciones por minuto. Como vemos esta segunda persona ya entra en una primera hipoxia por falta de recursos físicos, que añadida a la hipoxia por falta de oxigeno que da la montaña por la menor presión atmosférica da como resultado una mayor posibilidad de que afecte el mal de altura. Aunque la buena forma física de una persona no te exime del mal de altura cuanto mayor consumo de oxigeno tiene una persona más tarde la posibilidad de que te afecte. El consumo de oxigeno se aumenta haciendo trabajo aeróbico como carrera continua , natación, ciclismo o andar por el monte… Está claro que para una persona que es capaz de correr sin problemas de 15 a 17 km hora, andar a 5 o 6 km hora es un paseo. Cuanto mayor margen entre nuestra capacidad máxima y nuestro reto más posibilidades de conseguirlo, así que a entrenar. Un entrenamiento mínimo muy adecuado para la montaña (tres o 4 días a la semana) es intercalar días de marchas largas subiendo monte como entrenamiento específico, con carrera continua a ritmos claramente superiores, carrera continua en exclusiva de entre 30 minutos hasta donde uno pueda y quiera, o carrera continua de unos 30 a 40 o 50 minutos continuando el resto a pie hasta las 2h o 2h30. Nosotros entrenábamos juntos tres días a la semana, uno de montaña los fines de semana, otro de 40 minutos corriendo a ritmo medio y otro de 2h 30 de carrera y marcha. Era el tiempo que podía sacar de mi hijo Miguel, por aquella época en exámenes.
Un último detalle, la semana antes de subir al Kilimanjaro estuvimos viviendo en cotas comprendidas entre los 2000 y 2500 de altura. Esto nos facilito algo de adelanto para la aclimatación a la altura.
En definitiva subir al Kilimanjaro no requiere un gran entrenamiento, incluso con poca condición física se puede subir a ritmos muy suaves y con 7 u 8 días. Para nosotros que solo teníamos 5 días que luego se convirtieron en 4, nuestro entrenamiento fue lo suficientemente duro como para que la mayor parte de subida al Kili se nos hiciera cómoda. Aparte yo respondía por mi hijo Miguel, no me iba a exponer a que pasara el más mínimo contratiempo. Así que el subió el Kili con 14 años, pero como un margen de tranquilidad y comodidad absoluto..

En resumen para afrontar la subida del Kili con la mayor garantía de éxito posible, se debería subir en 6 o mejor 7 u 8 días para dar tiempo al organismo a que haga los ajustes pertinentes para adaptarse a la altura. Beber mucha agua para estar siempre bien hidratado, llevar material adecuado para la actividad y tener una mínima preparación física específica.
Leer más:



UMBWE ROUTE EN 4 DIAS


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A las 10 de la mañana llego al Keys hotel de Moshi el todo terreno que nos subiría a la Umbwe gate a 1900 m de altura, donde comienza nuestra subida a la cima.
Marga, Pablo y Hugo nos despidieron con unos besos. Marga me dijo: “cuida de Miguel”, frase que tenía un sentido amplio que los dos entendíamos.
Todas las rutas comienzan a una altura de unos 1900 m en las diferentes puertas (gate) que corresponden a cada ruta.
Estas puertas son el límite motorizado del Kili, desde aquí a la cima todavía nos quedaban 33 km.
Pero para llegar a Umbwe gate el todoterreno se adentró en una pista de fértil tierra naranja del Kili de unos 15 kilometros. A cada lado de esta pista en constante subida iba apareciendo la vida en las laderas de la montaña, niños jugando en un campo de café, madres cultivando con sus hijos a la espalda, viejecillas cargadas de montones de leña, 7 niños tumbados bajo los plataneros, chozas de madera con ropa tendida, 30 niños jugando un partido de fútbol en pleno bosque tropical, vestidos rojos, verdes y amarillos vistiendo a mujeres guapísimas con cestos en la cabeza, carnes de ganado colgadas de los quicios de la puerta, alfombras de maíz secándose al sol de 40 metros cuadrados por 30 cm de altura, y sobre ellas tres niños pequeños tumbados, abiertas las piernas y brazos mirando al cielo; cinco vacas chepudas guiadas por una niña de 5 años de vestido escarlata y cinta en el pelo azul cielo.
10000 fotos de 10000 colores esperaban ser recogidas y tomadas por esta pista recta e interminable
. Cualquiera de las pistas que conduce a cualquier entrada (gate) a una ruta es una explosión de vida y color como pude comprobar en la bajada por Mweca gate, vi más en esa media hora de trayecto que en muchos días en Tanzania. Muchísima gente viviendo de la parte cultivable del Kilimanjaro antes de llegar al bosque húmedo. En otras condiciones no hubiera dudado de decirle al conductor que hubiera parado dos, tres o siete veces. Pero allí estábamos dirigiéndonos a la aventura más apasionante, cinco nativos, mi hijo Miguel y el que escribe cargados hasta las cejas, y no era el momento, y aunque pensé que ya tendría otro momento de retratar esta dependencia del Kili de “las gentes de la montaña”, no tuve a posteriori oportunidad de hacerlo. En fin, estas son algunas de las fotos mentales que siempre se escapan en cada viaje.

Normalmente uno va con el guía y asistente de guía y el cocinero a la misma puerta, que pueden ser Marangu o Machame gate que son las más frecuentes Allí en las propias “puertas” o entradas de ruta es donde se escogen a los porteadores que nos acompañaran entre los muchos que hay. Pero en esta ocasión cuando el coche llego al Keys hotel, ya traía a los porteadores seleccionados. Cuando llegamos a Umbwe gate vimos porqué.
En esta puerta donde se ultimaban los preparativos de la salida, solo estábamos los porteadores, guías, y nosotros dos (mi hijo Miguel y yo), nadie más en esta entrada de ruta. De hecho los dos primeros días no vimos a nadie más en esta ruta.
En esta puerta se rellenan unos formularios con datos personales, para ello hay que llevar fotocopia de pasaporte. Estos formularios y otros que se rellenan en la puerta de salida (Mweca gate) al terminar, sirven entre otras cosas para que te den el diploma acreditativo de haber subido al Kili.
En las puertas o entradas a la ruta había construcciones con servicios y unos encargados de los aspectos burocráticos de cada ruta.
En estas puntos se vigilaba y se pesaban los kilos que un porteador puede llevar, como máximo 25 kilos entre la mochila grande del “escalador” que no debe pasar de 15 kilos y las propias pertenencias del porteador a parte de alimentos generales, bombonas…
Ya dedicaré un capitulo especial a estos increíbles hombres, para mi los verdaderos reyes de la montaña.
Entre las muchas cosas que transportaban había grandes sacos de comida, una bombona con la mitad de altura que una de las bombonas naranjas típicas españolas pero con mayor anchura o diámetro. La verdad es que los pobres porteadores van cargados como burros.

Nuestro guía se llamaba Nuru y resulto ser muy competente y agradable, el asistente de guía se llamaba Nusmun y era parco en palabras, pero siempre que le necesitamos estuvo allí amable y silencioso.
Todos los días empezábamos a caminar con Nuru después del desayuno y luego llegaban los porteadores, cocinero y asistente de guía cargados hasta las cejas.

Nuestro guía Nuru empezó a andar desde Umbwe route y nosotros con el, primero suavemente y luego con un paso más ligero. Miguel y yo entusiasmados de poder empezar al fin nuestra aventura en el majestuoso Kilimanjaro.
Según íbamos andando observábamos asombrados el tupido bosque húmedo o rainforest, densísimo de vegetación tropical, apenas visible e cielo y con tramos de niebla suave.
Grandes árboles de troncos monstruosos se apostaban a lo largo del camino, lianas retorcidas colgaban desde las alturas en los primeros kilómetros, a partir del 3º km la pendiente comenzaba a acentuarse y el camino se convierte en un sendero, a ambos lados de este iban apareciendo helechos de tamaños gigantes, con origen en el periodo Carbonífero de la era Primaria, hace más de 200 millones de años, contemporáneos de los dinosaurios.
Nuru nos enseña algunos monos blancos y negros en lo más alto de los árboles llamados mono Colobus.
Parábamos de vez en cuando para beber agua apenas un minuto. También hicimos una parada de unos 15 minutos para tomar el almuerzo que nos habían entregado en bolsas en Umbwe route. Nuru aprovecha para llamar por teléfono a los porteadores para ver a que distancia nos siguen.
A las 3 horas de marcha vemos a una mujer que baja, cruza unas palabras en swahili con Nuru, este nos cuenta que baja a por 25 litros de agua para llevársela a unos turistas acampados.
Hay que decir que por Umbwe route, el primer día de acampada y parte del segundo no hay agua disponible, por lo que hay que llevarse agua suficiente para este primer día. Nosotros llevábamos nuestras mochilas pequeñas con 6 litros de agua en total, 2 Miguel y 4 yo. Al final nos sobro agua pero por si acaso…
Desde Umbwe route (1800) hasta Barranco Hut (3900) pasando noche en Umbwe Caves, no se tenía acceso a agua, teniendo en cuenta que a Barranco Hut se llega a mediodía del día siguiente, había que aprovisionarse de agua para unas 28 horas.
Miguel, Nuru y yo llegamos muy descansados a este primer campamento (Umbwe caves), a la media hora de llegar llegaron los porteadores, cocinero y asistente de guía. Mientras montaban la tienda Miguel se dedico a subir a unos troncos de árboles plagados de líquenes que trepaban rodeando todo el tronco. Estuvimos un buen rato explorando nuestro primer asentamiento, muy protegido por la densidad de la vegetación.
Enseguida empezó a caer el sol y bajó bastante la temperatura, por o que nos pusimos los plumas. Nusmun, el asistente de guía, nos preparo enseguida un te con palomitas, todo bien colocado en una especie de mantel. Todos los días nos anunciaba el te time u hora del te, que consistía en te o café con palomitas o cacahuetes y unas tostadas con mermelada y mantequilla. Normalmente el te time se separaba de la cena unas 2 o 3 horas, pero dado que la noche estaba al caer, enseguida apareció Nusmun con la cena, una bandeja grandísima llena de arroz blanco hasta arriba con unos cuencos de verdura y salsa al estilo swahili que le daban un gran sabor y otros llenos de carne estofada que a nosotros después e todo el día andando nos pareció a gloria. Para finalizar una bandeja de fruta con sandia, piña y trozos de limón que por aquí se come como una fruta más acompañado todo con más te, leche o café a nuestra disposición.
La cena solíamos hacerla de 5 a 5:30 de a tarde ya que al estar tan cerca Tanzania del Ecuador, amanecía sobre las 6:30 AM y anochecía a las 6:30 PM .
Dormimos esta primera noche muy a gusto, Miguel cayó en seguida y yo estuve un buen rato pensando en todo o que habíamos vivido y me costó un poco más dormirme, sobre todo con el soniquete de ciertas aves que se dedicaban “cantar”, bueno en realidad era una especie de chirrido con poco arte.


UMBWE CAVER (2900 M) BARRANCO HUT (3900 M)

A las 8 de la mañana, ya desayunados y habiendo recogido y guardado todo el material salimos hacia el segundo campamento, Barranco Hut. Este segundo día la pendiente de la subida fue muchísimo más pronunciada, con senderos de tierra y rocosos que de vez en cuando asomaban a gargantas y desfiladeros de gran altura que caían hacia el rió Lonzo si se asomaban a la izquierda y al río Umbwe si la caída era a derecha, estos ríos no se llegaban a ver a esta altura de la ruta por encontrarse muy, muy abajo, pero si era posible oír su rugido cuando te asomabas a las gargantas.
El ecosistema iba cambiando poco a poco, y paso de ser un bosque húmedo y tropical a un típico de alta montaña. Aparecieron las primeras senecias gigantes, todavía no tanto, y las primeras lovelias igualmente grandes. Pero sobre todo el horizonte se abrió ante nuestros ojos, la parte alta de kilimanjaro se dejaba ver con toda su belleza, esta segunda jornada se hizo muy amena porque en todo momento veíamos unas vistas impresionantes de Kili.
A las 12:30 AM llegamos a Barranco Hut, para mi el campamento más bonito con diferencia de esta ruta, justo a los pies del Kili en su cara sur, con vistas increíbles a su cima, al Barranco Hut y a la caída de rió Umbwe hacia e este, rodeado de senecias gigantes por todos lados y con una extensión de grandísima planicie que liberaba el espacio visual, acrecentando la sensación de calma.
Cuando llegamos a Barranco Hut a las 12:30 del medio día no había nadie, los que habían dormido la noche anterior ya habían partido y los que durmieran esa noche aquí estaban por llegar, un guardia de refugio que había en Barranco Hut nos dijo que ese día se esperaban unas 70 personas llegadas de la ruta de Machame, ya he dicho antes que en este campamento se unían las dos rutas hasta la cima. Nuestro periplo solitario de dos días por Umbwe route se acababa y a partir de ahora veríamos más compañeros de aventuras de diferentes nacionalidades.
Esa noche antes de dormir tuve mis primeros síntomas de mal de altura, aunque ligeros fueron muy molestos y ya me acompañaron durante el resto de la subida apareciendo y desapareciendo intermitentemente. Los síntomas consistían en nauseas, según las tablas para el test de M.A.M estaba en un nivel bajo ( en el 1º nivel), pero para mi resultaba muy molesto y hubiera preferido cualquier otro síntoma, como un cefalea, ya que as nauseas me impedían hidratarme y comer en condiciones.

A verdad es que yo tuve mucha culpa en tener estos síntomas. Nuru, nuestro guía, nos había dicho al llegar alas 12:30 del mediodía a Barranco Hut que nos tumbáramos a descansar durante todo el día. Pero en vez de eso estuvimos haciendo un recorrido bastante amplio para reconocer todos los grupos de senecias gigantes que a Miguel y a mi nos tenían fascinados. Después de este recorrido Miguel se tumbo en la tienda y se durmió un par de horas, yo mientras seguí explorando senecias, lobelias, cuervos gigantes, barrancos, precipicios y por supuesto sacando fotos de cualquier paisaje , planta, pájaro, lagartos, porteador, bicho grande o pequeño, libélulas azules y rojas…
Incluso después de cenar a eso de las 5:30 de la tarde todavía salí de nuevo a explorar el mirador sensacional que hay junto al Barranco y que extiende la mirada varios kilómetros abajo, contemplándose entre los huecos de las nubes como se pierde el río Umbwe serpenteante entre la maraña verde que le rodea.
Mientras solo se veían tiendas y algún porteador que otro. Los demás “escaladores” descansaban para las jornadas duras que todavía quedaban. Pero para mi esto no era posible. ¿Cómo iba a dejar de explorar cada rincón de esta maravillosa montaña, de contemplar una vez más sus cielos limpios cambiándose de azul a rosa, a naranja, a rojo profundo. De ver los últimos rayos del sol que ya solo se atrevían a acariciar la cima del Kili naranja y nata.
Todavía a las 7:30 PM, noche ya cerrada, salí de la tienda ya con Miguel medio dormido y me plante con la cámara y el mini trípode en el suelo mirando al Kili, intenté hacer unas 5 o 6 fotos en modo “B”, con exposiciones de 1 o 2 minutos, para plasmar la montaña con el cielo estrellado. Pero no era buen día puesto que al ser luna nueva ( no hay nada de una) no se veía casi nada de Kili, y sin embargo la Vía Láctea casi se podía tocar de limpia y cerca que parecía la atmósfera.
Así que hubiera necesitado unos tiempos de exposiciones bastante mayores para mis propósitos. Esos 15 minutos al fresco casi me dejan tieso de frió porque salí solo con un forro, por lo que tuve que meterme con urgencia al saco.
En fin, todos estos excesos de andares, fotos, observación, emoción y más fotos hicieron que esa noche me acostara con nauseas, varias veces me desperté con las mismas sensaciones durante la noche maldiciendo el mareo. Más tarde Miguel contaría con sorna a su madre que su padre hablaba solo por la noche. La verdad es que me daba cierta envidia de mi hijo Miguel, nada más acostarse se quedaba dormido, dormía de un tirón, apenas se abrigaba dentro de saco porque tenía calor, la montaña estaba ahí, pero el era inmune a ella.
























BARRANCO HUT (3900M) BARAFU HUT (4600M)




Cuando despertamos para realizar esta etapa, las nauseas seguían molestándome, y solo e hecho de guardar todas las cosas en la mochila, recogida de sacos, aislante y demás me acentuaba las nauseas.
Después de desayunar, casi obligándome a comer algo, salimos con Nuru a las 8 de la mañana para afrontar el gran Barranco de 400m de altura, un buen aperitivo para comenzar la etapa. Cuando empezamos a subirlo solo un grupo de 4 holandeses subía ya a mitad de barranco, las demás personas que había en Barranco Hut todavía dormían. Después de 40 minutos llegamos a la parte alta de barranco un poco antes que los holandeses, que parecían algo cansados. Nuru nos explicaba con cierta inocencia, que como no hay montañas en Holanda les costaba más subir.
Había leído en muchos sitios que este barranco casi había que subirlo a 4 patas, y aunque no deja de ser una gran pared de pendiente brutal, tampoco hay que exagerar. El 95% de la subida se hace andando, eso si por escarpadas rocas, y el otro 5% necesita algún apoyo de manos que otro, pero el nivel de dificultad es pequeño en cuanto a técnica se refiere. En cuanto a la parte física es otra cantar, ya que a 4000 m de altura esta pendiente es muy fuerte. Suele tener un tiempo estimativo de subida de 1 hora.
Yo empecé la subida con sensaciones de mareo, pero a los 15 minutos el aire fresco hizo que desaparecieran por completo todos los síntomas.
El recorrido una vez pasado el barranco no dejaba de subir y bajar todo el rato, intercalado con trechos llanos. El paisaje había cambiado por completo volviéndose árido y sin apenas vegetación. Llegamos a Karanga Valley (4100m) a mitad de camino de Barafu Hut y aprovechamos para comer, en este último campamento estaba siendo desmantelado de tiendas por los porteadores que quedaban y ya habían partido los guías con los correspondientes turistas. Era un campamento feo y pelado sin apenas vegetación y poco protegido ,nada que ver con el encanto de Barranco Hut, los cuervos gigantes revoloteaban y caían en picado sobre los restos de comida. Miguel comento que menos mal que no dormíamos en este campamento, que por cierto era el último punto de agua, ya que en Barafu Hut no había.
Ya he comentado en una entrada anterior la importancia de esta etapa como día de aclimatación activa, por salir de Barranco Hut 3900 m (habiendo llegado a las 12:30 del medio día del día anterior) y llegar a Barau Hut 4600 m (permaneciendo en aquí hasta las 12:30 de la noche), lo que permite subir 700m en 36 horas o 350 cada 18horas.
Como vemos es una etapa llana pero larguísima, estimada en unas 6:30 y 7:30 horas, nosotros la hicimos en 5 horas y sin forzar. Habíamos tenido eso si, que ponernos los plumas ya que en la última parte el tiempo había cambiado, nublándose y cayendo una pequeña granizada.
Cuando nos quedaban unos 800 m para llegar a nuestro último campamento vimos un grupo de unos 12 alemanes de mediana edad ( como yo) que iban andando en perfecta fila india de ingeniería alemana, todos con sus bastones y todos a 30 cm de distancia del anterior, prácticamente ponían la pierna derecha a la vez y la izda. a continuación, Miguel y yo nos miramos extasiados ante espectáculo tan increíble, Nuru les adelantó por la derecha y ellos nos miraron porque a su lado parecíamos un tren, y no es que nosotros fuéramos muy rápidos, sino que ellos parecían que en vez de estar a 4500m estaban a 8000. Uno de ellos en perfecto español nos pregunto de que parte de España éramos y así entablamos una pequeña conversación, mientras les superábamos nos felicitó por el resultado de la selección española en el europeo y yo les di el pésame por haberes ganado en la final, a lo que siguió una carcajada general cuando el alemán tradujo a los demás. Curiosamente estos alemanes nos los cruzaríamos en nuestra bajada de la cima, siendo los protagonistas de una de las mejores fotos que hice arriba, Una fila sobre la nieve perfectamente alemana.
Cuando llegamos a Barafu Hut vimos que apenas había sitio para poner la tienda, ya que al ser el último campamento de la ruta Umbwe y Machame estaba hasta arriba de tiendas de los recién llegados y de los que todavía no habían partido hacía abajo. Nuru después de hablar con otros guías logro que le”reservaran” unos espacios de unas tiendas que estaban pendientes de desmontarse. Necesitábamos dos huecos uno para nuestra tienda y otro para la de los guías y porteadores.



Barafu Hut era un caos de tiendas hacinadas buscándose un hueco para el asalto final. Al Oeste se intuía el Kili, ya que estaba nublado, al Norte una gran morrena daba paso a un grandísimo desfiladero.
Cuando llegamos a Barafu estaba nevando y los porteadores con las tiendas todavía no habían llegado, así que Nuru consiguió que nos cedieran una mega tienda de organización general de otra compañía mientras llegaban los nuestros. Aprovechamos la espera para comernos las dos bandejas de dátiles (superenergéticos) que teníamos.
A poco tiempo llegaron y montaron las tiendas. De nuevo ya en reposo y sacando las cosas de la mochila volví a tener nauseas, todo lo que me sacara de la verticalidad me las provocaba.
Me obligue a tomar tres tazas de te durante el te time, ya que ese día no había bebido tanto como los anteriores por culpa de las dichosas nauseas. Tampoco comí demasiado a la hora de cenar, y me dije: bueno puede que esta noche cuando salgamos hacia la cima me encuentre más débil que otros días por estar menos hidratado y alimentado, pero ya quedaba poco y había que tirar para delante.
Nuru repaso nuestra equipación, pasamontañas, guantes, pantalones de alta montaña, gorros, frontales. Aproveche para recordarle a Nuru lo de la hora de partida hacia la cima. Yo le había pedido que calculara nuestro tiempo de llegada a la cima, para llegar justo a la salida del sol. No queríamos hacer cima de noche, como algunos, y tenernos que bajar sin ver el sol en la cima, porque mientras esperas a que salga te hielas. Ni tampoco llegar tarde con a nieve de la cima banda y dificultando e paso. Nuru nos dijo que podríamos salir a as 12:30 en vez de a las 11 o 11:30 y que llegaríamos arriba sobre las 6 AM a la cima.
Después adoptó un tono más grave y nos dijo que a la hora de salir estaríamos entre -12º C a -15º C y que haría mucho frío, incluso en la cima podríamos tener -21º C, algo que ya sabíamos pero que en aquellos momentos no nos dejo de impresionar.




MATERIAL
Esa noche preparamos nuestro equipo a conciencia durante una hora, dejándolo repartido a los lados de los sacos. Que si dos pares de calcetines, unos ligeros y los gruesos de alta montaña, las mallas de invierno de atletismo, Miguel malla y pantalón térmico encima, yo encima de de la malla un chándal, y encima de todo esto llevábamos los pantalones de gore-tex transpirable e impermeables que llegaban hasta el ombligo y tenían tirantes.
Para la parte superior tres camisetas hidrófugas, dos cortas y una de manga larga. Encima de estas un polo de manga larga de atletismo, especial para el invierno, muy caliente, y dos forros polares, uno ligero y otro grueso. Por último el gore-tex de dos capas. Este en principio era de tres capas, dos de la capa impermeable exterior y una adherida en la parte interior de un forro desmontable. Este forro lo dejamos en España, puesto que probándolo un día en Peñalara a -2º C nos empapamos de sudor porqué la relación calor evacuación no era la correcta, terminando empapados porqué estas tres capas no permitían una transpiración suficiente. Así que nos llevamos solo la parte exterior (dos capas), y encima un plumas, y aunque dudamos en llevarlos esa noche, Nuru nos dijo que los lleváramos. Luego nos vinieron muy bien.
Teníamos unos guantes buenísimos, quizá lo mejor de nuestra equipación como ya habíamos podido comprobar, estos y los sacos eran lo mejor de nuestros útiles de montaña, estos guantes resultaron ser calientísimos y sobrepasaban 15 cm. la muñeca, además de tener un cierre contra viento. Debajo de estos guantes llevábamos el medio “guante” de la manga del polo de atletismo, por lo que no nos pusimos debajo unos guantes finos de algodón.
Para la cabeza unos pasamontañas finos de poliamida y elastán, Miguel se pondría si hiciera falta otro de forro polar encima, y yo llevaba encima del fino un gorro de forro polar. Encima de estos la capucha de gore-tex integrada en la prenda de dos capas del mismo tejido
como cortavientos. Nuestras botas resultaron ser bastante calientes también.
Después de colocar todo esto, intentamos dormirnos alrededor de las 7:30 de la tarde, noche cerrada ya. Miguel, como siempre, en dos minutos estaba dormido, yo después de preparar lo mío y lo suyo tenía bastantes nauseas, decidí ignorarlas pero a los 10 minutos de estar acostado empecé a tener bastante frío. Mi déficit de hidratación y alimentación debido las nauseas empezaban a asomarse en forma de ligera hipotermia. Pero no podía permitirme estar unos horas perdiendo calor con lo que me esperaba, así que decidí ponerme la mitad de la ropa que más tarde llevaría y beber tres buches de agua helada que me helaron más y me provocaron más nauseas. Después de unos minutos al meterme en el saco con toda esa ropa, entre en calor y medio dormí bastante bien.

















BARAFU HUT- UHURU PEAK

Uhuru Peak (pico de la libertad), así llaman los nativos a la cima del Kilimanjaro.

A las 11:30 de la noche sonó el reloj después de lo que para mi había sido un duerme vela. Nusmun nos trajo te caliente con galletas, después fuimos vistiéndonos poco a poco, comprobando los frontales y preparando la mochila que llevaría con 2 litros de agua y por su puesto mi cámara réflex con su objetivo polivalente ( un Kilo de cámara en total), también llevaba una compacta en un bolsillo interior y tres barritas energéticas.
En la última etapa hasta la cima se nos uniría Nusmun, el asistente de guía. Así que los 4 empezamos nuestra marcha a las 12:30 con nuestros frontales encendidos en una noche totalmente cerrada al ser luna nueva.
Ya a las 11 de la noche habíamos oído a la gente marchando montaña arriba, ahora era nuestro turno.
Cuando comenzamos nuestra subida mirando hacia el Kili, se veía una inmensa oscuridad solo rota por una fila interminable de luces de frontales que se perdían a diferentes alturas de esa mancha oscura. Miras hacia arriba y ves luces lejísimos, y miras más arriba y más alto y ves luces pequeñas perdiéndose con las estrellas de tan alto. Uno piensa ¿y todos estos han salido antes que nosotros?
Empezamos andar y poco a poco, metro a metro, fuimos atrapando a los últimos de esa larga cola. En principio yo solo llevaba puesto el pasamontañas ligero, y Miguel nada en la cabeza, aunque le insistí me dijo que no le hacía falta. Los plumas nos los quitamos, porque a pesar de estar a -12ºC llevábamos mucha ropa y apenas corría una brisa ligera que unido al calor generado por la marcha se hacía perfectamente soportable.
Seguimos adelantando gente, algunos iban más lentos otros a un ritmo un poco menor que el nuestro. Nuru se empeñaba en adelantar saliéndose de los estrechos y empinados senderos, donde la tierra no era tan firme, por lo que nos suponía un gasto de energía excesivo adelantar, le dije a Nuru que adelantara cuando hubiera sitio disponible, un poco para reservar nuestras fuerzas puesto que quedaba mucho. Miguel cuando adelantábamos iba todo altanero, como pavoneándose de su poderío, la verdad es que iba sobrado, estaba comido, bebido y sobre todo dormido como si lo hubiera hecho en su propia cama.
Además enseguida empezaron a aparecer roderas de hielo de un metro de altura a los lados del sendero. En cuanto a mi, aunque estaba bien cardiovascularmente y muscularmente, seguía preocupado puesto que las nauseas seguían mortificándome por momentos. No le dije nada a Miguel para no preocuparle y que siguiera con su moral de hierro.
Decido ignorar las nauseas y no mirar el reloj en toda la noche para no apremiarme con el paso del tiempo.
¡Horas a mi las que me echen!
Un efecto curioso de subir de noche y más si es noche cerrada, es el efecto túnel que se produce. No hay referencias visuales de la montaña, no ves lo que queda, ni si quiera la siguiente cota visual, tampoco ves lo que llevas aunque lo intuyes, solo ves dos metros de suelo iluminado por tu frontal por uno de ancho. Este efecto hace que las distancias parezcan mayores, ya que no vas viendo “pasar” el paisaje, las rocas, las nubes, las lomas sucesivas. Solo ves las piernas del de delante y tus pies, así casi 6 horas, a un ritmo suave que invita a dormirse, si no fuera por el frío.
En esta última etapa la pendiente es brutal todo el rato, esta es la verdadera subida, solo habíamos traído unos bastones y los usaba Miguel, aunque en esta última etapa solo los usó para bajar.
De vez en cuando una parada para coger aire apoyados en una roca. Nos ponemos los plumas puesto que según ascendemos el viento se hace más fuerte y hace más frío.
Suben muchos guías con el guía al frente cantando canciones swahili muy rítmicas y repetitivas, apropiadas para el tipo de actividad. Nuru no canta, pero nos pregunta que tal vamos y le contestamos que bien, yo disimulando no vaya ser que me mande para abajo con Nusmun. Todos beben agua yo no puedo con las nauseas, y parece que este “viaje de 6 horas va a ser así todo el rato.
Me mentalizo para convivir con las nauseas hasta el final, los minutos y las horas pasan y el sueño, el frío, las nauseas y la hipoxia me meten en unos pensamientos cíclicos sobre “lo mío”, en un sueño despierto o borrachera de las alturas:
Las nauseas ya no las ignoro, están conmigo, paso al pensamiento introspectivo igual que en mi mejores maratones, las nauseas están conmigo, “bueno ¿y que? , cuantas veces he echado la pota en alguna carrera y luego he seguido corriendo y sin poder parar el ritmo y con un umbral de dolor mayor que esto. Esto es un paseo, son solo nauseas, seguramente si vomito me sentiré mejor, pero no pienso perder líquidos… y seguramente después de vomitar siga con nauseas ya que al ser síntomas del mal de altura no se irán estas malditas nauseas.
Que bien va Miguel, se le ve fenomenal, menos mal que soy yo el que esta mareado y no el, que suerte. Seguimos adelantando gente pero tengo nauseas, ya llevamos mucho tiempo andando, los guías van cansados, Primero Nuru, luego Miguel y yo detrás observándole y cuidándole, detrás de mi Nusmun cuidándonos. Tienen caras de cansados, se ven luces por arriba, muy arriba, siempre se ven luces muy arriba, muy lejos, serán los que salieron a las 11 de la noche. Cuidado hay un tramo de hielo en e suelo con más hielo más alto a los lados, que bonito, hay que andar con cuidado, resbala Nuru pero pone mano al suelo, que despacio van estos dos japoneses un paso cada 15 segundos, van a llegar mañana, alguien grita 500m metros más arriba, me encuentro mejor, me bajo el pasamontañas y entra aire fresco, mejor, si mejor, los gritos son de esas luces pequeñitas que se ven muy arriba, llevamos mucho y se ven luces muy arriba, que bien ahora sentados en esta roca, se ven las estrellas tan cerca, todas, muchísimas. Cada vez sopla más el viento, Miguel lleva puestos los dos pasamontañas y la capucha del gore-tex, la cremallera del plumas cerrada hasta arriba, que frío si nos paramos, solo un poco, cada vez que paramos recuperamos el aliento, que carita de sueño tiene Miguel, como me pesa esta mochila con el camarón y los dos litros de agua dentro que yo no he probado. Que solos estamos ahora la gente está más dispersa, o muy por detrás o por delante. Me da igual lo que quede esto es un paseo y en cima se me pasan las nauseas. Toma ya, sin nauseas puedo bailar una jota aquí mismo. Cuanto tiempo andando, me voy a arriesgar a mirar el reloj, seguro que llevamos mucho, espero. Las 4:45 de la madrugada, Miguel las 4:45, me había preguntado tres horas antes y no se lo dije, solo nos queda una hora de oscuridad, me encuentro fenomenal, no nauseas, no problem.
-17º C, pero seguimos bien, muy bien, aunque Miguel lleva un paso más cansado, los brazos caídos, gesto típico suyo de cansancio, le toco con mi palma la espalda y luego la nuca, ¡ya estamos Miguel, ya estamos. Mi niño…

Por fin llegamos a Stella Point 5720 metros, la base del crater, el cielo en ese momento todavía negro, anuncia un pequeño claro por el este, solo nos queda bordear por la parte sur del cráter, van apareciendo a nuestra vista los glaciares del cráter: Southern, Northem, Eastern Icefield, Decken, Rebmann, Ratzel, Balletto..., todavía entre sombras.
A 150 metros de la cima
del punto más alto de África, vimos un grupo de unas 5 personas haciéndose fotos en el cartel anunciador de los 5895 metros, asomaba en ese preciso momento una línea de sol en el horizonte, por encima de un suelo de nubes infinito, este brazo de sol hizo que los glaciares resplandecieran como lámparas, gloriosos, majestuosos, azules como aguamarinas o naranjas topacio.
Miguel y yo aceleramos el paso para llegar antes, después de Stella Point el camino y la pendiente por senderos de nieve y hielo se hacía más fácil, pensé que Nuru y Nusmun nos dejaban tomar la cabeza por cortesía estudiada para que nosotros llegáramos primero, pero llegué a la conclusión de que ellos seguían al mismo ritmo y los que íbamos acelerados éramos nosotros por el entusiasmo de llegar. Después de todo para ellos sería una ascensión más.
Por fin llegamos y me emociono más por Miguel que por mí, y aunque tiene aspecto de cansado no se ha quejado ni un segundo. Nos abrazamos en la cima y contemplamos el espectáculo impresionante a nuestro alrededor, cielos que se proyectan hacia el infinito como una alfombra de nubes anaranjadas, y un cráter de una belleza sorprendente, ninguna foto puede hacer honor a lo que se ve en vivo. Saco la cámara reflex y le digo a Nuru que nos hagan una foto en la cima. Nos quitamos los plumas y el pasamontañas para la foto y con la euforia nos olvidamos del frío. Después cogí mi cámara y me dedique a sacar fotos de los glaciares, esperando que la hipoxia no mermara mis facultades para manejar la reflex. Después de los glaciares estuve sacando fotos del inmenso cráter de 6 km de diámetro. La temperatura seguía siendo muy baja, pero la salida del sol y el hecho de que no soplara apenas el viento hacia que fuera medianamente soportable.
Empezamos a bajar recreándonos de nuevo en los majestuosos glaciares y en el cráter, nos cruzamos con una pareja de japoneses con su guía, luego unos holandeses con su banderita correspondiente. Sigo haciendo fotos de Miguel con Nusmun o de Miguel frente a los glaciares, el no hace ninguna ya que nos hizo una a los dos guías y a mi quitándose los guantes para ello y se le ha helado una mano, por lo que prefiero que siga recuperando calor en a misma. Sigo haciendo fotos de los glaciares del cráter, de repente aparecen por el fondo del mismo tres hombres como tres hormigas que luego resultarían ser norteamericanos. Una foto más al grupo de 12 alemanes que nos encontramos en Barafu Hut, siguen con su fila perfectamente marcial hacia la cima, pero aquí entre los hielos luce más. Seguimos bajando y ahora nos encontramos de cara con el otro pico alto del Kili, el Mawenzi. Hay que comentar que e Kilimanjaro tiene tres picos por donde vertía lava cuando estaba en activo hace 750000 años: el Shira, el Mawenzi, y el Kibo ( este último es el mas alto y el central, la cima). El Mawenzi se erguía al trasluz adornado con una nube caprichosamente curvada en su pico.
Llegamos a Stella Point y empezamos a bajar la empinada pendiente, primeros por los senderos rodeados de hielo a los lados, luego pudimos dejarlos y bajar por las larguísimas morrenas, a ratos andando a ratos corriendo. Empezamos a quitarnos la ropa, en parte por el sol, en parte por el calor generado a bajar.
En 1h:30 llegamos a Barafu Hut, descansamos durante una hora y tomamos algo de comer después de recoger, yo no demasiado porque al guardar el material me habían entrado de nuevo nauseas.
Miguel me había dicho que le dijéramos a Nuru si era posible bajar en un solo día hasta Mweka Gate, en principio esta bajada estaba programada en dos días, primero desde Barafu Hut (4600 m) hasta Mweka Hut (3100 m), desde aquí a Mweca Gate (1850 m) al día siguiente. Tanto Miguel como yo queríamos estar con Marga, Pablo y Hugo lo más pronto posible, y si lográbamos bajar en un día tendrían que estar menos tiempo solos, eso si la jornada tendría un total de 28 km entre la subida a la cima y la bajada a Mweka gate.
Nuru nos había dicho el día anterior que no había problema, pero hoy se echaba para atrás, después de insistirle un minuto Nuru estuvo de acuerdo en emprender la marcha hasta Mweka gate.
En cuanto bajamos 500 metros desaparecieron para siempre las nauseas, y toda a sed atrasada y contenida apareció repentinamente, por lo que me bebí un litro en 30 segundos. Después de pasar por Mweka Hut empego a llover durante una hora, después salio el sol con mucha fuerza a la vez que empezaban a asomarse bellísimos y verdes paisajes, habíamos dejado atrás las tierras áridas.
Después de una jornada de 28 Km. empezada a las 12:30 de la madrugada, llegábamos a Mweka gate a las 4:30 de la tarde. Allí nos entregaron los diplomas y rellenamos nuevos formularios.
A as 5 de la tarde llego el todoterreno que nos llevaría al Keys hotel, nos montamos en el con los guías, porteadores y el cocinero. Otra vez bajamos por una pista que a ambos lados estaba llena de vida de las gentes asentadas a los pies del Kili, y aunque cansado, no se me escapó ni un detalle de la fuerza de este camino. La pista de Mweka gate atravesaba grandes plantaciones de café y en su senda estaba sembrada de mil memorias que contar y fotografiar.
Llegamos a la entrada ajardinada del hotel y llegó la hora de las despedidas y de las propinas.










PROPINAS EN EL KILIMANJARO

En Tanzania es obligatorio contratar la “escalada” al Kilimanjaro con una empresa de allí, o una europea que contrate los servicios de esta, uno no puede subir por su cuenta. Esto deja grandes beneficios al pueblo Tanzano, pero casi todos esos beneficios se los llevan las agencias tanzanas que apenas pagan unos míseros $ a los guías. Así que el sueldo de esta gente depende muchísimo de las propinas, que no son opcionales. El que haya pagado un dinero a una agencia tanzana o europea, deberá hacer un presupuesto aparte para pagar las propinas correspondientes al final de la ruta. Normalmente las cantidades son más o menos estándar para cada nivel jerárquico, según sean porteadores, cocineros, asistente de guía o guías. A julio del 2008 los guías unos 15 $ por día trabajado, al asistente de guía de 10 a 12 $ por día, al cocinero unos 10 $ por día, y de 5 a 7 $ a cada uno de los porteadores por día. Luego estas cantidades pueden variar para mejor, dependiendo de la satisfacción en el trato y servicios recibidos. Estas cantidades se pagan entre todos los componentes de la escalada, por lo que siempre saldrá más barato pagar el montante total entre una cordada de 10 escaladores que de uno, aunque también se necesitan mayor cantidad de porteadores, el guía, asistente de guía y cocinero, que se llevan la mayor retribución, siguen siendo uno. En nuestro caso nos salía unas cantidades de 75$,60,50 y 2x30$ (dos porteadores) de mayor a menor orden jerárquico, en total 245 $. Pero decidimos pagarles 300$ por su dedicación y preocupación en todo momento. Para nosotros esto era un pastón, sobre todo porque salía de una sola cartera, la del padre, el que les habla. Pero ya teníamos asumido ese presupuesto o un poco menor. Además pronto descubrimos que había momentos, lugares y personas donde había que dejar el regateo a un lado, primero como reconocimiento por el trabajo bien hecho y luego porque en un país tan pobre como este, el regateo de medio dólar era doloroso.

A Nuru y Nusmun también les regalamos nuestros plumas. Es costumbre regalar ropa a los guías o porteadores, puesto que no siempre disponen del mejor material, de hecho Nuru y Nusmun iban la madrugada de la cima con las manos en los bolsillos porque sus guantes eran muy precarios. Tenían prendas de gore-tex que les habían regalado en otras expediciones, pero nosotros decidimos regalarles los plumas en agradecimiento a su compromiso durante todas las jornadas y sobre todo la última y fría noche. Les dimos la mano uno por uno y les deseamos buena suerte: “Good luck in your life”.
Dentro de dos semanas subirían por Marangu route con cinco coreanos.
leer más:

THE PORTERS- LOS PORTEADORES



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Termino con un apartado especial de nuestra ascensión al Kili, con imágenes de los muchos estibadores de la montaña que allí vi. Apartado que pretende ser un homenaje a los verdaderos héroes de la montaña o de las montañas: Los porteadores y guías. Los primeros no llegan hasta la cima y se quedan a 4700 metros, evitándose la parte más dura, pero su trabajo es titánico desde el primer día, llevando además unas cargas monstruosas, que se van repartiendo. Unos llevan una de las mochilas grandes del turista, aparte suelen llevar otro bulto más, que puede ser una bombona de tamaño considerable, un saco con utensilios mediano o una de las tiendas. Otro puede llevar una mochila de tamaño medio que puede ser suya, más un saco enorme de alimentos. Nunca van con un solo paquete, siempre hasta las cejas. Pero lo increíble de su trabajo es la facilidad con que lo realizan, subiendo van a una velocidad considerable a pesar de ir cargados.
Normalmente los porteadores llegaban a los campamentos antes que los “escaladores”, cuando estos llegaban ya tenían las tiendas montadas. Nosotros íbamos por delante de los porteadores un poco por nuestra puntualidad, ya que cuando salíamos de la tienda ya habíamos dejado nuestras cosas recogidas y guardadas, el otro motivo era que nuestro ritmo de crucero con Nuru era bastante rápido.
Aún así llegaban 30 o 40 minutos más tarde que nosotros al campamento después de haber recogido las dos tiendas y el material.
Al final subían volando. Cuando tocaba bajar eran imbatibles, andando rapidísimo cuando no medio corriendo con sus enormes cargas.
El último día bajamos desde la cima y luego desde Barafu Hut hasta Mweka gate, para nosotros una jornada de 28 km, para los porteadores 16km, pero Nuru y Nusmun tambien harían los 28 km, puesto que habían subido con nosotros hasta la cima. Nusmun incuso también hacia de porteador. 40 minutos después de salir de Barafu Hut hacia Mweka gate con Nuru, salieron los demás porteadores con Nusmun también cargadísimo. 5 km antes de llegar a Mweka gate nos fueron pasando de uno en uno, Nusmun con su mochila y un saco enorme en la cabeza iba medio al trote. Cuando llegamos a Mweka gate estaban ya aseados y cambiados.

























Pero la montaña ofrecía 10.000 detalles de estos colosos, recuerdo que en la subida de Karanga Valley (4100 m) a Barafu Hut (4700 m) de fuerte pendiente, nos pasó subiendo un porteador cargadísimo, cuando ya llevábamos un km de pesada subida le vimos bajando otra vez a la carrera hacia karanga Valley sin su carga que había dejado a media montaña, luego tendría que subir de nuevo. Le pregunto Nuru por su precipitada vuelta y este le respondió que se había dejado los espagueti en el campamento.
Otra anécdota curiosa fue la de aquel portentoso porteador tanzano que nos pasó por las morrenas bajando de la cima, iba con una mochila grande, no de ataque, en esta llevaba prendido a la parte de atrás una huevera de cartón. De nuevo Nuru cruzo unas palabras con él en swahili y le contó que venia de llevarles comida , desayuno y provisiones a tres americanos que habían dormido en el cráter (los de la foto en la distancia). Subió a la cima cargado para abastecer a los “héroes” americanos.
Este último porteador tenía un aspecto de atleta total, fibroso pero fortísimo, solo con una camiseta de manga larga y unas mallas debajo de unos pantalones cortos. En general los tanzanos son de complexión un poco más fuerte que los Keniatas.


















Ya conocía a estos colosos de mucho antes, en mis “tiempos mozos” unas cuantas veces me toco correr con keniatas y tanzanos, muchas veces detrás y algunas delante. Sabía de su biomecánica perfecta para correr, ligeros como gacelas longilíneas, y sobre todo capaces de morir corriendo, pues su umbral de dolor es brutal. No les sobrepasa el dolor de piernas, ni el ardor de los pulmones cuando llevan 30 km corriendo a muerte, puesto que estas sensaciones ya las viven a diario, privados muchas veces de comida y comodidades, en un lugar donde ganar 7 $ al mes, arreglando pinchazos de bicicletas oxidadas bajo una choza, es la vida.



















Leer más:
Kilimanjaro Umbwe route
Umbwe route en 4 días

PARQUE NACIONAL DE ARUSHA Y MOSHI II

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Cuando llegamos al hotel después de despedirnos de Nuru, Nusmun y los demás porteadores vimos que no estaban en la habitación Marga y los niños, así que nos acercamos a la piscina. Allí estaba Marga leyendo un libro mientras Pablo y Hugo se bañaban. Para ellos fue una sorpresa nuestra llegada, puesto que no nos esperaban hasta el día siguiente.
Después de un alegre encuentro, Miguel y yo subimos a cambiarnos en seguida y nos dimos un chapuzón que alivio nuestros recocidos pies después de una jornada de 28 km entre la cima y la bajada, y 17 horas de duración.
Más tarde nos tomaríamos para cenar dos platos gigantes de espagueti al estilo Tanzano cada uno, mientras Marga, Pablo y Hugo se reían de nuestra penosa necesidad.
Todavía tendríamos un día más en Moshi para descansar y ver e pueblo. Marga, Pablo y Hugo harían de perfectos anfitriones a la mañana siguiente, puesto que se conocían todas las partes del pueblo.
Al día siguiente Pablo y Hugo nos iban guiando en cabeza hacía el pueblo, “por ahí no papá, por aquí” decía Hugo con el tono del que corrige al ignorante desorientado, nos fueron conduciendo primero al ciber, donde nos pusimos en contacto con la familia. Más tarde continuamos nuestro camino mientras nos enseñaban los lagartos coloridos de la cuneta y las mariposas de colores únicos. Nos fueron dirigiendo magistralmente al mercado del pueblo, y en el camino Pablo iba saludando a medio pueblo y vendedores de tenderetes que por lo visto ya le tenían muy conocido, sobre todo por su afición a las pulseras y collares masai.
El mercado resultó espectacular y Pablo estaba especialmente interesado en que viéramos los vistosos y coloridos puestos de frutas y de especias, que a Marga le habían gustado especialmente. Pero su interés iba más allá y nos llevó también a la zona de carnes, que a Marga le desagradaba, entre otras cosas porque las carnes no estaban en cámaras frigoríficas, y estas estaban rodeadas de gran cantidad de moscas. Además Marga ya conocía este tipo de mercados de otros viajes. Pero para Pablo y Hugo era un espectáculo grandioso: 20 cabezas de oveja con la lengua fuera en una tabla de madera, tripas de no se sabe que colgando de un gancho, otra cabeza, ahora de vaca pero con la lengua cortada a un lado y puesta sobre la mesa. En fin, un mundo “apasionante” para los peques.
También se sabían de memoria los restaurantes donde merecía la pena comer, en uno hindú terminamos comiendo.
Hablamos durante mucho tiempo los cinco, y nos contábamos lo que habíamos hecho los unos y los otros durante nuestros primeros días en Tanzania. Escucharon con mucha atención nuestras aventuras en el Kilimanjaro, y Miguel y yo atendimos con curiosidad su incursión en el Parque Nacional de Arusha.
Efectivamente, Marga y los peques no habían perdido el tiempo, pues a parte de descansar en el Keys hotel después de un viaje tan largo, y de trastear por todo el pueblo y alrededores, habían dedicado un día entero para ver el parque nacional de Arusha, un parque
pequeño, pero uno de los más reconocidos, bonitos y variados de Tanzania.
Este safari (viaje en swahili) resulto increíble para Marga Pablo y Hugo, ya que era su primer contacto a gran nivel con la exuberante naturaleza tanzana, prueba de ello eran los mensajes que nos mandábamos durante la subida al Kili para ver que tal andábamos los unos y los otros. Uno de estos mensajes que recibimos en Barranco Hut(3900m)decía así: Nos encanta, monos, jirafas, hipos, cebras, hormigas gigantes…stmos B.
Una de las curiosidades de esta montaña, es que si las condiciones metereológicas son propicias, se puede hablar por el móvil desde cualquier parte de la misma, incluida la cima. Nosotros podemos dar fe de ello, puesto que nos mandamos mensajes hasta los 4700 m en Barafu Hut. El día de la cima se me olvidó llevármelo y no pude comprobarlo, pero Nuru si llamó.
Lo que más les gusto de este parque fue la naturaleza tan variada que hay, las jirafas que casi se podían tocar, las cebras, y los maravillosos lagos de Momela con sus hipopótamos. También vieron muchos monos de diferentes especies y muchísimas variedades de aves.
Pero como ya he dicho antes, lo más destacado del Parque nacional de Arusha a pesar de ser pequeño, es su maravilloso y único ecosistema con una variedad topográfica sin parangón.
Destaca en primer lugar el cráter de Ngurdoto o también llamado pequeño Ngorongoro, ya que dentro del mismo hay un pantano. También pudieron admirar desde este parque unas de las mejores vistas del monte Meru (4566 m), enclavado dentro del mismo parque.
Al Oeste el cráter Ngurdoto se situaba el Serengeti Ndogo o pequeño Serengeti allí pudieron contemplar una gran pradera llena de cebras Burchell.

Cuando nos contaron con tanto entusiasmo lo que habían visto y disfrutado, casi nos daba envidia no haber visto este parque, claro que nosotros no nos podíamos quejar. Habíamos “abandonado” “a su suerte” a Marga y los peques para subir al Kili. El resto de días que estuvimos en Tanzania me encargué personalmente de que “comiera” Hugo. Ya saben eso que hace uno de los padres sentado al lado del peque para que no deje el plato a medias. Era mi pequeña penitencia, totalmente voluntaria por haber subido al Kili.





SERENGETI

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7 de Julio, hoy cumple 15 años Miguel

En 1913 el cazador americano Steward Edward White, escribio: "Estuvimos caminando millas y millas por tierra reseca... entonces vi unos árboles verdes junto a un río, caminé dos millas más y me encontré en el paraíso". Acababa de encontrar el Serengeti, tierra de pasto de los masai durante milenios.
















El Serengeti cubre 30000 km2, y comprende el Parque Nacional del Serengeti, el Area de Conservación del Ngorongoro, la Reserva de Juego Maswa, el Loliondo, y las areas controladas de Grumeti y Ikorongo, además de la Reserva Nacional de Masai Mara en Kenia.
Ecosistema único en el mundo y uno de los más antiguios de la tierra con vegetación, fauna y clima que no ha cambiado durante millones de años.






Bueno, dicho esto que es una compilación reducida al máximo de la esencia del Serengeti os comentaré mi impresión:
En Serengeti vi grandes extensiones naturales de belleza sobrecogedora, pocos coches y suficientes animales en entornos poco agobiantes, en ocasiones en plena acción de caza. Aderezado con una inestimable libertad de horizontes y gran intimidad personal para observar la naturaleza.
El contexto para mí es muy importante, y el hecho de poder ver muchos de estos animales siendo los únicos muchas veces que los observábamos me parecía extraordinario.
Por otra parte, se echa de menos en Serengeti a primeros de julio, las grandes manadas de ñus y cebras que ya han emigrado a Masai Mara. Pero para eso está Ngorongoro donde estos últimos herbívoros son perennes.
Dejamos atrás Moshi y también el Kilimanjaro, y aunque no dejaríamos de verlo en la distancia, nunca llegaríamos a estar tan cerca de esta maravillosa montaña.
Después de una hora y 40 minutos llegamos a la oficina de Bobby Tours en Arusha. Mientras preparaban el coche que nos llevaría al aeropuerto teníamos una hora y media para realizar algunas compras y tomar algo en esta localidad con increíbles vistas al monte Meru.

CUMPLEAÑOS DE MIGUEL

Como nuestro avión no salía hasta las tres de la tarde, aprovechamos para tomarnos un almuerzo potente en un precioso café-restaurante de agradable decoración en madera.
Allí nos tomamos unos buenos huevos fritos algunos, otros hamburguesa de la casa, unos colacaos y por supuesto un esplendido café de Tanzania.
Para terminar celebramos el cumpleaños de Miguel, que ese día cumplía 15 años. En muchas ocasiones nos ha tocado celebrar los cumpleaños de Miguel en los lugares más insólitos.
El camarero nos dio una gruesa vela de candelabro que Miguel soplo entre risas y cánticos de cumpleaños feliz. Después hubo que encenderla un par de veces más para Hugo.












En Arusha hay dos aeropuertos, el Internacional de Kilimanjaro, sobre todo para vuelos internacionales o de mayor envergadura, y el Aeropuerto de Arusha mucho más pequeño y para vuelos domésticos. En este último tomaríamos una avioneta hasta el Parque Nacional de Serengeti, donde empezaría nuestro safari.
Nosotros habíamos tomado aviones de todo tipo, alguno relativamente pequeño, pero nunca habíamos montado en avioneta, grande, pero avioneta.
Durante la espera vimos que en este aeropuerto el 95% de lo que despegaba eran avionetas grandes o pequeñas, luego también unos aviones medianos que volaban a Zanzíbar, en uno de estos últimos volaríamos a la isla 7 días después.
Los vuelos que hicimos en Tanzania, los hicimos siempre con Precision Air, una agencia Tanzana con muy buenos precios.
El aeropuerto era minúsculo, con construcciones de una sola planta, el 80% estaba ocupado por tiendas y un restaurante de aspecto rural, en total habría un centenar de turistas. A pesar de no ser un aeropuerto típico, era un lugar agradable donde esperar con sus terracitas al sol a pie de una pequeña pista.
A la hora de facturar no tuvimos ningún problema, ya que habíamos dejado las mochilas de escalada, dos pequeñas y una maleta grande en la oficina de Bobby Tours, estas las llevaríamos más adelante a Zanzíbar y esperábamos que tal volumen de equipaje no nos diera prolemas.


Cuando llegó el momento, nos dirigimos a la avioneta andando por la pista del aeropuerto hasta el avión, en total unos 12 pasajeros. Los niños bastante acostumbrados a estos menesteres estaban excitados por la novedad de la avioneta.
A lo relativamente pequeño del aparato había que añadir que la cabina del conductor era pequeñísima y abierta, por lo que todos los controles y movimientos del piloto estaban a la vista.














Despegamos enseguida sin apenas espera, y en este vuelo pudimos sentir la fuerza de la naturaleza de lo que nos esperaba.
A relativamente poca altura,
el paisaje más increíblemente bello se mostraba ante nosotros, interminablemente verde, valles, montañas , cráteres, pequeños y minúsculos poblados masais con sus chozas en circulo, una hora y treinta minutos de vuelo extasiados ante tanto esplendor.
No pude evitar hacer alguna foto de aquellos paisajes tan fabulosos.



Cuando el avión empezó a bajar, pudimos ver antes de aterrizar nuestro lodge: el Seronera Wildlife Lodge.
El avión aterrizó en una pista de tierra roja. Nada más bajar de la avioneta nos fue a recibir Lodgardo, nuestro guía de habla hispana, y Salín, nuestro conductor experto en animalesAunque nos habíamos manejado sin guías de habla hispana en Tanzania, habíamos contratado a este tanzano que hablaba perfectamente español, para que no se nos escapara ningún detalle del safari (animales, flora, ecosistemas) a ninguno de la familia.
Nada más llegar nos saludaron y colocaron nuestras maletas en el todoterreno, que sería nuestro transporte durante 7 días atravesando el norte de Tanzania.

Antes de dirigirnos al hotel realizamos nuestro primer recorrido de 2:30 horas por el increíble Parque Nacional del Serengeti.
El todoterreno se interno por pistas de tierra que atravesaban la extensa sabana del Serengeti, de vez en cuando nos cruzábamos con algún todoterreno, pero apenas había coches. Pensábamos que este primer día estaría prácticamente perdido por llegar al Parque a las 4:30 de la tarde, pero resulto del todo glorioso. A los cinco minutos de empezar la marcha pudimos contemplar perfectamente a nuestra izquierda un hermoso ejemplar de guepardo, la verdad es que al principio casi no se le veía, si no fuera por el ojo entrenado de Salín, nuestro conductor, capaz de distinguir púas de cuerpo espín en un camino de tierra circulando a 40 Km por hora.
Cuando paro el coche suavemente, Salín y Lodgardo miraban hacia la izquierda hablando en susurros, nosotros íbamos en ese momento asomados por la parte de arriba del todoterreno que llevaba el techo descubierto para esos menesteres, inmediatamente los cinco giramos la cabeza para ese lado y vimos el esplendido ejemplar. Iba andando sigilosamente hacia las gacelas Thonson que estaban muy lejos. Los niños se quedaron con la boca abierta. Después de varios días uno se “acostumbra” a esto, pero ese primer momento fue mágico con el sol bajo y el guepardo tenso esplendoroso con la sabana entera para él.
Marga y yo dudábamos en mirar al guepardo o a los niños, puesto que las expresiones de estos nos fascinaban igualmente. Miguel y Pablo “estatuados” totalmente y Hugo con la boca abierta absorto en los andares del felino.
Un poco más tarde Pablo grito que había visto una cabeza entra la hierba alta y seca, Salín paró automáticamente y después de un primer momento de no ver nada, aparecierón varias cabecitas, resultó ser una familia de numerosos leones, bueno en este caso eran varias leonas adultas y otros tantos cachorros de diferentes edades. Salín se interno con el coche entre las hierbas altas y pudimos ver a la familia entera a nuestro lado. Hugo decía que los leones pequeñitos tenían muchas mamás y ningún papá.
Este momento lo disfrutamos solo nosotros ya que en ese momento, ya tarde, no había apenas coches en las pistas. Aun así más adelante nos cruzamos con otro todoterreno que también llevaba una familia con niños y Salín les dijo donde se encontraban la familia de leones.
Verdaderamente este es el viaje donde más niños hemos visto. Un safari africano es una manera divertida de conocer la naturaleza. Se piensa en los peligros y la gente casi no se atreve a venir, ¡como para viajar con niños!. Aunque en Moshi (Kilimanjaro) y Arusha no vimos ningún niño, Tanzania estaba lleno de familias enteras disfrutando de los Parques nacionales: daneses, holandeses, alemanes , americanos, australianos.
Además de este fenomenal comienzo, pudimos ver en este corto tiempo que nos dejaba el primer día, hipopótamos, cocodrilos, todo tipo de aves y una puesta de sol única y limpia, como solo se puede ver en África.
Después de esta primera incursión nos llevaron al hotel.











El Seronera Wildlife Lodge es una construcción integrada entre grandes rocas de granito y con grandes espacios abiertos, situada en el mismo corazón de P.N. de Serengeti, por lo que esta rodeado de Bufalos, hienas, monos…
Ese día nos duchamos con agua fría ya que no había agua caliente ese día ni el siguiente, no sabemos porqué. Fue el único hotel donde esto nos pasó, si bien es verdad que en el Ngrongoro Wildlife solo a partir de las 6 de la tarde había agua caliente.
Después esta ducha fría no fuimos a cenar al magnifico comedor con grandes ventanales a la sabana, aunque en ese momento no se apreciaba por que era de noche.
El buffet libre del hotel estaba muy bien, mucha, buena y variada comida. Además nada más entrar al comedor con mesas muy acogedoras a la luz de las velas, amenizaba la cena un quinteto de músicos percusionistas con un ritmo de tambor sugerente y en creciente frenesí, que creaba una atmósfera muy especial en medio de la sabana. Para todos esta parte del viaje se hacia mucho más cómoda aunque no hubiéramos imaginado cuanto. Para Miguel y para mi, esto de viajar en todoterreno todo el día viendo maravillas de la naturaleza y el descanso que suponía el Lodge después, era todo un deleite comparado con nuestra vida dura, austera pero imborrable en el Kilimanjaro. Para Marga, Pablo y Hugo era un cambio de registro después de 4 días en Moshi, aunque hubieran realizado un safari en Arusha Park, se habían tenido que buscar a vida por el pueblo, una mujer sola con dos niños de 12 y 6 años. Aquí estaba todo hecho, la naturaleza era verdaderamente exuberante y los Lodges resultaron muy cómodos.





























Los wildlife son un tipo de Lodges que están por detrás en categoría de los Serena o los Sopa lodge, pero siguen siendo de muy buen nivel a precios bastante mejor que los otros, todavía dentro de una aceptable categoría pero sin lujos.
Nosotros quisimos alojarnos en lodges por comodidad para los niños y como una mayor protección de los más peques contra la malaria.
Los wildlife además tenían una ventaja, al ser unos hoteles que pertenecen al estado tanzano, están siempre situados en los mejores sitios posibles de los Parques, de esto daré fe con las fotos.
Después de cenar nos fuimos a explorar el hotel y entre otras cosas vimos que tenía su propia fauna: Por todo el hotel se podían ver unos animalitos parecidos a las marmotas llamados damán, Pablo y Hugo se pasaban los ratos libres contemplando a estos animales que estaban en todas las zonas ajardinadas del hotel y sobre todo encima de las rocas. Solian apelotonarse en grupos de 5 a 10 miembros, muchas veces unos encima de otros o lomo con lomo.
Otro de los miembros que frecuentaba los jardines del hotel era el lagarto agama agama ( si dos veces), un lagarto de rojo y morado muy espectacular que mueve la cabeza de arriba abajo. A este último le dedique una sesión fotográfica entera puesto que me pareció fascinante. También abundaban alrededor de hotel y por sus tejados, monos vervet, estos eran muy entrometidos e incluso aconsejaban en el hotel cerrar las ventanas de las habitaciones porque podían entrar a las mismas.
Cuando nos fuimos a dormir tuvimos que echar mano de las mantas y al día siguiente tuvimos que pedir alguna más. Las habitaciones son austeras pero están bien y tienen un tipo de ventilación (aparte de los grandes ventanales) un tanto especial, con un as rejillas grandes encima de la puerta que hace que por la noche entre bastante el fresco.
Tengo que aclarar que no se debe olvidar como mínimo en el equipaje un pantalón largo, calcetines, botas o zapatillas de treking, forro polar mejor que sudadera y un chubasquero o similar.
Fui testigo en más de una ocasión a primera hora de la mañana y a última de la tarde, como alguna gente pasaba bastante frío al desayunar o cenar en sandalias y pantalón corto.




A PRIMERA HORA DEL DÍA Y DE LA NOCHE BAJA MUCHÍSIMO LA TEMPERATURA.
De hecho en julio, por lo menos en Serengeti y Ngorongoro, tampoco hace excesivo calor por el día.
En Tarangire y Lago Manyara la cosa cambia.
A las 7:30 de la mañana del día siguiente Lodgardo y Salín nos esperaban a la puerta del Lodge para realizar el siguiente y más largo recorrido en el Serengeti.
Este día resulto especialmente completo, para ello habíamos pedido en el hotel los pack lunch para no tener que volver hasta la última hora de la tarde.
Nos hartamos de ver jirafas, gacelas thonson, hipopótamos, monos babuinos, avestruces, leones, leonas, hienas, topi, impalas, además de multitud de aves como Alcaudones, abejaruco chico, bandadas de lovebirds, buitres, halcones, escarabajos rarísimos, las acacias grandiosas, en fin un torrente de sensaciones.
Incluso tuvimos la suerte de ver como dos cebras estaban siendo devoradas por leonas, y un poco más allá un león esperaba su momento..
Por la tarde después de parar a comer pudimos observar una secuencia espectacular, además en ese momento solo estaba nuestro coche. Los cinco asomados por la parte de arriba del todoterreno apenas nos atrevíamos a susurrar. Una leona se iba aproximando a una manada de oribis ( pequeño antílope de unos 70 cm de altura) por su trasera, iba agazapada por detrás de unas plantas, sigilosa por momentos parecía que iba de puntillas, se fue acercando a 15 metros de una que seguía comiendo hierba, de repente la leona casi agachada se arranco a toda velocidad y toda la manada echaron a correr, la persecución se acabo por detrás de unos cañaverales y todo quedó quieto y en silencio. No pudimos ver el desenlace de aquella secuencia tan trepidante, pero imaginamos que la leona atrapo a su presa, ya que los demás oribis dejaron de correr a escasos 50 metros y siguieron con la tranquilidad pasmosa que da el saber que el plato estaba servido.
Dos días increíbles que colmaron nuestras expectativas en Serengeti. Uno lee mucho antes de venir a Tanzania, y piensas si lo que está por ver estará a la altura de lo esperado. Puedo asegurar que Serengeti y Tanzania supera con creces cualquier previsión.

17-nov-2008

NGORONGORO

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CAMINO DE NGORONGORO

Nuestro tercer día de safari empezó temprano, ya que hoy atravesaríamos estas tierras únicas hasta llegar al cráter Nogorongoro.
A las 7:30 de la mañana nos entregaron los pack lunch en el Seronera Wildlive Lodge y en la puerta esperaba nuestro todoterreno, pero Lodgardo y Salín no parecian estar por allí, así que tuvimos tiempo todavía de despedirnos de algunos de los especiales inquilinos del hotel, esta vez se trataba de una numerosa familia de mangostas. Hugo, Pablo y yo nos arrimamos a unos dos metros de estos curiosos animales que pululaban por los jardines del hotel. Menos mal que al final aparecieron Salín y Lodgardo porque el pequeño Hugo estaba empeñado en llevarse un ejemplar.
Por fin salimos en un día de traslados que resulto ser muy fructífero, ya que por el camino fuimos parando en diferentes parajes y tuvimos ocasión de ver bastantes animales.
El camino hacia el Área de Conservación del Ngorongoro discurría por momentos por pistas de tierra y por carretera. En un primer momento seguimos una pista que vadeaba el río Seronero, donde tuvimos ocasión de contemplar más leones y leonas, avestruces, hipopótamos, oribis, babuinos y muchos más animales.
Paramos a comer en un lugar especial para ello. Este sitio estaba lleno de turistas que se dirigían para un lado u otro de los parques del norte de Tanzania.














Aparte de mesas para comer, había lavabos y una oficina de turismo. En realidad era como una zona de descanso pero en un enclave natural muy especial, ya que los árboles estaban llenos de nidos y diferentes especies de aves se arrimaban a los pack lunch de los turistas para sacar tajada. Así que nuestra comida estuvo bastante amenizada.



























En una de las paradas en el río Seronero, pudimos contemplar bastante bien a los hipopótamos, siempre los habímos visto metidos en el agua con la cabeza sumergida, pero ese día algunos se dignarón a levantar el cabezón para ver a tan singular grupo. Un poco más allá pudimos ver una pequeña manada de oribis reflejada en el agua.





















MASAIS II
Cerca de Ngorongoro haríamos nuestra segunda incursión a un poblado masai. La primera vez ,en la carretera de Nairobi a Moshi, la visita fue totalmente espontánea, pero esta era una incursión donde los masais estaban acostumbrados a recibir a los turistas a cambio de unos cuantos dólares.
Lodgardo llegó a un acuerdo con el jefe masai , un hombre mayor de unos inciertos años, yo diría que sesenta, aunque la edad cronológica no suele coincidir con a edad biológica de la misma manera que en individuos de países más desarrollados.
Cuando el “jefe” masai dio su visto bueno entramos al poblado. Nos dio la bienvenida un joven alto que haría de guía durante toda la visita. A la entrada del poblado había un guerrero masai con un a lanza larguísima que a Hugo le impresionó mucho.
Cuando atravesamos la entrada del poblado, que es una abertura entre las chozas que forman un circulo, nos esperaban de pie un grupo numeroso de hombres masai en el centro y otro grupo de mujeres masai a un lado. Nos saludamos y enseguida los hombres masai empezaron a cantar con un sonido rítmico y gutural totalmente contagioso. Uno de ellos dio un paso al frente y con un bastón de madera en su mano empezó a satar verticalmente al ritmo de los cánticos, mientras los demás movían sus cuerpos a un lado y a otro y hacia arriba con una cadencia suave. A los pocos segundos el “saltarín” principal era sustituido por otro compañero, así uno detrás de otro iban saliendo todos.




















Hugo les miraba totalmente fascinado, creo que su umbral de sorpresa había sido ampliamente superado. La verdad es que el espectáculo era deslumbrante, da igual que estuvieran preparados para recibir al turista y que este ritual lo sacaran de su contexto habitual. Ver los movimientos de estos masais acompañados de los cánticos a capella era un espectáculo soberbio.
Algunos de estos masais tenían un detén (salto vertical) potentísimo y su vuelo parecía suspenderse en e aire más de la cuenta, acompañado de un porte y una elegancia especial que solo los masais tienen.
Hugo, que seguía embebido, se acercó lentamente para ver más de cerca la ceremonia. Los demás masais se reían al ver su curiosidad. Hugo había perdido totalmente el sentido de la discreción, y apenas a medio metro inspeccionaba todos los movimientos del danzante saltador.
Pablo, Miguel, Marga y yo reíamos a carcajadas la osadía de Hugo, que por momentos seguía la figura completa del saltador o se limitaba a mirar a un punto fijo donde aparecían y desaparecían los pies del masai.
Después de unos momentos realmente graciosos, Miguel fue invitado a bailar-saltar, y con el bastón en mano salio a escena, poco a poco fuimos saliendo todos.
Cuando le tocó a Marga, la invitación vino por parte de las mujeres. Los hombres con los hombres, las mujeres con las mujeres. Estas iban vestidas con sus mejores abalorios, collares y adornos preciosos que contrastaban con sus coloridos ropajes.

Solo menoscababa su atuendo algunos modernos relojes de pulsera que lucían algunas.
Cuando terminaron los bailes nos enseñaron sus chozas de adobe por fuera y por dentro, y dentro de una nos explicaron el porqué de su filosofía en la vida, viviendo a la antigua usanza, manteniendo tradiciones que perduran duran te siglos.
Para terminar nos enseñaron la “escuela del pueblo”, una casa de troncos de madera verticales separados entre si de unos 4x4 metros, de manera que se podía ver a os niños desde fuera.



En ella nos esperaban unos 30 niños de pie, mirando los números que había en una pizarra que era señalada por uno de los peques más pequeños, los otros contaban en ingles al unísono los cifras del uno al diez.
Esta especie de escuela estaba preparada para los turistas a modo de hucha recaudatoria, ya que al terminar la demostración se pedía la voluntad para ayudar a la enseñanza de los peques.
Este donativo que nosotros dimos a modo de ayuda para el pueblo en general, había que depositarlo en una especie de caja con una rendija incluida que se hallaba dentro de la escuela.
Al final, entre unas cosas y otras nos habíamos dejado unos cuantos dólares en la visita al pueblo masai. De todas formas nos pareció un dinero bien empleado a la vez que una manera de reforzar su economía.
Para terminar nos enseñaron todos los abalorios que fabrican y venden los masais. Compramos algunos, sobre todo nos gustó un collar de semillas que Marga adquirió a una mujer mayor.
Nos despedimos del pueblo entero, y nuestro guía masai, todo cortesía, nos acompañó hasta el todoterreno, Hugo miraba sus características ropas rojas y sobre todo sus sandalias con suela de neumático reciclado, calzado muy común entre los masais.
Atrás dejamos uno de los pocos pueblos de África que conserva casi intacta su cultura.
NGORONGORO
Retomamos la marcha, y después de unos cuantos kilómetros ya cerca del Ngorongoro, en una curva cerrada de suave ascenso, apareció ante nuestros ojos una “visión” extraordinaria que parecería excesiva si no fuera por las fotos que apoyan mis palabras. En realidad habíamos parado para contemplar y hacer una fotos a un grupo de avestruces. Pablo aprovecharon el momento para subirse a una acacia. De repente por nuestra izquierda apareció andando lentamente una familia de seis jirafas, dos adultas, una mediana y tres más pequeñas.
Iban bastante agrupadas siguiendo un pequeño sendero que desaparecía en la pista o camino para luego aparecer al otro lado.
Todos nos quedamos con la boca abierta, situados a tres metros de sendero del que por lo visto las jirafas no se iban a desviar. Solo aceleraron su paso cuando les tocó pasar a nuestro lado, echaron a correr 15 o 20 metros con esa carrera característica a “cámara lenta” que tienen los animales de segmentos y extremidades larguísimas. Una vez cruzada la pista retomaron el sendero, caminando montaña arriba, alejándose lentamente hacia la línea del horizonte, hacia el cielo azul.
Estábamos acostumbrados a ir en busca de los animales no a que vinieran a nosotros, fue un momento especial prolegómeno de lo que estaba por venir en el Ngrongoro.

Después de unos kilómetros más empezamos a atravesar zonas montañosas, el paisaje empezó a cambiar volviéndole más verdoso, aparecieron a un lado y otro del camino pequeños niños masai con sus características ropas rojas que nos saludaban a nuestro paso.
Poco a poco empezamos a subir el cráter del Ngorongoro por el exterior, cuya altura máxima es de 2500 metros, en ese momento entramos en estado de show. ¿ Como explicar esa explosión de imágenes en nuestra suave subida a borde del cráter y porqué era tan especial?
Serían las 3:30 de la tarde, a tres horas del anochecer tanzano, la luz era suave, naranja y con un filtro de tibieza que solo dan algunos lugares, la tierra de la pista era de un rojo fortísimo que contrastaba más con la vegetación verde, cambiando totalmente el árido paisaje de la sabana que habíamos contemplado en Serengeti. Todos estábamos entusiasmados con los paisajes tan maravillosos que se iban sucediendo, en un momento determinado el todoterreno subió un último repecho y una exclamación colectiva borro el silencio, sobre todo la de Pablo (12 años) tan dado a las exageraciones y onomatopeyas: ¡Diooooossss! Un inmenso horizonte se habría a nuestra mirada desde el borde del cráter donde pudimos contemplar la grandiosidad y belleza de este lugar, cualquier cosa que pueda decir para describir la belleza insuperable del Ngrongoro no haría honor a la realidad.












Su situación geográfica única, sus luces, sus colores, su belleza visto desde fuera y desde dentro. Un cráter de 20 kilómetros de diámetro y 600m de pared, situado a 2300 metros de altura entre montañas bellísimas, lleno de ñus y cebras, con un lago de cuento (Magdadi) en el centro, con el rinoceronte negro, leones, hipopótamos, elefantes, hienas…
Es memorable la bajada a primera hora de la mañana por sus caminos de tierra roja de Tanzania. Esta primera hora permite una de las visiones que nadie debería perderse: el reflejo de las nubes en la superficie del lago central, no es un reflejo cualquiera, ya que todos los días el cráter al amanecer techado de nubes entre las cuales se van filtrando los rayos del sol, permite un espejismo muy particular. Estas nubes no se reflejan de cualquier manera en el lago, ya que al estar tan cerca la visera de nubes (cráter a 2000 metros), la sensación de espejismo en relieve es para caerse de espaldas.


















Después de bordear el cráter por su cresta, llegamos al Ngorongoro wildlife lodge, enclavado entre un vergel de vegetación. Entre la gran variedad de microclimas del Ngorongoro, el Ngorongoro wildlife lodge estaba situado en la selva tropical que poblaba las laderas superiores del cráter .
En cuanto nos acomodamos nos fuimos inmediatamente a la joya del lodge: el gran mirador hacia el cráter, una terraza gigantesca que asoma desde el borde de la cresta y desde donde se obtienen vistas inmejorables del Ngorongoro. La verdad es que el N. Wildlife Lodge estaba situado en uno de los mejores sitios del cráter.
Nos sentamos en la terraza y allí estuvimos tomándonos algo mientras íbamos viendo como el sol caía.













Los niños alternaban ratos con nosotros con exploraciones por el Lodge y la terraza.
Abajo veíamos los todoterrenos como hormigas, incluso pudimos distinguir algún elefante a la vez que admirábamos el esplendor del lago Magadi.
Durante una hora Marga y yo estuvimos disfrutando del sol en nuestras caras junto a otros turistas que parecían hacer lo mismo, los pies en alto sobre el bordillo con caída al cráter, un par de birras Kilimanjaro, los “peques” a lo suyo, que más podíamos pedir mientras contemplábamos el mapa real y dorado del Ngorongoro.
El N. Wildlife Lodge nos deslumbro por sus vistas y su ubicación, además todas las habitaciones tenían unas fantásticas vistas al cráter a través de una cristalera inmensa
Como en el Seronera del Serengeti, nuestras habitaciones eran contiguas y estaban comunicadas por una puerta interior. Aquí el agua caliente estaba limitada a primera hora de la mañana y de 6 a 8 de la tarde, en un horario acotado pero por lo menos nos podíamos duchar en condiciones.
Después de conectarnos a un ordenador del lodge para mandar algunas fotos y correos a la familia, nos fuimos al comedor que también tenia vistas al cráter. Más pequeño que el de Serengeti, había que cenar en dos turnos, los dos muy tempranos, nosotros elegimos el primero.



Al igual que en Serengeti, el buffet del lodge tenía muy buena comida y bastante variada. Lo único que no estaba incluido en el buffet, como en casi todos los hoteles, eran las bebidas, a precio de aeropuerto por cierto. Por otra parte, tanto en las comidas como en la cena estaban también incluidos un buen servicio de te y café variados.









Al día siguiente a las 7:30 de la mañana nos recogieron Lodgardo y Salín, tocaba madrugar de nuevo, aunque lo de madrugar era un decir, ya que como anochecía a las 6:30 de la tarde, uno estaba en la cama a las 10 de la noche como muy tarde.
Ese dia me levante media hora antes que Marga y los peques para ver amanecer en el Ngorongoro. No fue un hecho premeditado, pero estando en la cama algo me dijo que tras las cortinas de la cristalera se escondía algo que merecía la pena.
Como así fue. Un techo de nubes bajas cubria casi todo e cráter, nubes que se situaban por debajo del lodge, y por lo tanto podían observarse también por su parte superior, a esas horas doradas por el sol saliente, parecía un techo gigante de algodón sobre el Ngorongoro.
A las 7:30 de la mañana el todoterreno nos recogió y tomó uno de los caminos de tierra rojísima que bajan al cráter.

Una vez abajo pudimos ver a los niños masai. Los masai son los únicos que tienen derecho de pastoreo en las tierras del Ngorongoro.
Poco a poco nos fimos adentrando en el cráter, este tiene tres zonas húmedas principales, el lago Magadi en el centro y más grande, y dos pantanos, el Mandusi en cuyas orillas comen los turistas, y el Gorigoy, el más pequeño y frecuentado por hipopótamos.
Lo primero que pudimos apreciar fue pequeños grupos de cebras que iban de allá para acá. Apenas habíamos visto ninguna en Serengeti, puesto que casi todos los herbívoros, sobre todos cebras y ñus, habían emigrado a Masai Mara. Pero en Ngorongoro estos herbívoros vivían de manera permanente.



























El primer recorrido que hicimos consistió en atravesar el cráter por a pista que bordea el lago Magadi. Según avanzábamos íbamos viendo cada vez más cebras y ñus, muchísimas, bebian de pequeños arroyos que morían en el lago.
A nuestra derecha y a orillas del lago, cientos de flamencos rosas se desperezaban, un hipopótamo “paseaba” rodeado de algunos ñus y cebras, acompañando la escena la luz suave de las primeras horas de la mañana. El cráter empezaba a despertar.
¡Mira dos hienas!, chilló Hugo, nadie las había visto y estaban en la misma pista de tierra sobre un surco que hacía de arcén, mimetizadas totalmente con el terreno. Parecían muertas, después de un rato observándolas, una de ellas levantó la cabeza. ¡Está viva!, grito de nuevo Hugo.
Seguimos avanzando y cada vez había más ñus y cebras envueltos en una atmósfera de luz y paz únicos.
Ya he hablado antes de la increíble intensidad del Ngorongoro, su fuerza, su luz. Los animales parecen iluminados con luz propia con los primeros rayos del sol. Si Hubiera que construir un anfiteatro gigante donde los colores levitaran en proporciones magistrales, creando diferentes atmósferas todas ellas mágicas, este anfiteatro sería el Ngorongoro, en medio del África negra, limpio, a 2000 metros, con un lago de agua salina capaz de mudar su color si una nube quiere hacer de filtro a un rayo perdido de estrella, nuestro sol. Un anfiteatro cuyas gradas verde esmeralda de selva tropical, solo son accesibles por caminos de sangre, tierra roja de Tanzania.
Es posible que alguien pueda pensar crea que exagero, pero lo que un o imagina de un país y lo que luego te encuentras siempre difiere bastante en el sentido positivo. Tanzania sorprende. Pero incluso esta sorpresa es previsible, yo sabia que por mucho que idealizara el Serengeti y Kilimanjaro sería sobrepasado por su belleza, como así fue. Pero con el cráter Ngorongoro fui sobrepasado totalmente.
De todas formas aunque debe estar siempre dispuesto a dejarse sorprender, es posible que otros lo vean de otra manera. Para mi uno de los lugares más bellos de la tierra.













Un poco más adelante Salín paró el auto, por la izquierda venia un rinoceronte negro a unos 200 metros. Sabíamos que apenas había rinocerontes negros en el Ngorongoro, y que uno podía irse sin verlos, pero aquí estaba este hermoso ejemplar que caminaba hacia la pista, tenia que atravesarla para beber en el lago, así que delante de nuestro todoterreno y de 5 más que se habían detenido para contemplarlo, el majestuoso animal cruzo tranquilamente el camino. Cuando ya se alejaba dándonos la espalda unos 50 metros, se despidió con una excreción monumental que dio origen a las carcajadas de Hugo y de algún turista más.
Pequeños grupos de búfalos aparecían ante nosotros, y 300 metros más allá tres leonas dirigían sus pasos hacia ellos, pero la distancia era tal que los búfalos ni se inmutaban, se limitaban a girar la cabeza de vez en cuando para cerciorarse de los movimientos de las leonas.

Pronto la luz cambio, desaparecieron las nubes que antes habían hecho de filtro. Ahora el cielo lucia azul, con la luz directa, limpia y fuerte del medio día.
Una fila mixta de cebras y ñus de varios kilómetros de largo cruzaba la pista de tierra de izquierda a derecha, Salín paro el coche y pudimos ver durante bastante tiempo esta increíble escena. 200 metros más allá, otra fila un poco más corta cruzaba la pista por otro sendero. Y otro grupo más pequeño todavía, cruzaba también, pero esta vez de derecha a izquierda.
Cientos y cientos de cebras y ñus cruzaban a un lado y a otro del cráter, en un trasiego sin fin, en un espectáculo que para mi significó uno de los momentos más espectaculares de nuestro viaje.
Cuando llegó la hora de comer, nos dirigimos al pantano Mandusi, uno e los lugares más bonitos del Ngorongoro. En sus orillas los turistas detenían los todoterrenos para dar buena cuenta de los Pack Lunch.
En este lago hay que andar se con ojo, ya que si no vigilas bien la comida, los halcones pueden bajar rápidamente a apoderarse del rancho. Esta parte es un a de las pocas donde el turista puede bajarse del coche y pasear, siendo un lugar de gran concentración de aves, como la grulla coronada, el avestruz, la garza, el piquirrojo, la gallina de guinea, así hasta una lista interminable.
Después de comer acosados por un regimiento de gallinas de guinea, incentivadas por un trozo de pan que se le ocurrió tirar a Hugo, nos dedicamos admirar las increíbles vistas desde el lago Mandusi.
Continuamos la marcha bordeando el lago Magadi por el otro lado, a los pocos metros pudimos vislumbrar un chacal solitario, ya habíamos visto alguno antes pero no tan cerca como este.












Un kilómetro más allá pudimos ver un par de leonas en medio de la pista ignorando totalmente al todoterreno.
Al final del camino, a nuestra izquierda pudimos ver el pantano Gorigor, y allí pudimos apreciar las evoluciones de un enorme hipopótamo, reluciente, brillante, recién salido del agua.
Después de un día extraordinario por el cráter Ngorongoro, había llegado la hora de volver al Lodge. Esta vez subimos por una pista diferente de la de bajada, otra pista rojísima y con una pendiente brutal con grandes caídas desde las paredes verdes del cráter.
En un recodo de la pista, donde la tierra más roja era, le dijimos a Salín y Lodgardo que pararan, teníamos que hacer un recado pendiente. Rosa, la hermana de Marga, nos había pedido que le trajéramos un poco de tierra de Tanzania, ¿que mejor tierra que la del Ngorongoro?
Cuando llegamos al Lodge serían las cinco de la tarde, así que después de pasar fugazmente por las habitaciones, aprovechamos para sentarnos por última vez en magnífico mirador del lodge. Ya en silencio, otra vez con una birra Kilimanjaro y unos refrescos para los peques que aguantaron poco a nuestro lado, otra vez con las piernas en alto, desnudos los pies, recibiendo los últimos rayos del sol, mientras éramos conscientes del privilegio que teníamos al poder contemplar uno de los lugares más bellos de la tierra.

LAGO MANYARA

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Por la mañana temprano salimos en dirección al lago Manyara, más carretera, más chozas y más gente en el camino. Pequeños ciclistas en las pendientes con cargas considerables en sus bicis, tiendas en las carreteras de pinturas y tallas de madera.











De vez en cuando la carretera pasaba por algún pueblo, los tenderetes se hacinaban a uno y otro lado, talleres de bicicletas al aire libre, puestos de frutas, venta de somieres y camas de madera.
Una vez salías del poblado se mostraban grandes horizontes de naturaleza, rebaños al cuidado de masais, tres o cuatro chozas aisladas.













Después de unas horas de viaje llegamos al Manyara wildlife Lodge, antes atravesamos un pequeño poblado lleno también de tenderetes y vida.








El todoterreno atravesó el pueblo por un camino de tierra en mal estado, de aquí para allá circulaban bicis o bicicarros que cargaban grandes bidones de agua para la vida ordinaria, un kilómetro más allá de este grupo de casas apareció la entrada del Lodge.
La situación del Manyara wildlife Lodge, aunque menos aislado que los anteriores lodges, también era inmejorable: asomado sobre una loma altísima donde sus jardines terminaban en una caída vertiginosa hacia el Parque Nacional del lago Manyara, y terminando su horizonte en el mismo lago, salpicado de tonos rosados que le daban la gran masa de flamencos.
















El lodge tenia unos preciosos y cuidados jardines, y en ellos una piscina que fue bien aprovechada por los niños.
Después de dejar el equipaje y recoger los Pack lunch salimos inmediatamente en dirección al P.N. del lago Manyara. Habíamos decidido que nos merecía más la pena hacer una salida más larga que dos más cortas. Así que casi siempre pedíamos los Pack lunch para aprovechar al máximo esa visita, de esta manera llegábamos al hotel a las 4:30 de la tarde, con lo que nos quedaban dos horas de luz para relajarnos en el.






















Desde el Lodge bajamos una carretera que nos llevaría al PN. Del lago Manyara. En la bajada pudimos ver por primera vez, algunos baobab de tamaño considerable que ya anunciaban lo que nos encontraríamos en Tarangire al día siguiente. También vimos a unos cuantos pescadores en bicicleta, en el manillar un puñado de peces colgaba, trofeo de unas horas de pesca.
Nada más llegar al parque, Lodgardo nuestro guía, nos explico unas cuantas cosas interesantes de la flora y fauna de este lugar, a la vez que visitábamos un museo al aire libre que había a la entrada del parque.
Después de este primer aperitivo nos lanzamos de lleno a visitar el parque.
En este parque hacía bastante más calor que en Serengeti y Ngorongoro, con una vegetación verde y frondosa, grandes árboles….
Vimos muchísimas aves de todo tipo, impalas, cebras, dik dik, babuinos…























El Parque Nacional del Lago Manyara se propaga a los pies de la falla del Rift, una pared de 600 metros de altura. De los 330 Km cuadrados que ocupa el parque, el lago puede llegar a extenderse hasta 220 Km. En la estación húmeda.
El camino atraviesa una selva frondosísima de aguas subterráneas, gracias a esta particularidad adquiere la categoría de Parque Nacional. Las precipitaciones caen principalmente en las tierras altas del Ngorongoro filtrándose posteriormente al pie de la falla del Rift, que hace de presa natural, acumulándose el agua en el subsuelo de la selva del Parque Nacional del lago Manyara .Todo el perímetro de tierras que rodea este parque se vuelve amarillo en la estación seca, pero Manyara continúa siendo un oasis verde donde acuden las manadas

Nos acercamos a unos 200 metros del lago que es lo que habitualmente se acercan los coches durante la visita, desde esta distancia pudimos ver con más detalle la inmensa masa de flamencos sobre el lago.
Pero si uno quiere tener contacto más directo con el lago, debe disponer de más de un día para visitarlo. En el museo del parque se anunciaban circuitos en canoa y Kayat por el lago, bastante atractivo, pero había que elegir entre visitar y ver el parque o realizar otras actividades.
Nosotros veníamos a ver el parque y su lago. De los Parques que vimos, quizá el que menos “sensaciones” nos transmitió.
Pasadas unas horas no habíamos visto todavía los famosos leones del Manyara
, caracterizados por subir y dormitar encima de los árboles. Yo estaba un poco enojado ya que no habíamos llegado a primera hora al parque, que es cuando más posibilidades tienes de ver los leones en las alturas. Por lo visto, la fresca de la noche, el lago y las primeras horas de la mañana son factores que influyen para que los leones eviten el suelo, relativamente frío y húmedo a estas horas.
Nosotros habíamos llegado al parque cerca del medio día, Le habíamos dicho Lodgardo que no nos importaba madrugar y salir muy temprano de Ngorongoro para llegar a primera hora al lago Manyara, pero este nos comento que no hacía falta, y claro no veíamos ningún león subido a un árbol después de varias horas por el parque y menos con el calor que hacía.
Cuando la jornada en el Parque llegaba a su fin, vimos un tumulto de unos seis todoterrenos apelotonados debajo de una acacia, milagrosamente estaban contemplando los ansiados leones trepadores del lago Manyara. Dos leonas repanchingadas encima de una de las ramas más altas y ocultas, una apenas era visible, la otra se dejaba ver con cierta medianez según cambiaba de postura.
En este parque también tuvimos oportunidad de ver varias familias de elefantes. Incluso pudimos ver a un bebé elefante que hizo las delicias de todos, pero sobre todo de Hugo.
Este estaba entusiasmado ya que
el elefantito parecía intuir que la cabecita más pequeña que asomaba por el todoterreno era la suya, y por tres veces el pequeño paquidermo pareció arrancarse hacia el auto levantando su trompa de manera infantil e imprecisa y con pasos torpes. Hugo se reía a carcajadas cada que esto ocurría y el elefantito volvía a arrancarse con curiosidad hacia el coche.
























Este hecho ya nos había pasado alguna vez con Hugo, recuerdo un encuentro en Rábida (Galápagos) donde una cría de león marino abandonó a su madre para irse a “reunir” con Hugo (14 meses entonces), que a su vez se había “desecho” de su madre. Se miraron, se olieron, se tocaron, giraron arededor el uno del otro, se volvieron a mirar. Una escena que sorprendido a todos los que en ese momento la contemplábamos. De alguna manera lo bebes o crías de corta edad se reconocen en sus maneras graciosas e infantiles que invitan al achuche.












De vuelta al lodge Salín, el conductor, paró el coche de repente, bajó del coche, husmeó por el suelo, y cogió dos espinas de cuerpo espín que nos regaló.
Su agudeza y su ojo entrenado era capaz de percibir cualquier pequeño detalle del entorno.
Llegamos al wildlife Manyara lodge sobre las 4:30 de la tarde y aprovechamos para bañarnos en la piscina, leer un poco bajo la sombra de enormes árboles. Admiramos una vez más las inolvidables vistas hacia el lago, y vimos como una pintora japonesa dibujaba una acacia con primorosa precisión.




















Tarangire

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A primera hora de la mañana salimos hacia Tarangire, un parque caracterizado por la gran cantidad de baobabs y elefantes que habitan en el.
A este parque nos dirigimos directamente desde el lago Manyara, sin pasar antes por el Lodge de Tarangire.














Pero antes de teníamos una parada obligada, en uno de los puestos de la carretera. Nada más dejar el wildlife lodge, paramos a comprar semillas de baobab que nos llevaríamos para España para regalar y para nosotros mismos. Las compramos en un puesto de frutas donde también había plátanos de diferentes colores, verdes, amarillos, naranjas, verde oscuro. Allí tenían el fruto del baobat, un fruto de cáscara durísima y ovalada. Una vez partido, no sin cierta dificultad, se podían sacar unas 50 semillas, y la pulpa seca y blanco-amarillenta era un alimento apreciado allí, Pablo y yo la comimos
con gusto.












Nada más llegar al Parque Nacional de Tarangire, nos bajamos a estirar las piernas mientras Lodgardo hacía alguna gestión burocrática. También aproveché para echarme por enésima vez cacao en los labios. A estas alturas todavía los tenía bastante agrietados y resecos de la subida al Kili, y casi hasta el último día perduraron dos llagas labiales bastante molestas.















En la entrada al P.N. de Tarangire había un inmenso baobab al que rápidamente se dirigieron Hugo Pablo y Miguel. También había esparcidos en el suelo de la entrada cráneos de todo tipo de animales, ñus, gacelas, búfalos y sobre todo un grandísimo de elefante al que Pablo y Hugo prestaron mucha atención y terminaron sobando en cuanto nos descuidamos.













Nada más empezar a circular por las pistas de Tarangire, nos dimos cuenta de que este parque era especial. Cientos y cientos de baobab aparecían ante nuestros ojos. Habíamos esperado el momento de verlos, de hecho cuando buscamos un safari fotográfico, queríamos uno que incluyera Tarangire para poder ver de cerca estos monumentos vivientes de la botánica.

















Ese día, a primeras horas de la mañana, el cielo de Tarangire estaba encapotado, algo que se agradecía, ya que en este parque suele hacer mucho calor. Pero esa luz gris era un inconveniente para la fotografía, especialmente cuando uno quiere plasmar los bellísimos tonos rojizos que los baobab adquieren cuando el sol se posa en ellos. Pero hoy la luz sería gris y anodina las primeras horas.
















Avanzamos por la pista y nos dirigimos por un precioso recorrido hasta el río Tarangire. Allí cientos de elefantes se desperdigaban por una ladera adyacente al cauce. Salín paro el coche y el motor, esperamos un rato y vimos como el primer elefante iba bajando hasta la orilla del río, se metió en el agua que por aquí apenas tenia medio metro de profundidad, y empezó a beber. Un poco más tarde bajó un grupo de seis con un elefantito más pequeño. Poco a poco fueron bajando más, pudiendo contemplar en un escenario único a estos maravillosos y grandes animales.













La verdad es que nuestra situación era de privilegio, ya que el coche se paró en una especie de atalaya, y 15 metros más abajo teníamos el río Tarangire, que giraba formando un meandro rodeado de frondosa vegetación y arenas suaves en sus orillas.
El paisaje era precioso, y si existe el paraíso de los elefantes este sería Tarangire.

















Continuamos nuestro recorrido, donde el paisaje de baobabs no desaparecía nunca. Un poco más adelante vimos un coche parado en el camino, indicador de animales a la vista, Salín detuvo el todoterreno a su lado. Una familia de guepardos estaba agrupada junto a un gran baobab, en una especie de altillo del terreno que les permitía otear el horizonte. En un momento determinado uno de los guepardos adultos se puso a dos patas, apoyando las delanteras en el tronco del baobab, realizando posteriormente una hiperextensión con todo su cuerpo a modo de estiramiento al igual que hacen los humanos estirando los dos brazos para relajarnos o liberar energía. Aunque un poco lejos, disparé mi cámara y pude captar esta escena curiosa.











Más adelante se nos cruzó en la pista una manada de elefantes que venían “jugando”, se frotaban unos con otros, entrelazaban sus trompas y se empujaban. En un momento dado uno de los peques de la manada se cayó en el camino. Inmediatamente Hugo se preocupó por el pequeño paquidermo, este fue rodeado rápidamente por tres adultos que le ayudaron e insistieron pegados al peque, hasta que este se levantó.
Definitivamente Tarangire es el parque de los baobab y los elefantes.













Paramos a comer en un bonito mirador con vistas al río Tarangire. Este lugar tenía muchas especies de aves. Como en casi todos los sitios acondicionados para comer, las aves buscan donde alimentarse sin esfuerzo.
Después de comer retomamos la marcha, desde el todoterreno divisamos en un alto a un kilómetro de distancia un enorme baobab, incluso en la distancia sobresalía por su tamaño. Además tenía la particularidad de tener un agujero en su tronco que parecía una especie de puerta gigante, provocado por el desprendimiento de una porción de la base del tronco.













Le pedimos a Salín y Lodgardo que nos llevaran hasta allí aunque nos saliéramos del recorrido predeterminado.
Cuando llegamos vimos que el árbol era monstruosamente grande, el todoterreno a su lado parecía un juguete.
Tuve que estar muy convincente para que Salín y Lodgardo me dejaran salir a explorar a pie en uno de los lugares no permitidos.

Más de una vez con Hugo, tuvimos que hacer excepciones para hacer pipi, eso si, siempre al lado del coche con un adulto al lado y mirando los alrededores antes.
Pero esta vez yo pretendía separarme un poco más del coche y subir a la parte del tronco desprendida. Después de un tira y afloja, aceptaron finalmente mis requerimientos.
La visita mereció la pena, aquel baobab era extraordinario tanto en tamaño como en belleza.


Continuamos nuestro periplo por el parque, esta vez en dirección al Tarangire Sopa lodge. Durante un rato la pista ocupaba el cauce seco de un río y durante unos cientos de metros el todoterreno recorrió este río de arena fina.
De nuevo nos cruzamos con una manada de elefantes que se achuchaban y andaban arrancando grandes cantidades de vegetación para comer.
Según avanzábamos los baobab se sucedían de izquierda a derecha, cada vez más numerosos y bellos, ya que el día nublado había dado paso a un cielo abierto hacía ya unas horas. Esto daba a los baobat su color rojizo amarronado característico.
La verdad es que la forma de los baobab es curiosa, con un tronco descomunal y unas ramas mucho más delgadas en proporción con este, terminando en unas ramas secundarias raquíticas, yendo de más a menos.
El baobab es un árbol de tronco inmenso y ramas subdesarrolladas. Pero en su contexto, en grandes extensiones de hierba alta y seca, los baobab son brazos de tierra que el cielo abrazan, manos de dedos finos y afilados pidiendo agua a nubes viajeras, cientos de extremidades en suelo seco, garras que escapan de las brasas, dibujo de árbol de un niño.
Llegamos después de mucho recorrido al corazón del parque, Allí nos esperaba el Tarangire Sopa Lodge. En los demás parques nos habíamos alojado e los wildlife lodge pero aquí teníamos Sopa.
El lodge estaba rodeado de baobab por todos los lados, y los elefantes llegaban tanto por el día como por la noche hasta las mismísimas puertas del recinto.
El salón de recepción era un poco más refinado que el de los wildlife. Las habitaciones estaban en construcciones cilíndricas e independientes de dos plantas, dos habitaciones por planta. Nos dieron las de abajo pero inmediatamente pedimos cambiar a las de arriba que dejaban ver el horizonte desde sus ventanales y terraza de este bello parque.
Las habitaciones no estaban comunicadas como en los wildlife, así que tocaba salir fuera para ir de una a otra. Por otra parte estas eran más elegantes y “terminadas” en el Sopa y con mosquiteras correderas en vez de de techo.
Después de acomodarnos en las habitaciones, nos fuimos a la estupenda piscina del lodge, rodeada de increíbles jardines interiores y baobats por el exterior.
Cuando llegamos no había nadie en la piscina, y Miguel Pablo y Hugo estuvieron tirándose y corriendo alrededor de la misma, mientras Marga y yo tomábamos el sol en las tumbonas del centro, alternado con algún baño. A la media hora vino una familia danesa y luego otra alemana, pero nadie se bañó aparte de nosotros, el agua estaba bastante fría.
Después de una cervecita y unos refrescos con patatas para aguantar hasta la cena que nos sirvieron el la piscina, fuimos en busca de un ordenador para conectarnos a Internet. Ya habíamos comprobado que las tarifas de tanzania no eran precisamente baratas, sobre todo en los lodges. Aprovechamos esta conexión para realizar una transferencia al hotel de Zanzíbar, donde nos alojaríamos. Habíamos pensado pagarlo en efectivo ya que este hotel no lo habíamos pagado desde España, pero dado que el money contante y sonante iba disminuyendo a grandes pasos, decidimos pagarlo por Internet por transferencia bancaria a la cuenta bancaria del hotel de Zanzíbar que estos nos habían facilitado en otro correo anterior. Esta gestión nos dejo con más liquidez, aparte de que no estábamos seguros de que aceptaran la visa en nuestro hotel de Zanzíbar.
















Después de esta gestión nos fuimos a cenar, pero antes de la cena habíamos visto en los jardines del lodge, un dic dic y aprovechamos para hacernos unas fotos junto a un precioso baobat.






















En el comedor el buffet era parcialmente libre, uno se servia las ensaladas y posteriormente los postres y alguna cosa más que estaba en la barra del buffet, pero el primer y segundo plato se elegía a la carta, gratis también, entre seis platos disponibles. Se suponen que eran unos platos más elaborados, pero para nosotros era un engorro pedir cinco primeros y cinco segundos a los camareros, y nos parecía más sencillo el sistema de los wildlife, donde solo te preocupabas de pedir la bebida y todo lo demás lo cogías por ti mismo. Otra cosa que tampoco estaba en el buffet y había que pedirá los camareros, era el pan y el café de después de las comidas, en este caso cena.

Esa noche sería nuestra última noche en un lodge. Todavía nos quedaba nuestra última etapa: Zanzíbar, pero esta sería una aventura diferente…
A la mañana siguiente, mientras desayunábamos, se armó un pequeño revuelo, un elefante estaba debajo del inmenso balcón tras las cristaleras del comedor. Casi todo el mundo se levantó a verlo y hacerle fotos. Era una de las ventajas de los lodges, siempre situados en el mismísimo corazón de los parques.

Lodgardo y Salín nos recogieron y recorrimos el Parque Nacional de Tarangire hasta la salida en dirección a Arusha, donde tomaríamos nuestro vuelo a Zanzíbar.
Según salíamos del parque íbamos viendo los últimos animales, algunos elefantes, monos, aves, y sobre todo mil “manos” gigantes que saliendo de la tierra nos decían adiós.

MALARONE Y LARIAM (ANTIMALÁRICOS) - VACUNAS EN TANZANIA

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PROFILAXIS ANTIMALÁRICA, MALARONE SUBVENCIONADO POR S.S.














No quería dejar de comentar nuestras apreciaciones y experiencias con los antimaláricos o antipalúdicos (profilaxis de la malaria), que tantos quebraderos de cabeza dan.

















De momento nos tenemos que conformar con esta especie de anticipo medicinal que se toma para estar en mejor predisposición si contraes la enfermedad, es una manera de empezar la "carrera" contra la malaria con ventaja en caso de contraerla.
Digo de momento, por que el medico y también investigador Pedro Alonso, junto a su mujer también médico Clara Menéndez, allá en Mozambique, llevan casi 20 años trabajando y dirigiendo un equipo de casi 300 personas que desarrollan una vacuna contra la malaria. Esta, ya se ha ensayado con relativo éxito, aunque no total, de manera experimental y acotada en un estudio de campo sin precedentes con niños de corta edad, las principales víctimas de esta enfermedad en África. Todavía tendrán que recorrer un buen trecho, pero quizá en una década o menos tengamos la vacuna definitiva. Finaciados por Bill Gates y reconocido su trabajo en númerosas revistas científicas de todo el mundo, ya hubieran sido premio Nobel, o como mínimo candidatos si hubieran sido de otro país. Suerte a Pedro y su equipo.

A partir de ahora me referiré a la profilaxis antimalárica como antimaláricos, para abreviar.









Uno de los motivos por el que los viajeros se suelen echar atrás a la hora de visitar ciertos países, y más si vas con niños, es el de las posibles enfermedades que potencialmente pueden contraerse, en especial la malaria.
Digo potencialmente, ya que un turista normal, que no suele llegar a un mes de estancia en estos países y habitando en lugares con condiciones relativamente buenas, es bastante improbable que contraiga la enfermedad.
Pero la probabilidad no entiende de sutilezas, y no diferencia entre turistas, nativos, buenas y malas condiciones.
Aunque son pocos, todos los años hay algunos turistas que contraen la malaria y sus secuelas posteriores.
Uno debe decidir después de analizar diferentes disertaciones por mil foros, si se toma los antimaláricos o no.


Personalmente, creo que con el repelente con deep sería suficiente para estar protegidos en el plan que van la mayoría de los turistas. Pero desde casa te asaltan las dudas y solo ves peligros, una vez allí ves que el riesgo es mucho menor de lo que parece.
Uno ve como los guías y operadores que se desplazan con cierta frecuencia a estos países, terminan por no tomar estos medicamentos, porqué si no el perjuicio sería mayor, quedando destrozado el hígado de las sucesivas dosis de antimaláricos. Llevan años viajando sin contraer la enfermedad.
En fin, al final uno tiene que tomar la decisión por si mismo.

Nosotros nos decidimos por tomar la medicación antimalárica. Pensamos que Marga y yo en caso de contraer la enfermedad y no haber tomado los medicamentos podríamos enfrentarnos a la malaria con mayor garantía. Pero los niños, menos formados y con menos defensas, tendrían la primera batalla perdida de antemano sin esa profilaxis que ayuda al organismo a partir con ventaja en caso de contraer la temida malaria.

Como he dicho, una vez sopesado los pros y contras decidimos que todos los tomaríamos, los niños por si la mala suerte hacía que contrajeran la enfermedad, y con los antimaláricos en el cuerpo emprenderían con garantía la lucha contra ella. Y nosotros un poco por lo mismo y por “solidaridad”, todos tomaríamos la misma mierda química. Luego más adelante veríamos que no fue así.

De los diferentes antimaláricos que hay en el mercado, los más conocidos son Lariam y Malarone. Este último se supone que tiene unos efectos secundarios muy moderados en comparación con el Lariam.
Pero sobre esto también hay mucha literatura, “que si a mi el lariam me dejó como una rosa y sin problemas” otros en cambio dicen que con este producto sufrían alucinaciones y tuvieron que dejar de tomarlo. Algunos contaron que el malarone le revolvía el estómago y también dejaron de tomarlo.
Aun así parece que el malarone es mucho más tolerable que el lariam, aunque solo sea por estadística forera.
La posología del malarone es de un un comprimido al día, empezando un día antes del viaje y terminando siete después.
El larian se toma una vez (un comprimido o pastilla) a la semana, empezando, al menos, una semana antes y terminando cuatro después del viaje.


Se suele recomendar tomarlos con alguna comida, y si es posible con algún producto lácteo, siempre a la misma hora.

La otra diferencia fundamental antes de la subvención por la seguridadsocial de este medicamento era el precio, 50 a 60 euros era elprecio de una caja de malarone con 12 comprimidos, con lo que era probable que necesitaras más cajas con el consiguiente gasto.

MALARONE SUBVENCIONADO POR LA SEGURIDAD SOCIAL


Pero como he dicho antes, desde enero de 2009 el antimalárico malarone está subvencionado por la seguridad social y saldrá por un precio de unos 2.64 Euros la caja de 12 comprimidos, se acabó pagar precios desorbitados para la compra de medicamentos antimaláricos (prof. ant.), también terminó el peregrinaje por diferentes farmacias, ebay.. para encontrar el mejor precio. Supongo que será el comienzo de un floreciente mercado de venta de malarone a países donde no esté subvencionado, hasta que se les ocurra que solo deben darlo en vacunación internacional y previa demostración de que se va viajar a un país endémico.
De momento el medico de familia basta para que nos recete el numero de cajas necesarias para nuestro viaje. Algunas farmacias desconocen esta subvención y dudan, por lo que hay que apelar al círculo negro en el código de barras, que indica que ese medicamento está subvencionado. El problema viene cuando las cajas son más antiguas, no llevan el circulo negro y el farmacéutico no te cree. Pero bueno poco a poco se irán informando o les informaremos nosotros.
En fin es una gran noticia, y cuando los que viajan son muchos el ahorro se multiplica.




El lariam
cuesta unos 5 euros, creo recordar, y solo se puede comprar con receta del medico de cabecera, luego hay que ir a la Conserjería de Sanidad (con la receta) C/ Recoletos 1 en el caso de Madrid, mapa , allí en la primera planta está la Sección de Farmacia y Productos Sanitarios, horario de atención al público de 9 a 14 horas, de lunes a viernes.



El Lariam al tomarse una vez por semana y contener 8 pastillas da para mucho, con una caja tomas el comprimido de antes del viaje y los 4 de después, y todavía sobran 3 para 21 días.

Nosotros íbamos para 19 días, por lo que había que comprar varias cajas si te decidías por el malarone (se compra si receta). En principio nos decidimos por este medicamento, comprando 5 cajas en febrero, para no arruinarnos de golpe.
Pero esta compra fue un tanto especial y nos enseño algo.
Resulta que me estuve informando de la manera más barata de conseguirlas, después de unos correos a varias farmacias de Andorra, comprobamos que nos salían a 45 euros la caja, comprando varias envió gratis.
Aun así todavía muy caras para 5 personas y 19 días, así que busque en eBay, segunda mano y otros.
La gente ofrecía en estos sitios los restos de sus viajes, caja y media, 5 comprimidos, dos comprimidos, dos cajas que tuvo que dejar de tomar por que le sentó mal. Ofrecidos a precios que iban desde muy cercanos al precio original a más asequibles al bolsillo.
Para buscar esto en la red es útil saber que no basta con buscar en eBay.es, el español. Aunque en eBay.es aparecen también productos de otros países y enlaces a vendedores de diferentes naciones, estamos restringiendo nuestra búsqueda mucho, ya que muchos productos de otros países no aparecerán.
Uno puede meterse en eBay Francia http://www.ebay.fr/ , o de Reino Unido http://www.ebay.co.uk/ , o Alemania, http://www.ebay.de/ , así infinidad de países, basta con poner en google eBay Francia y nos saldrá la pagina deseada así con cada nación. Esto nos abre la búsqueda muchísimo a cualquier producto.

Al final adquirimos las 5 cajas por solo 25 euros cada una a un vendedor ingles que tenía buenísimas credenciales con muchos comentarios y votos positivos.
Luego esta compra nos dio ciertos quebraderos de cabeza, ya que tuvimos que comprobar a través del código de barras de las cajas si eran autenticas, mandando fotos de estos códigos a diferentes farmacias de Inglaterra y costó bastante cerciorarse.

Resulta que hay un mercado importantísimo de medicamentos falsos producidos principalmente en Asia, sobre todo los más caros.


Bueno todo este problema se ha acabado de golpe con la subvención de la seguridad social, con el consiguiente ahorro



Cuando fuimos a Vacunación Internacional para ponernos las vacunas de la fiebre amarilla, ya que las demás vacunas las teníamos al día de nuestro anterior viaje a China, nos dijeron que el Lariam resultaba muy tolerable para los niños. Había estudios muy serios sobre esto, con una casuística y estadística. Estos decían que como el hígado del niño no estaba formado del todo, era una ventaja y toleraba perfectamente el Lariam, con el añadido de ser un comprimido por semana. Después de unas cuantas preguntas y dudas, decidimos darle Larian a los peques.
Para Hugo, 6 años, y según su peso le correspondía un cuarto de pastilla semanal de Lariam, a Pablo con 12, le tocaba media.
Esta toma de decisión nos dejó mal sabor de boca, ya que a pesar de lo dicho en Vacunación Internacional, con un estudio hecho con un muestreo numeroso y fiable con niños de todo el mundo, parecía que los peques tomarían la “bomba” Lariam, mientras los más fuertes tomaríamos el “más moderado” malarone.













Una observación importante, el Lariam no tiene caja pediátrica ( especial para niños), no se necesita, ya que su pastilla es homogénea en su composición, y si le das ¼ de pastilla a un niño( Hugo), recibe ¼ de los 250 mg Mefloquina que tiene un comprimido, o sea los 62,5 mg. de mefloquina que tiene que recibir.
Pero si un niño toma malarone, tiene que ser pediátrico, ya que la pastilla en posología infantil de malarone tiene las proporciones adecuadas, No se puede sin embargo administrar ¼ o 1/2 de pastilla de una de caja de adulto, porque su pastilla no es homogénea. Una pastilla de adulto de malarone tiene 250ml. de autovacuona y 100 mg. Proguanil, clorhidrato. Y cuando uno da a ¼ de pastilla adulta a un niño, no recibe la cuarta parte de cada producto ( 62,5ml de autovacuona y 25 mg Proguanil ), sino que puede recibir una proporción errónea.

En resumen:

La pastilla de Lariam de adulto ( la única que hay) se puede dividir, a Hugo por su peso le correspondía ¼, a Pablo ½.
La de malarone de adulto no es divisible proporcionalmente y no se le puede dar a un niño o adulto de menos de 40kg. Se le dará comprimidos del malarone pediátricos según su peso.



Volviendo a nuestro viaje, pudimos observar la semana antes de nuestro periplo las reacciones de Hugo y Pablo, ya que estos empezarían a tomar el primer comprimido siete días antes. Su tolerancia fue fenomenal, tanto en España como en Tanzania, ningún efecto secundario. En cuanto a Marga, empezó a tomar el malarone un día antes del viaje, bueno en realidad cero días antes, ya que el primer día de toma, en teoria uno antes, estaba incluido en el viaje Madrid-Ámsterdam-Nairobi-Moshi, y así conseguía meterse una pastilla menos para el cuerpo. Al igual que a la vuelta, en vez de tomarnos hasta el séptimo día después de llegar, tomamos hasta el sexto, ya que también incluimos el día viaje de vuelta, no como día normal de toma (durante el contenido del viaje), sino como
día posterior, ya que es poco probable contraer la malaria en un día en el pasas todo el tiempo en hoteles, taxis, aeropuertos y aviones.

Pero Miguel (14 años) y yo teníamos otros planes, la escalada al Kilimanjaro nos condicionaba muchísimo la toma de antimaláricos. Resulta que los efectos secundarios del malarone si los hubiere, como mareos o nauseas, se pueden confundir fácilmente con el mal de altura o M.A.M (mal agudo de montaña), ya que la cima del Kili está a 5895 metros. Con estos datos decidimos no tomar nada de malarone hasta después de terminar la aventura en el Kilimanjaro, de hecho empezamos a tomar la primera pastilla el mismo día que bajamos.
El primer día y noche de viaje en avión, y posterior traslado en coche hasta Moshi, no corríamos prácticamente riesgo de picadura. Después del viaje, pasamos la primera noche en Moshi, y al día siguiente el todoterreno nos dejó a 1800 metros, de aquí en adelante no hay mosquitos peligrosos en el Kili.
Era muy importante para nosotros estar alerta de los indicadores que nuestro cuerpo nos mandaba en la montaña, para valorar cualquier atisbo de mal de altura (leve, medio o suave), y tomar las decisiones adecuadas. Si hubiéramos tomado malarone antes de subir, no hubiéramos sabido discernir si un mareo era por la profilaxis antimalárica o por el mal de altura. Este último hay que detectarlo y valorarlo inmediatamente, ya que puede tener consecuencias gravísimas.
Así que los antimaláricos después de la ascensión.

FIEBRE AMARILLA

Aunque la incidencia de la fiebre amarilla cada vez es menor en Kenia y Tanzania, precisamente gracias a los programas de vacunación cada vez hay menos enfermos de esta. Su vigencia es de 10 años.
La vacuna de la fiebre amarilla no es obligatoria si uno viene de un país sin problemas de esta enfermedad, como España y muchos otros. Pero como nosotros llegábamos a Tanzania a través de Kenia, que si tiene antecedentes de fiebre amarilla, era obligatorio llevarla puesta, si no nos hubiéramos quedado en la frontera de Kenia-Tanzania. También es obligatoria la vacuna cuando uno viaja a Zanzibar desde Tanzania (continente), aunque haya llegado directamente a este país. Si uno va directamente a Zanzíbar desde e un país sin incidencia de F.A. no necesita vacuna.



A nosotros no nos pidieron en ningún momento la cartilla de vacunación, pero siendo obligatoria en los casos anteriores, no merece la pena arriesgarse a quedar inmovilizado en un aeropuerto o frontera por una triste vacuna.

HEPATITIS A

La vacuna de la hepatitis A es muy recomendable, ya que también se transmite a través de los alimentos y el agua, incluso en la que se nada, a través de restos de heces de los que la padecen, que pueden aparecer en cualquier lugar y más en países con condiciones insalubres. Considerando que uno puede comer cualquier cosa que no se sabe quien manipuló, y no solo en la calle, incluso en los hoteles, es mejor ir inmunizado. Se pone en dos dosis. La primera nosotros la llevábamos puesta de nuestro viaje a China en julio de 2006, la segunda, unos meses antes de viajar Tanzania. Creo recordar que tiene efectividad para 10 años.

HEPATITIS B

La vacuna de la hepatitis B viene incorporada en los programas de vacunción de los niños desde 1992, los nacidos antes están expuestos a esta enfermedad y están obligados a vacunarse, o no. Su vía principal de transmisión es a través de relaciones sexuales. Al final cada uno decide si se la pone o no. Marga y yo nos la pusimos en 2008 por primera vez.



TIFUS

La fiebre tifoidea es una enfermedad que puede causar la muerte. La provoca un microbio llamado Salmonella typhi, y se transmite a través de comida o agua infectada. Muy recomendable, como las otras, para viajeros independientes y de largo recorrido. Se toma oralmente aunque no inmuniza del todo, cada 5 años se debe tomar dosis de refuerzo si se sigue viajando. Nosotros la tomamos antes del viaje a China 2006.

REPELENTES DE MOSQUITOS-DEET

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Además de la química interior (malarone,larian) para prevenir la Malaria, es recomendable poner una barrera entre los mosquitos transmisores de la enfermedad y nuestra piel. Estos habitualmente pican en las primeras horas del día y de la noche .
A la hora de aplicar algún repelente deberemos asegurarnos de que su composición contenga DEET (N,N-dietil-m-toluamida), hasta ahora la única composición demostrada de eficiencia antimosquitos.
El DEET fue patentado por el ejercito americano en 1947, en algunas guerras como la de Vietnam se llegó a utilizar en concentraciones de casi el 40% debido a la larga duración de las contiendas, la exposición continuada al aire libre y sobre todo la gran cantidad de mosquitos transmisores de la enfermedad.
Los repelentes recomendados contienen 20%-35% DEET. mayor concentración no es recomendable. Los repelentes pediátricos, para niños menores de 6 años tienen una concentración de DEET de entre 6% y 10%
Es aconsejable utilizar ropas que cubran casi la totalidad del cuerpo ( pantalones largos, camisas de manga larga si se está al aire libre a partir de las 5 o 6 de la tarde.
En cuanto a la duración del efecto del repelente, los estudios dicen que un 24 % de DEET proporciona aproximadamente 5 horas de protección contra picaduras, 20% de DEET proporcionan casi 4 horas de protección, 6.65 % de DEET unas 2 horas de protección.
Aunque hay diferentes compañías que fabrican estos productos, algunos en contenido solido tipo barritas, o incluso en sistema rolón, uno de los productos más conocidos en España con DEET es el llamado Relec, con varios tipos de concentraciones: normal, infantil, extra fuerte.
Por lo que habrá que tener especial precaución con los niños que utilicen productos pediátricos con menor concentración de DEET, ya que se les tendrá que aplicar con más frecuencia el repelente.


Una de las ventajas del Relec es que su contenido es de solo 50ml, por lo que se puede llevar algunos envases(de hasta 100ml) en las bolsitas de plástico con capacidad hasta un litro que hay que pasar en los aeropuertos, por cierto estas bolsas de plástico se pueden conseguir en muchas tiendas de los chinos, nosotros usamos estas en el aeropuerto de Barajas y Amsterdam y no hubo problema alguno. Esto viene bien por si nos pierden la maleta y tardamos un tiempo en conseguir el DEET en el país de destino, donde suele haberlos en mayor concentración, incluso en algunos hoteles.
Nosotros llevamos la mitad de los envases dentro de las maletas y la otra mitad en el equipaje de mano. También llevamos en el equipaje de mano toda la ropa técnica, incluidos sacos de la escalada al Kilimanjaro, total eramos 5 para repartir el material de escalada de dos, y así no nos arriesgábamos a quedarnos sin una de las mayores aventuras que allí vivimos.

ZANZÍBAR-NUNGWI

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NUNGWI

Dejamos Tarangire, y durante el camino por carretera aprovechamos para comprar una figura de madera y un óleo en una tienda de la carretera. Después de un duro regateo llegamos a un acuerdo. Nos envolvieron la masai de 1,20 metros de altura, pero no elegimos la opción de mandarla a casa, ya que salía por tres veces el precio de la figura. Así que otro “mamotreto” más al equipaje.

Después de una horas por carretera, llegamos a la agencia Boby tours en Arusha, allí recogimos las mochilas de la escalada al Kilimanjaro y una maleta con aletas y gafas entre otras cosas.
Y a con todo el equipaje, Lodgardo y Salín nos llevaron al pequeño aeropuerto de Arusha, allí nos despedimos con pena de los que fueron nuestros guías y numerosas veces nuestros ojos, para indicarnos el lugar de cualquier animal por camuflado que estuviera. Fueron echados de menos muchos días por los chicos y no tan chicos, sobre todo por Hugo, que decía de vez en cuando: “que pena Lodgardo”. La verdad es que Lodgardo era bastante bromista y había congeniado bien con los peques.
















A la hora de facturar estábamos un poco temerosos por nuestra cantidad de equipaje: 4 maletas (tres grandes y una pequeña), dos mochilas grandes y cuatro entre medianas y pequeñas, estas 4 últimas no las facturamos.
En total 92 Kg, unos 18-19 kg por cabeza, el máximo eran 23 Kg., sin problemas.
















Aunque intentamos no llevar mucho equipaje, dentro de lo que significa esto con niños, esta vez llevábamos más de la cuenta, ya que al equipaje normal había que añadir dos mochilas grandes y dos pequeñas de escalada con mucha ropa técnica, botas, gore-tex, forros …
Al final no llegamos a nuestro umbral máximo de peso, y todavía podíamos haber llevado 23 Kg. más. Además viendo como viajaba alguna pareja que pasó por facturación con 50 Kg. para los dos, nosotros íbamos hasta ligeros.













A las tres de la tarde salía nuestro avión, un aparato mediano con dos filas a cada lado.
Cuando ya estábamos sentados una azafata nos preguntó si no nos importaba que Pablo viajara en la cabina con el piloto, nosotros le dijimos que “if he Want, no problem”. Pablo después de dudar un momento aceptó encantado. Por lo visto había overbooking y una pasajera inglesa se quedaba sin asiento. Decidieron que era más factible pasar a un niño a la cabina que a un adulto.
Pablo a la llegada a Zanzíbar nos contaría lo bien que se lo pasó y las que vistas tan increíbles que se apreciaban desde la cabina del avión. Nos contó también que el piloto y la azafata bromearon con el, diciéndole que si tocaba tal palanca saldría despedido del avión.













Por las ventanas del avión pudimos ver la maravillosa isla de Zanzíbar, con las preciosas casas de Stone Town, las interminables playas de traslucidas aguas y su exuberante y verde vegetación.















Aterrizamos y cogimos un carro de maletas que aquí se cobran a un dólar. Después de regatear tomamos una furgoneta por 50$ que nos llevaría a Nungwi , un pueblo de pescadores y constructores de dhows, barcos típicos de Kenia, Tanzania y otros pueblos de África.
Nungwi estaba situada en punto más septentrional de la isla por lo que se tarda más de una hora en llegar. Más adelante llegaríamos a ajustar el precio del trayecto Aeropuerto-Nungwi o Stone Town-Nungwi por 30$, pero ese día, cansados y cargados hasta las cejas dimos por bueno el precio anterior.












Recorrimos la isla de sur a norte. Por el camino pudimos observar la exuberancia de la isla, llena de verde por todos lados. Miguel Pablo y Hugo observaban por las ventanillas del auto el cambio de población de Tanzania continente a Zanzíbar. La población de mayoría musulmana se apreciaba al instante, a un lado y a otro de la carretera se veían mujeres ataviadas con el típico chador, algunas incluso con el velo.













No hay que olvidar que Zanzíbar tiene unos fascinantes antecedentes de influenciada persa, árabe, musulmana y portuguesa y británica…

Zanzíbar fue el centro para el tráfico de esclavos del este entre los siglos XVII y XIX, cuando fue reglado por el sultán de Omán. El gobierno británico llevó al término del tráfico de esclavos a fines del siglo XIX bajo el gobierno del sultán omani Hamoud bin Mohammed, controlado por los británicos.
Zanzíbar también tenía un floreciente mercado de marfil y especias y fue punto neurálgico y estratégico de África, Oriente Medio, India y China.















Toda esta influencia queda marcada en la isla, especialmente en Stone Town, pero fueron los árabes quienes mayor impronta dejaron en la isla.
Recientemente Zanzíbar ha prohibido el sexo entre personas del mismo género. Las relaciones sexuales lésbicas son penalizadas con un máximo de siete años, mientras que las relaciones entre hombres pueden llegar a una pena máxima de 25 años.
Se cultivan cocos, clavo y cacao para la exportación; la pesca también es importante para la economía local













Stone Town es un lugar de hermosas calles, torres circulares, puertas de madera talladas al estilo indio y hermosas mezquitas e iglesias. Los lugares arquitectónicos más importantes son el Puente Guliani, Livingstone y el palacio construido por el Sultán Barghash en 1883 llamado House of Wonders














Llegamos a Nungwi a las 5 de la tarde. Por lo que pudimos ver todavía de día la maravillosa playa a la que “desembocaba” el pequeño hotel, playa de arenas blancas y limpias llenas de restos de caracolas y conchas rotas.
Las aguas de azul imposible que tantas veces habíamos visto en fotos, eran navegadas por dhows (veleros autóctonos) de diferentes tamaños.













Nuestras habitaciones en el hotel estaban integradas en un bungalow de una sola planta con tejado de makuti (paja local) a modo de adorno sobre el original. Cada bungalow tenía dos habitaciones, todas las del hotel daban a la playa. Uno salía descalzo de su habitación y ya estaba en la playa, el primer paso al cruzar la puerta era en la arena blanca. El hotel también tenía un restaurante cuyas mesas estaban en la misma playa bajo un cobertizo o porche también de makuti.

Allí comimos y cenamos muchas veces, y esa noche lo haríamos por primera vez a la luz tenue de unos candelabros, la arena bajo nuestros pies, el mar con su brisa suave y cálida, y sonando de fondo la agradable y típica música de Zanzíbar o música Taarab.

















Nungwi no nos defraudó, ni el primer día ni ninguno. Habíamos elegido Nungwi por varios motivos:
Aunque Zanzíbar tiene muchas playas extraordinarias que merecen la pena, nosotros teníamos claro que Nungwi era nuestro destino y la población que más se ajustaba a nuestra manera de viajar.
Nos inclinamos por Nungwi por ser un pueblo de pescadores y fabricantes de dhows (veleros autóctonos) de manera artesanal. Por otra parte Nungwi era una población tranquila, pero con el atractivo de tener también zonas con algo de ambiente si uno quiere diversión.















Queríamos huir de los súper hoteles de la costa Este con una gran masificación de turistas, maravillosos sin duda en dotaciones, pero aislados totalmente de la población.
Nungwi ofrecía playas, zonas de ocio y población autóctona tanto musulmana como no profesante de esta religión.
Por otra parte nosotros tuvimos en cuenta los ciclos de mareas para elegir Nungwi, y no una parte cualquiera, sino la costa Noroeste de esta población, lo suficientemente al sur del noroeste de Nungwi como para estar en la parte tranquila.



Otra de las ventajas de Nungwi es que uno puede bañarse en sus playas sin depender de las mareas, las playas siempre están disponibles. No hay que atravesar cientos de metros andando para bañarse cuando baja la marea, como en otras partes de la isla.
Solo con estos motivos tendríamos suficientes razones para elegir Nungwi. Pero además esta población se caracteriza por tener preciosos fondos marinos para el snorkeling y buceo con botella.






















Por otra, otro de los motivos por el que nos inclinamos por Nungwi, es que casi todas sus playas están a barlovento de la isla, los vientos fuertes están a sotavento (Este). Normalmente la zona de la islas que mira al continente tienen aguas más tranquilas y vientos suaves, al igual que les pasa a nuestras maravillosas islas Canarias, por ejemplo, en las playas de barlovento del Parque natural de Jandía en la Isla de Fuerteventura todo es calma en barlovento o la parte que mira al continente, si te vas a sotavento es otro tipo de playa, como Cofete, salvaje, solitaria y ventosa pero también imprescindible por su belleza avasalladora. En Lanzarote pasa otro tanto con playa blanca y sus tranquilas aguas y toda la costa que mira al continente. Bueno me estoy enrollando temerosamente.



Prosigo, es verdad que en el este de Zanzíbar hay playas extraordinarias, y si uno busca un cuadro puede que se decante por el Este. Pero si busca playas siempre accesibles y bañables, el Oeste es mejor generalmente. Ahora que si uno quiere solo playa y Windsurfing el Este es su sitio.
Todo lo anterior es matizable y generalizado. Pero venir a Zanzíbar y no ver siquiera un poquito del maravilloso “bosque” subacuático, es una perdida irreparable.
Siempre me ha “chocado” (como decía mi abuela que en paz descanse) como mucha gente es capaz de llegar a lugares de fondos increíbles, y limitarse simplemente al disfrute de superficie. Todo el cuerpo dentro del agua y la cabeza y todos los sentidos en el exterior.



Si uno se asoma a estos fondos, puede ver corales, conchas, una especie de ostras gigantes, estrellas de mar. En algunos sitios hay que adentrarse 100 m en el mar para empezar a ver en otros con 20 metros basta.
Nosotros practicábamos snorkeling por parejas cuando nos adentrábamos más de la cuenta. Casi siempre yo con alguno de la familia, con Pablo, con Miguel, con Marga, con Hugo.
De vez en cuando me metía más lejos en solitario y bajaba con mi neopreno y plomos para traerles una colección de estrellas de mar, caracolas y demás joyas marinas.
Pablo y Hugo disfrutaban mucho “jugando” y observando estas “frutas” del Indico.
Durante los días que estuvimos en Zanzíbar los cinco pudimos contemplar parte de estos coloridos fondos.



El segundo día dedicamos casi toda la mañana a bañarnos en la playa y bucear. Por la tarde después de una comida temprana, recorrimos a pie toda la costa Oeste de Nungwi hasta llegar al faro.
Vimos como nuestra playa iba dando paso a sucesivos pequeños hoteles a pie de mar, algunos sin playa, más adelante aparecían de nuevo grandes extensiones de arena blancas con cocoteros.















Después de un kilómetro y medio de playas bellísimas casi sin construcciones, nos adentramos en una zona con barcos de pescadores, algunos arreglaban sus redes, otros venían en ese momento de pescar con buenas capturas. Hugo, Pablo y Miguel contemplaban de cerca a un pescador que traía peces y un pulpo. Un poco más allá tres niños golpeaban con un palo a otro pulpo para reblandecerlo.



Unas niñas se medio bañaban con vestidos que parecían de época. Les hicimos unas fotos y les dimos una propina, se pusieron tan contentas que empezaron a bailar y cantar en el agua. Hugo repetía el estribillo swahili.



A 300 metros aparecieron los primeros dhows o barcos varados en la arena, algunos de ellos estaban siendo reparados, otros en plena construcción. Marga y yo observábamos divertidos como nuestros chicos miraban con mucha curiosidad la labor de estos artesanos. 100 metros más allá, vimos un grupo de unos 5 hombres que pintaban, lijaban y reponían tablones de un gran barco.
La verdad es que esta caminata fue uno de los paseos más bonitos que hemos hecho nunca por una playa.



Pero todavía nos quedaba una sorpresa más. Cuando llegábamos casi al punto más septentrional de la isla, un niño nos salio al paso y nos preguntó si queríamos ver tortugas marinas. Nosotros sabíamos que por aquí era posible verlas porque habíamos visto fotos en Internet de gente dándoles de comer.

















Aceptamos la invitación del niño y este nos condujo a una zona al final de la playa. Allí había una especie de cobertizo de paja justamente donde terminaba la arena. Detrás del cobertizo una puerta de madera incrustada en un muro que encerraba una finca de grandes dimensiones. En el cobertizo de paja a modo de chiringuito playero, nos atendieron un grupo de jóvenes tanzanos que nos cobraron la entrada al recinto (finca) de las tortugas marinas, justo detrás de los muros. Un guía nos acompañó y nos abrió la puerta del muro, nada más entrar vimos que al otro lado había una especie de estanque bastante grande de agua salada. El guía nos condujo por una pasarela de madera que atravesaba el estanque y terminaba en el centro del mismo. Allí una escaleras de piedra bajaban directamente al agua. El guía tomó unas algas que tenía en un cesto y las acercó al agua, al instante aparecieron unas tortugas de enorme tamaño que sacaron la cabeza para comer de sus manos. Pronto le imitamos todos y al cabo de un rato estábamos descalzos en los tramos de escaleras que se sumergían en el agua. Después de unos minutos donde Hugo parecía que iba a acabar con la reserva de algas de Zanzíbar, le preguntamos al guía tanzano si podíamos bañarnos en el estanque con las tortugas. Por su cara de sorpresa, deducimos que de los pocos turistas que frecuentaban este lugar ninguno le había hecho esa propuesta antes. Salió al cobertizo de fuera y habló un rato en swahili con los jóvenes que nos habían vendido la entrada, vino de nuevo hacia nosotros y nos dijo que deberíamos pagar más cambio del baño. Como el precio estaba bien y no queríamos perder esta oportunidad, pronto estuvimos despojándonos de la ropa y quedándonos en bañador.





















Hugo, Pablo y yo decidimos enseguida meternos en el estanque, Marga no tenía muchas ganas, y Miguel después de la subida al kili, digamos que estaba más conservador, había quemado muchas energías físicas y mentales en ese empeño, y había vivido en pocos días una de las experiencias más bonitas de su vida, así que estaba un paso por detrás de sus hermanos en vivir nuevas experiencias. El kili había colmado su vaso para una buena temporada.
















Primero me metí yo, y las tortugas rápidamente vinieron hacia mí, cogí un puñado de algas y se las fui ofreciendo tanto por debajo como por encima de la superficie del agua. Luego se metió Hugo y las estuvo tocando por encima del caparazón, cuando se metió Pablo en principio se dedico a acariciaras, pero un patadón de una de estas hizo que les cogiera cierto temor, y tanto Hugo como Pablo se reían nerviosamente cada vez que alguna tortuga les rozaba con sus patas o caparazón. Al final los niños contagiaron a las tortugas y estas empezaron a ponerse nerviosas también. El guía nos decía “pole pole” (despacio) .















Al final Pablo y Hugo terminaron agarrados a mi espalda mientras reían a carcajadas, y aquí el que les habla era usado de escudo.
Aunque intenté hacer alguna foto debajo del agua, estas no salieron demasiado bien ya que habíamos levantado el lodo del fondo y el líquido elemento empezó a enturbiarse.
Por último y después del baño, el guía nos enseñó el criadero de tortugas. En unos recipientes de plástico a modo de cubos de diferentes tamaños, estaban depositadas las tortugas según su mayor o menor envergadura. Miguel Pablo y Hugo tuvieron la oportunidad de coger, tocar y manosear estos hermosos ejemplares, que en edades tempranas tienen una tonalidades más graciosas y coloridas que sus hermanas mayores.

De vuelta al hotel pudimos ver una vez más a los masais de playa. Si, también en Zanzíbar hay masais, eso si, con ciertas particularidades que los diferenciaban de los que estaban en su medio natural. Los masais de Zanzíbar iban mucho más adornados, con pelos mucho más largo y con más ajuar en el, más tobilleras y pulseras que ningún otro masai, gafas de sol y algún que otro paquete de tabaco. En fin eran una especie de “locomias -como les llamaba Pablo- muy parlanchines y vistosos, andando de acá para allá todo el día, dejándose ver, exhibiéndose, parándose en grupos, por parejas, tríos, a charlar en medio de la playa o calle. La discreción y austeridad del masai de campo, con sus cabras y sus chozas no iban con el masai de Zanzíbar, mucho más “aderezado” por fuera que por dentro, algunos con prósperos negocios en la costa.




ISLA DE MNEMBA-ZANZIBAR

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ISLA DE MNEMBA

Al caer la tarde, ya en la playa frente a nuestras habitaciones, entablamos contacto con los jóvenes nativos de Zanzíbar, que tienen sus puntos de operaciones y sus barcos en plena playa y ofrecen excursiones a los turistas. A nosotros no nos quedaba más remedio que contratarlas con ellos, ya que habíamos contratado el vuelo y el hotel de Zanzíbar por nuestra cuenta.
















Estos jóvenes nativos, también llamados profusamente en los foros “los chicos de la playa”, se ganan la vida ofreciendo excursiones en barco (con comida incluida) por toda la isla.
Nosotros escogimos ir a la isla de Mnenba, situado al Noreste de Zanzíbar. Después de un regateo llegamos a un precio razonable por los cinco.
Solo haríamos esta excursión y la de Stone Town, ya que al estar pocos días en Zanzíbar preferíamos descansar y bucear en las playas cercanas.
Nosotros teníamos algunas gafas y aletas para bucear, pero no hubieran hecho falta en la excursión, ya que incluyen el material (aletas y gafas) sin ningún coste añadido.













A la mañana siguiente, sobre las nueve de la mañana nos embarcamos en el velero motorizado con unos 10 turistas ingleses. Vimos al zarpar como lavaban un gran pescado de 80 cm para el almuerzo. Partimos y fuimos bordeando la costa, marga y los niños se quedaron en la parte baja del barco, yo me subí al techo con dos parejas de ingleses. Mientras el barco seguía su rumbo vimos como preparaban el pescado con un relleno a base de zumo de limón y oteros condimentos, todo ello en la proa del barco, otra curiosidad más de esta aventura.


















Según avanzábamos por la costa, iban apareciendo sucesivas y preciosas playas vacías, sin ninguna construcción desde hacía ya muchos kilómetros.
A un par de kilómetros de Mnenba se empezaba a ver el esplendor de esta maravillosa isla, desierta y llena de paleras y playas vacías. A 500 metros de la isla apareció una familia de delfines que fueron bordeándonos por babor y estribor, nos acompañaron bastantes metros, por lo que pudimos disfrutarlos un buen rato. Todo el barco estaba encantado de verlos saltar. Hugo aplaudía de felicidad.
















El barco fondeo a unos 100 metros de la orilla después de un viaje de dos horas y media. Antes de bajar a practicar snorkeling nos explicaron que no se podía pisar la isla, solo se podían ver sus fondos ya que esta isla es privada. Así que bajamos todos y nos dispusimos a admirar los fondos de Mnenba.


A pesar de estar parcialmente nublado, pudimos ver multitud de corales rojos, amarillos, azules, violetas… fantástica y electrizante visión, seguramente el fondo marino más bonito que hemos visto nunca, sembrado de corales multicolores, ostras gigantes, estrellas marinas y rayas. Toda una maravilla natural para los sentidos.
















A Hugo nos lo íbamos turnado Marga y yo, pero llegado un momento estaba cansado, así que decidimos llevarle a la orilla. Nada más posar los pies en ella, un hombre tipo guardaespaldas salió de no se sabe dónde, a increparnos por pisar tierra. La verdad es que le podíamos haber discutido donde empezaba y terminaba la isla, ya que solo con poner el dedo gordo en el agua, ya estábamos en el mar. De todos formas este hombre se dirigió a nosotros de malas maneras y vociferando todo el rato. Algo le contestamos nosotros, entre otras cosas por sus modos, entre otras cosas porque gritaba contra un padre y sus hijos de 12 y 6 años, que éramos los que estábamos allí en ese momento.
















Volvimos al barco después de unos 30 minutos de snorkeling con unos fondos realmente hermosos, pero con el mal sabor de boca de haber aguantado a ese energúmeno.
Llegó la hora de comer, y para ello el barco se trasladó al noreste de Nungwi, justo enfrente de la isla de Mnenba, en 10 minutos estábamos allí. La comida estaba ya preparada, ya que al dirigirnos a Mnenba habíamos dejado a un miembro de la tripulación con el pescado y otras viandas.
La comida, pescado con arroz, nos supo bastante bien después de los chapuzones.






















Como me había quedado con ganas de bucear más, comí rápido y me dirigí al barco de nuevo, en ese momento fondado a unos 150 metros. Me puse el neopreno y los plomos y al agua. Estuve unos 40 minutos y tuve que adentrarme unos 400 metros para ver fondo, ya que el principio era arenoso solo salpicado con aluna roca con algas. Estos fondos no eran tan vistosos como los de Mnenba aunque no estaban mal.















Después de ese tiempo, encontré entre otras cosas una caracola grande y muy especial, con largas púas en sus extremos. Cuando volvía la barco me di cuenta que este se estaba dirigiendo hacia a mi con la tripulación a bordo. Subí y todos miraron con curiosidad la caracola, un ingles de unos cincuenta y tantos años me recriminó, medio en broma medio en serio señalando a la caracola, que si esto no era de National Park. A lo que yo le respondí señalando a su tripona, que el pescado que llevaba dentro también era de National Park.













Hugo, Pablo y Miguel, cogieron la caracola y la estuvieron explorando durante el viaje de vuelta, con algún conato de disputa por retenerla más tiempo entre sus manos.
Casi todo el mundo en el barco iba medio tumbado y más relajado que a la ida. La vuelta se hacía en otras dos horas, la última hora a vela y más cerca de la costa de Zanzíbar, por lo que se podía apreciar a sus gentes en la playa, pescadores, algunos niños, playa vacía, dhows y otros bracos grandes de madera rotos y varados.













Esta última hora navegando a vela y en silencio resultó muy placentera, el barco a su vez se veía engalanado con ese gran velamen blanco y majestuoso sobre las aguas transparentes de Zanzíbar.
Llegamos a nuestra playa y por fin nos despedimos de la tripulación y compañeros de viaje. La verdad es que desde donde estábamos-Oeste de Nungwi- el viaje era muy largo (2,30h ida y 2h vuelta) para el tiempo real de snorkeling, pero hay que decir también que el propio viaje era muy agradable.
















De todas formas, después de esta experiencia y por nuestra manera de viajar, casi siempre por libre, pensamos que realizar las excursiones con los chicos de la playa es mejor que hacerlo con una agencia, pero aun así ellos también funcionan como una agencia más pequeña y barata, por lo que lo ideal hubiera sido( teniendo más días en Zanzíbar) negociar con cualquier pescador que nos hubiera llevado en plan más tranquilo y a nuestro aire, como tantas veces habíamos hecho en algún lugar con costa de anteriores viajes.
















En esta excursión los niños se lo pasaron muy bien y disfrutaron bastante de la experiencia, sobre todo con los delfines y el snorkeling, con unos fondos extraordinarios en la isla de Mnenba.




STONE TOWN - ZANZÍBAR

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STONE TOWN

A las 8:30 de la mañana salimos de Nungwi en dirección a Stone Town. Después de unos días de descanso habíamos emprendido este momento con ganas. El día anterior habíamos apalabrado en la misma playa la ida y vuelta a Stone Town y un tercer viaje al aeropuerto para el día de partida. Tres viajes de 1:30h cada uno por 100 $ y en furgoneta.
Llegamos a Stone Town y le dijimos al conductor a las 3:30 de la tarde. El coche nos dejó en el palacio construido por el Sultán Barghash en 1883, conocido como House of Wonders, de allí partimos a ver las primeras, pintorescas y encantadoras calles, con su no menos interesantísima población.






























Multitud de tiendas en callejuelas laberínticas, mil aromas de especias en el aire. Un carro lleno de limones aparece al doblar una esquina, como un fogonazo amarillo . Una mujer con cestas de una especie de lichis rojo fuego, un hombre mayor en bicicleta de cuyo manillar cuelgan dos grandes peces naranjas, pasa por un estrecho callejón sorteando a un niño en el suelo que juega con un coche de chapa. Todo eran fotos de vivos colores, rojos blancos, verdes amarillos, rosas, frutas, tallas, cajas de madera, ventanas de colores, caras singulares, collares…
















Después de deambular un rato nos dirigimos al mercado de la fruta y especias. Un estallido de vida, trasiego y color asomó de nuevo ante nuestros ojos, a Hugo había que pararle para que no tocara todos los puestos.
Que sensaciones tan fuertes provoca recorrer un mercado sin prisas, observando cada niño, mujer, hombre, anciano; cada detalle, olores colores…
Mezclados con todo el mundo, allí los cinco, viendo, mirando, cada esquina que doblábamos deparaba una nueva sorpresa o visión.
























Era un momento en el que uno tiene que ser consciente del lugar y momento donde está, pellizcarse para cerciorarse de que no es un sueño, como en el mercado Khan el Khalili de El Cairo, el Gran Bazar de Estambul, o las calles de Pingyao.
Pablo, mi hijo mediano de 12 años, me dijo antes del viaje a Tanzania que se iba a fijar mucho en todo y disfrutar completamente durante todo el recorrido, ya que al volver de nuestro último viaje a China, le dio la sensación de que se le escapaban las vivencias una vez en España. En el fondo esa es una de las razones por las que escribo estos diarios, ya que por mucho que uno viva y recuerde estas sensaciones del viaje, el tiempo termina por borrar algunos detalles, aunque no la esencia del mismo, que no es otra que la apertura de miras, otras referencias, otras maneras, “otros andares y nuevos vientos”

Algo así:

EL VIAJERO

“Quiero otros mares quiero otros soles,
otras laderas y nuevos vientos.
Busco otras gentes otras maneras,
otros saludos nuevos acentos.
Otros vestidos otras miradas,
nuevos andares nuevas pisadas.
Otros castillos otros caminos,
nuevas montañas con nuevos ríos.
Otros colores otras ternuras,
nuevos aromas cien mil olores.
Nuevas estrellas y nuevas nubes,
otras veredas y otras costumbres.
Otras harinas y otras cebadas,
otras carrozas de todo y nada.
Nuevos amigos y nuevas brasas,
otro aguardiente que queme mi alma.
Nuevos desiertos nuevas lagunas,
otras veredas con otras rutas.
Y nuevos aires y nuevas flores,
y hasta otra lluvia de otros colores.
Y otro cansancio y anocheceres,
otros raíles que a mí me lleven.
Y otro vivir de cómo yo vivo
para vivir lo que yo no vivo”.






Así que ahora Pablo iba mentalizado para pellizacarse varias veces, y decir “ahora estoy aquí y me queda mucho tiempo para disfrutar este momento, Carpe diem, respirar la atmósfera del mercado, mira, siente toca.
Aquí en el mercado de frutas de Stone Town era el momento de pellizcarse y de sentir la vida.



















Después de un buen rato disfrutando del mercado decidimos comprar unas minicestas típicas con multitud de espécias, un poco de buen café de Tanzania y algo de te.

Por supuesto yo no perdí la oportunidad de disparar mi cámara ni un momento, eso si con discreción.






















Hicimos un alto ya que necesitábamos buscar una farmacia, Hugo copio un calentón después de nuestro periplo en barco hasta la isla de Mnemba y hoy tenía fiebre. Le habíamos dado apiretal pero la fiebre no terminaba de bajar. En estas situaciones solíamos alternar apiretal con dalsy y así tener dos componentes (paracetamol e ibuprofeno) para combatir la fiebre. Pero el dalsy había estallado en una de las maletas y solo podíamos darle apiretal cada ciertas horas, sin poder alternar el tratamiento con dalsy.

















Después de buscar un rato encontramos una farmacia donde nos dieron un jarabe con ibuprofeno, y exactamente igual en composición que el dalsy. Le dimos el medicamento inmediatamente , el ibuprofeno de este más el paracetamol del apiretal que le había tocado tomar hacía una hora, hicieron que le bajara casi toda la fiebre.














Continuamos nuestro recorrido visitando la parte del mercado correspondiente de pescados y carnes. Miguel, Hugo y Marga se quedaron fuera esperándonos, mientras que Pablo y yo saciábamos nuestra curiosidad. Es mercado de carnes que vimos después del de pescado resultó ser menos vistoso, entre otras cosas porqué casi todos los mercados de países de condiciones “precarias”, suelen tener la carne de cualquier manera en plan casquería desparramada, pero el de pescado nos dejó a Pablo y a mi con la boca abierta, a pesar que los viejos mostradores de madera no exentos de cierta solera, no se parecían en nada a las asépticas pescaderías europeas, pero ya se sabe, una isla lo que predomina son los frutos de mar, y a pesar de las condiciones el producto se imponía al lugar.






















Nada más entrar en la parte del mercado dedicada al pescado, que era un recinto cubierto, un fuerte olor a pescado y otras viandas marinas se apoderó de nosotros. Allí en el primer “mostrador” a la izquierda un enorme pez espada descansaba al lado de otros especimenes más pequeños, detrás, un bigotudo pescadero atendía a una compradora con atuendo musulmán. Pescados fresquísimos, algunos recién traídos, más allá atunes plateados brillaban, mojados, con luz propia. A Pablo y a mi este tipo de fisgoneo nos fascinaba.

Una niña pequeña y solitaria, de apenas 8 años, deambulaba por el centro del recinto, a su derecha e izquierda iba dejando los puestos del mercado, apenas abultaba un metro, con su tocado azul cielo en el pelo y cara de inocencia se dirige hacía nosotros. Pablo y yo en medio del mercado también, nos quedamos mirándola, subo la cámara a la altura de mi cara ante tan bella estampa solitaria y la niña se para ante nosotros, mirándonos, disparo y nos sonríe, se marcha sola luego hacía el otro extremo el mercado, difuminándose entre la gente.
Una mujer vestida con niqab rojo, una especie de chador más conservador cubriéndole el pelo y un velo negro en la cara, con apenas un resquicio de dos centímetros para ver la mercancía, negocia su compra a un tendero rodeado de pescado.






















A la salida del mercado volvemos a pasar por el de frutas para realizar alguna compra. “Mama mira que melones” grita Hugo ante un carro cargado de cocos dentro de su vaina verdeamarillenta, una vez al lado comprueba que son cocos pues ya había jugado con alguna vaina a modo de cubo arenero en la playa.
Una mujer que sostiene a su hijo dormido en brazos, adquiere dos patatas, elegante, digna, majestuosa, su pose tranquila, segura de si, abriéndose paso por la vida.






















Después de ver el mercado nos fuimos a ver los calabozos de los esclavos, para ello un nativo se nos ofreció de guía. Los niños quedaron muy impresionados al ver los pequeños calabozos donde eran hacinados muchísimos esclavos, vieron las cadenas y grilletes de de tobillos, manos y cuello, el guía nos explico la historia y nosotros se la reforzamos con detalles, después de todo uno de los motivos por el que queremos abrir los ojos de nuestros hijos al mundo, es para que se sientan de cualquier lugar y respeten cualquier cultura y forma de pensar o vivir, nacemos por casualidad en cualquier lugar del mundo, y el hábitat condiciona nuestro destino, somos del planeta Tierra, con todos los demás, nuestra Tierra, increíble y maravillosa.

















Buscamos un sitio para comer tranquilos, después tuvimos tiempo y ganas para pasarnos una vez más por las estrechas callejuelas de Zanzíbar, vimos más preciosas puertas labradas al estilo indio, una mujer leyendo en Corán a las puertas de su tienda de telas, sombreros y cestas vistosísimas. Que os voy a contar de mi cámara, un apéndice más de mi cuerpo en estas callejuelas de Zanzíbar.

Y por estas volvimos hacia el palacio House of Wonders para reunirnos con el conductor que nos llevaría de vuelta a Nungwi, pero antes en una de estas tiendas tuvimos tiempo de comprar una gran calabaza en forma de pera, pintada por fuera con motivos africanos de vivos colores, uno de los regalos que nos hicimos, de los más originales y bonitos que uno se puede llevar de Tanzania.





















Cambiamos dólares por chelines tanzanos una vez más y volvimos al hotel.
Todavía tuvimos tiempo de darnos los últimos baños y miramos los fondos por última vez, Hugo se quedo en la habitación con unos y otros mientras no estábamos en la playa, ya que queríamos preservarle del sol para que no le subiera la fiebre.












Cenamos la última noche en las mesas que el hotel tenía en la playa, otra vez al a luz del candelabro, con la brisa marina y el olor a sal del Índico, una vez más la melancolía del último día se iba apoderando de nosotros, contentos por haber finalizado un viaje de tantas aventuras con buen pie, pero con la pena de dejar atrás una tierra tan increíble y que te hace sentir tan vivo.
















Al día siguiente volamos para Nairobi, París, Madrid, una aventura por si sola, pero ya habíamos visto muchas otras veces que nuestros “niños” eran carne de aeropuerto y se manejaban sin problemas, llegamos a Nairobi a las 3:30 de la tarde y nuestro avión Nairobi-parís no salía hasta las 10 de la noche. Pero una de las cosas buenas que tiene el aeropuerto de Nairobi es su estupenda sala de juegos con grandes sofás, juguetes y televisión con películas para niños y no tanto. Allí pasamos las horas repanchingados al lado de otra familia danesa con dos mellizos que pronto descubrieron que Pablo y Hugo estarían también dispuestos a cargarse la sala a pelotazos, todo esto alternado con diferentes excursiones a las diversas tiendas del aeropuerto.


















Pero antes de esta segunda y tercera escala, tuvimos un último regalo inesperado que nos puso la carne de gallina. Cuando llevábamos medio recorrido del vuelo Zanzíbar-Nairobi, el piloto nos dijo que miráramos a nuestra izquierda, yo estaba situado a la derecha por lo que me levanté y me asomé por la ventana de la otra fila de asientos, donde estaban Miguel y Pablo. Allí apareció, majestuoso, entre las nubes, el punto más alto de África, nuestra cima. Miguel y yo nos quedamos callados un buen rato mientras contemplábamos la cima del Kilimanjaro por última vez, allí donde vivimos, sufrimos y sentimos juntos, con la mayor intensidad posible, esta extraordinaria tierra.

Conforme pasan los días y semanas se echa mucho de menos aquellos parajes, no como en otros países que igualmente vividos dejan nostalgia de por vida, esta nostalgia y dependencia es algo que toca más hondo. Pensaba que sería inmune a este mal, y que era un cliché, pero el mal de África nos atrapó a todos, y creo que es porque uno se reconoce en esta tierra, casi intacta en algunas zonas desde hace millones de años. Una memoria antropológica en nuestro inconsciente nos dice que es nuestra casa, que vivimos, mucho, mucho tiempo así, en paisajes libres, de horizontes abiertos a la naturaleza y a la vida, solos , con el león y la hiena de compañeros de viaje, como todavía viven algunos privilegiados en esta tierra.



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