17 nov. 2008

ZANZÍBAR-NUNGWI

http://viajarconnenesatanzania.blogspot.com/

















NUNGWI

Dejamos Tarangire, y durante el camino por carretera aprovechamos para comprar una figura de madera y un óleo en una tienda de la carretera. Después de un duro regateo llegamos a un acuerdo. Nos envolvieron la masai de 1,20 metros de altura, pero no elegimos la opción de mandarla a casa, ya que salía por tres veces el precio de la figura. Así que otro “mamotreto” más al equipaje.

Después de una horas por carretera, llegamos a la agencia Boby tours en Arusha, allí recogimos las mochilas de la escalada al Kilimanjaro y una maleta con aletas y gafas entre otras cosas.
Y a con todo el equipaje, Lodgardo y Salín nos llevaron al pequeño aeropuerto de Arusha, allí nos despedimos con pena de los que fueron nuestros guías y numerosas veces nuestros ojos, para indicarnos el lugar de cualquier animal por camuflado que estuviera. Fueron echados de menos muchos días por los chicos y no tan chicos, sobre todo por Hugo, que decía de vez en cuando: “que pena Lodgardo”. La verdad es que Lodgardo era bastante bromista y había congeniado bien con los peques.
















A la hora de facturar estábamos un poco temerosos por nuestra cantidad de equipaje: 4 maletas (tres grandes y una pequeña), dos mochilas grandes y cuatro entre medianas y pequeñas, estas 4 últimas no las facturamos.
En total 92 Kg, unos 18-19 kg por cabeza, el máximo eran 23 Kg., sin problemas.
















Aunque intentamos no llevar mucho equipaje, dentro de lo que significa esto con niños, esta vez llevábamos más de la cuenta, ya que al equipaje normal había que añadir dos mochilas grandes y dos pequeñas de escalada con mucha ropa técnica, botas, gore-tex, forros …
Al final no llegamos a nuestro umbral máximo de peso, y todavía podíamos haber llevado 23 Kg. más. Además viendo como viajaba alguna pareja que pasó por facturación con 50 Kg. para los dos, nosotros íbamos hasta ligeros.













A las tres de la tarde salía nuestro avión, un aparato mediano con dos filas a cada lado.
Cuando ya estábamos sentados una azafata nos preguntó si no nos importaba que Pablo viajara en la cabina con el piloto, nosotros le dijimos que “if he Want, no problem”. Pablo después de dudar un momento aceptó encantado. Por lo visto había overbooking y una pasajera inglesa se quedaba sin asiento. Decidieron que era más factible pasar a un niño a la cabina que a un adulto.
Pablo a la llegada a Zanzíbar nos contaría lo bien que se lo pasó y las que vistas tan increíbles que se apreciaban desde la cabina del avión. Nos contó también que el piloto y la azafata bromearon con el, diciéndole que si tocaba tal palanca saldría despedido del avión.













Por las ventanas del avión pudimos ver la maravillosa isla de Zanzíbar, con las preciosas casas de Stone Town, las interminables playas de traslucidas aguas y su exuberante y verde vegetación.















Aterrizamos y cogimos un carro de maletas que aquí se cobran a un dólar. Después de regatear tomamos una furgoneta por 50$ que nos llevaría a Nungwi , un pueblo de pescadores y constructores de dhows, barcos típicos de Kenia, Tanzania y otros pueblos de África.
Nungwi estaba situada en punto más septentrional de la isla por lo que se tarda más de una hora en llegar. Más adelante llegaríamos a ajustar el precio del trayecto Aeropuerto-Nungwi o Stone Town-Nungwi por 30$, pero ese día, cansados y cargados hasta las cejas dimos por bueno el precio anterior.












Recorrimos la isla de sur a norte. Por el camino pudimos observar la exuberancia de la isla, llena de verde por todos lados. Miguel Pablo y Hugo observaban por las ventanillas del auto el cambio de población de Tanzania continente a Zanzíbar. La población de mayoría musulmana se apreciaba al instante, a un lado y a otro de la carretera se veían mujeres ataviadas con el típico chador, algunas incluso con el velo.













No hay que olvidar que Zanzíbar tiene unos fascinantes antecedentes de influenciada persa, árabe, musulmana y portuguesa y británica…

Zanzíbar fue el centro para el tráfico de esclavos del este entre los siglos XVII y XIX, cuando fue reglado por el sultán de Omán. El gobierno británico llevó al término del tráfico de esclavos a fines del siglo XIX bajo el gobierno del sultán omani Hamoud bin Mohammed, controlado por los británicos.
Zanzíbar también tenía un floreciente mercado de marfil y especias y fue punto neurálgico y estratégico de África, Oriente Medio, India y China.















Toda esta influencia queda marcada en la isla, especialmente en Stone Town, pero fueron los árabes quienes mayor impronta dejaron en la isla.
Recientemente Zanzíbar ha prohibido el sexo entre personas del mismo género. Las relaciones sexuales lésbicas son penalizadas con un máximo de siete años, mientras que las relaciones entre hombres pueden llegar a una pena máxima de 25 años.
Se cultivan cocos, clavo y cacao para la exportación; la pesca también es importante para la economía local













Stone Town es un lugar de hermosas calles, torres circulares, puertas de madera talladas al estilo indio y hermosas mezquitas e iglesias. Los lugares arquitectónicos más importantes son el Puente Guliani, Livingstone y el palacio construido por el Sultán Barghash en 1883 llamado House of Wonders














Llegamos a Nungwi a las 5 de la tarde. Por lo que pudimos ver todavía de día la maravillosa playa a la que “desembocaba” el pequeño hotel, playa de arenas blancas y limpias llenas de restos de caracolas y conchas rotas.
Las aguas de azul imposible que tantas veces habíamos visto en fotos, eran navegadas por dhows (veleros autóctonos) de diferentes tamaños.













Nuestras habitaciones en el hotel estaban integradas en un bungalow de una sola planta con tejado de makuti (paja local) a modo de adorno sobre el original. Cada bungalow tenía dos habitaciones, todas las del hotel daban a la playa. Uno salía descalzo de su habitación y ya estaba en la playa, el primer paso al cruzar la puerta era en la arena blanca. El hotel también tenía un restaurante cuyas mesas estaban en la misma playa bajo un cobertizo o porche también de makuti.

Allí comimos y cenamos muchas veces, y esa noche lo haríamos por primera vez a la luz tenue de unos candelabros, la arena bajo nuestros pies, el mar con su brisa suave y cálida, y sonando de fondo la agradable y típica música de Zanzíbar o música Taarab.

















Nungwi no nos defraudó, ni el primer día ni ninguno. Habíamos elegido Nungwi por varios motivos:
Aunque Zanzíbar tiene muchas playas extraordinarias que merecen la pena, nosotros teníamos claro que Nungwi era nuestro destino y la población que más se ajustaba a nuestra manera de viajar.
Nos inclinamos por Nungwi por ser un pueblo de pescadores y fabricantes de dhows (veleros autóctonos) de manera artesanal. Por otra parte Nungwi era una población tranquila, pero con el atractivo de tener también zonas con algo de ambiente si uno quiere diversión.















Queríamos huir de los súper hoteles de la costa Este con una gran masificación de turistas, maravillosos sin duda en dotaciones, pero aislados totalmente de la población.
Nungwi ofrecía playas, zonas de ocio y población autóctona tanto musulmana como no profesante de esta religión.
Por otra parte nosotros tuvimos en cuenta los ciclos de mareas para elegir Nungwi, y no una parte cualquiera, sino la costa Noroeste de esta población, lo suficientemente al sur del noroeste de Nungwi como para estar en la parte tranquila.



Otra de las ventajas de Nungwi es que uno puede bañarse en sus playas sin depender de las mareas, las playas siempre están disponibles. No hay que atravesar cientos de metros andando para bañarse cuando baja la marea, como en otras partes de la isla.
Solo con estos motivos tendríamos suficientes razones para elegir Nungwi. Pero además esta población se caracteriza por tener preciosos fondos marinos para el snorkeling y buceo con botella.






















Por otra, otro de los motivos por el que nos inclinamos por Nungwi, es que casi todas sus playas están a barlovento de la isla, los vientos fuertes están a sotavento (Este). Normalmente la zona de la islas que mira al continente tienen aguas más tranquilas y vientos suaves, al igual que les pasa a nuestras maravillosas islas Canarias, por ejemplo, en las playas de barlovento del Parque natural de Jandía en la Isla de Fuerteventura todo es calma en barlovento o la parte que mira al continente, si te vas a sotavento es otro tipo de playa, como Cofete, salvaje, solitaria y ventosa pero también imprescindible por su belleza avasalladora. En Lanzarote pasa otro tanto con playa blanca y sus tranquilas aguas y toda la costa que mira al continente. Bueno me estoy enrollando temerosamente.



Prosigo, es verdad que en el este de Zanzíbar hay playas extraordinarias, y si uno busca un cuadro puede que se decante por el Este. Pero si busca playas siempre accesibles y bañables, el Oeste es mejor generalmente. Ahora que si uno quiere solo playa y Windsurfing el Este es su sitio.
Todo lo anterior es matizable y generalizado. Pero venir a Zanzíbar y no ver siquiera un poquito del maravilloso “bosque” subacuático, es una perdida irreparable.
Siempre me ha “chocado” (como decía mi abuela que en paz descanse) como mucha gente es capaz de llegar a lugares de fondos increíbles, y limitarse simplemente al disfrute de superficie. Todo el cuerpo dentro del agua y la cabeza y todos los sentidos en el exterior.



Si uno se asoma a estos fondos, puede ver corales, conchas, una especie de ostras gigantes, estrellas de mar. En algunos sitios hay que adentrarse 100 m en el mar para empezar a ver en otros con 20 metros basta.
Nosotros practicábamos snorkeling por parejas cuando nos adentrábamos más de la cuenta. Casi siempre yo con alguno de la familia, con Pablo, con Miguel, con Marga, con Hugo.
De vez en cuando me metía más lejos en solitario y bajaba con mi neopreno y plomos para traerles una colección de estrellas de mar, caracolas y demás joyas marinas.
Pablo y Hugo disfrutaban mucho “jugando” y observando estas “frutas” del Indico.
Durante los días que estuvimos en Zanzíbar los cinco pudimos contemplar parte de estos coloridos fondos.



El segundo día dedicamos casi toda la mañana a bañarnos en la playa y bucear. Por la tarde después de una comida temprana, recorrimos a pie toda la costa Oeste de Nungwi hasta llegar al faro.
Vimos como nuestra playa iba dando paso a sucesivos pequeños hoteles a pie de mar, algunos sin playa, más adelante aparecían de nuevo grandes extensiones de arena blancas con cocoteros.















Después de un kilómetro y medio de playas bellísimas casi sin construcciones, nos adentramos en una zona con barcos de pescadores, algunos arreglaban sus redes, otros venían en ese momento de pescar con buenas capturas. Hugo, Pablo y Miguel contemplaban de cerca a un pescador que traía peces y un pulpo. Un poco más allá tres niños golpeaban con un palo a otro pulpo para reblandecerlo.



Unas niñas se medio bañaban con vestidos que parecían de época. Les hicimos unas fotos y les dimos una propina, se pusieron tan contentas que empezaron a bailar y cantar en el agua. Hugo repetía el estribillo swahili.



A 300 metros aparecieron los primeros dhows o barcos varados en la arena, algunos de ellos estaban siendo reparados, otros en plena construcción. Marga y yo observábamos divertidos como nuestros chicos miraban con mucha curiosidad la labor de estos artesanos. 100 metros más allá, vimos un grupo de unos 5 hombres que pintaban, lijaban y reponían tablones de un gran barco.
La verdad es que esta caminata fue uno de los paseos más bonitos que hemos hecho nunca por una playa.



Pero todavía nos quedaba una sorpresa más. Cuando llegábamos casi al punto más septentrional de la isla, un niño nos salio al paso y nos preguntó si queríamos ver tortugas marinas. Nosotros sabíamos que por aquí era posible verlas porque habíamos visto fotos en Internet de gente dándoles de comer.

















Aceptamos la invitación del niño y este nos condujo a una zona al final de la playa. Allí había una especie de cobertizo de paja justamente donde terminaba la arena. Detrás del cobertizo una puerta de madera incrustada en un muro que encerraba una finca de grandes dimensiones. En el cobertizo de paja a modo de chiringuito playero, nos atendieron un grupo de jóvenes tanzanos que nos cobraron la entrada al recinto (finca) de las tortugas marinas, justo detrás de los muros. Un guía nos acompañó y nos abrió la puerta del muro, nada más entrar vimos que al otro lado había una especie de estanque bastante grande de agua salada. El guía nos condujo por una pasarela de madera que atravesaba el estanque y terminaba en el centro del mismo. Allí una escaleras de piedra bajaban directamente al agua. El guía tomó unas algas que tenía en un cesto y las acercó al agua, al instante aparecieron unas tortugas de enorme tamaño que sacaron la cabeza para comer de sus manos. Pronto le imitamos todos y al cabo de un rato estábamos descalzos en los tramos de escaleras que se sumergían en el agua. Después de unos minutos donde Hugo parecía que iba a acabar con la reserva de algas de Zanzíbar, le preguntamos al guía tanzano si podíamos bañarnos en el estanque con las tortugas. Por su cara de sorpresa, deducimos que de los pocos turistas que frecuentaban este lugar ninguno le había hecho esa propuesta antes. Salió al cobertizo de fuera y habló un rato en swahili con los jóvenes que nos habían vendido la entrada, vino de nuevo hacia nosotros y nos dijo que deberíamos pagar más cambio del baño. Como el precio estaba bien y no queríamos perder esta oportunidad, pronto estuvimos despojándonos de la ropa y quedándonos en bañador.





















Hugo, Pablo y yo decidimos enseguida meternos en el estanque, Marga no tenía muchas ganas, y Miguel después de la subida al kili, digamos que estaba más conservador, había quemado muchas energías físicas y mentales en ese empeño, y había vivido en pocos días una de las experiencias más bonitas de su vida, así que estaba un paso por detrás de sus hermanos en vivir nuevas experiencias. El kili había colmado su vaso para una buena temporada.
















Primero me metí yo, y las tortugas rápidamente vinieron hacia mí, cogí un puñado de algas y se las fui ofreciendo tanto por debajo como por encima de la superficie del agua. Luego se metió Hugo y las estuvo tocando por encima del caparazón, cuando se metió Pablo en principio se dedico a acariciaras, pero un patadón de una de estas hizo que les cogiera cierto temor, y tanto Hugo como Pablo se reían nerviosamente cada vez que alguna tortuga les rozaba con sus patas o caparazón. Al final los niños contagiaron a las tortugas y estas empezaron a ponerse nerviosas también. El guía nos decía “pole pole” (despacio) .















Al final Pablo y Hugo terminaron agarrados a mi espalda mientras reían a carcajadas, y aquí el que les habla era usado de escudo.
Aunque intenté hacer alguna foto debajo del agua, estas no salieron demasiado bien ya que habíamos levantado el lodo del fondo y el líquido elemento empezó a enturbiarse.
Por último y después del baño, el guía nos enseñó el criadero de tortugas. En unos recipientes de plástico a modo de cubos de diferentes tamaños, estaban depositadas las tortugas según su mayor o menor envergadura. Miguel Pablo y Hugo tuvieron la oportunidad de coger, tocar y manosear estos hermosos ejemplares, que en edades tempranas tienen una tonalidades más graciosas y coloridas que sus hermanas mayores.

De vuelta al hotel pudimos ver una vez más a los masais de playa. Si, también en Zanzíbar hay masais, eso si, con ciertas particularidades que los diferenciaban de los que estaban en su medio natural. Los masais de Zanzíbar iban mucho más adornados, con pelos mucho más largo y con más ajuar en el, más tobilleras y pulseras que ningún otro masai, gafas de sol y algún que otro paquete de tabaco. En fin eran una especie de “locomias -como les llamaba Pablo- muy parlanchines y vistosos, andando de acá para allá todo el día, dejándose ver, exhibiéndose, parándose en grupos, por parejas, tríos, a charlar en medio de la playa o calle. La discreción y austeridad del masai de campo, con sus cabras y sus chozas no iban con el masai de Zanzíbar, mucho más “aderezado” por fuera que por dentro, algunos con prósperos negocios en la costa.




1 comentario:

eva dijo...

Ante todo............ gracias.
Por escribir estos blogs tan interesantes y de los cuales podemos sacar tantísima información. Solo decirte, que gracias a tu blog, este verano hemos realizado un sueño yo y mi familia, (viajar a Tanzania), siguiendo tus consejos desinteresados. Te diré que me puse en cotacto contigo a través de losviajeros.com mi nick es Mauriciana y tú contestaste a todas mis preguntas, aportandome muchisimos datos. No he podido volver a hablar contigo, ya que he visto que has cerrado la cuenta en losviajeros. Así que te doy las gracias desde aquí.
Te seguiré desde tu blog si no tengo otra forma de contactar contigo, te envio mi mail por si algun día quieres contactar. somos una familia con niños que también viaja cuando puede.
Muchas gracias.
Eva.
oseva5@yahoo.es

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