17 nov. 2008

LAGO MANYARA

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Por la mañana temprano salimos en dirección al lago Manyara, más carretera, más chozas y más gente en el camino. Pequeños ciclistas en las pendientes con cargas considerables en sus bicis, tiendas en las carreteras de pinturas y tallas de madera.











De vez en cuando la carretera pasaba por algún pueblo, los tenderetes se hacinaban a uno y otro lado, talleres de bicicletas al aire libre, puestos de frutas, venta de somieres y camas de madera.
Una vez salías del poblado se mostraban grandes horizontes de naturaleza, rebaños al cuidado de masais, tres o cuatro chozas aisladas.













Después de unas horas de viaje llegamos al Manyara wildlife Lodge, antes atravesamos un pequeño poblado lleno también de tenderetes y vida.








El todoterreno atravesó el pueblo por un camino de tierra en mal estado, de aquí para allá circulaban bicis o bicicarros que cargaban grandes bidones de agua para la vida ordinaria, un kilómetro más allá de este grupo de casas apareció la entrada del Lodge.
La situación del Manyara wildlife Lodge, aunque menos aislado que los anteriores lodges, también era inmejorable: asomado sobre una loma altísima donde sus jardines terminaban en una caída vertiginosa hacia el Parque Nacional del lago Manyara, y terminando su horizonte en el mismo lago, salpicado de tonos rosados que le daban la gran masa de flamencos.
















El lodge tenia unos preciosos y cuidados jardines, y en ellos una piscina que fue bien aprovechada por los niños.
Después de dejar el equipaje y recoger los Pack lunch salimos inmediatamente en dirección al P.N. del lago Manyara. Habíamos decidido que nos merecía más la pena hacer una salida más larga que dos más cortas. Así que casi siempre pedíamos los Pack lunch para aprovechar al máximo esa visita, de esta manera llegábamos al hotel a las 4:30 de la tarde, con lo que nos quedaban dos horas de luz para relajarnos en el.






















Desde el Lodge bajamos una carretera que nos llevaría al PN. Del lago Manyara. En la bajada pudimos ver por primera vez, algunos baobab de tamaño considerable que ya anunciaban lo que nos encontraríamos en Tarangire al día siguiente. También vimos a unos cuantos pescadores en bicicleta, en el manillar un puñado de peces colgaba, trofeo de unas horas de pesca.
Nada más llegar al parque, Lodgardo nuestro guía, nos explico unas cuantas cosas interesantes de la flora y fauna de este lugar, a la vez que visitábamos un museo al aire libre que había a la entrada del parque.
Después de este primer aperitivo nos lanzamos de lleno a visitar el parque.
En este parque hacía bastante más calor que en Serengeti y Ngorongoro, con una vegetación verde y frondosa, grandes árboles….
Vimos muchísimas aves de todo tipo, impalas, cebras, dik dik, babuinos…























El Parque Nacional del Lago Manyara se propaga a los pies de la falla del Rift, una pared de 600 metros de altura. De los 330 Km cuadrados que ocupa el parque, el lago puede llegar a extenderse hasta 220 Km. En la estación húmeda.
El camino atraviesa una selva frondosísima de aguas subterráneas, gracias a esta particularidad adquiere la categoría de Parque Nacional. Las precipitaciones caen principalmente en las tierras altas del Ngorongoro filtrándose posteriormente al pie de la falla del Rift, que hace de presa natural, acumulándose el agua en el subsuelo de la selva del Parque Nacional del lago Manyara .Todo el perímetro de tierras que rodea este parque se vuelve amarillo en la estación seca, pero Manyara continúa siendo un oasis verde donde acuden las manadas

Nos acercamos a unos 200 metros del lago que es lo que habitualmente se acercan los coches durante la visita, desde esta distancia pudimos ver con más detalle la inmensa masa de flamencos sobre el lago.
Pero si uno quiere tener contacto más directo con el lago, debe disponer de más de un día para visitarlo. En el museo del parque se anunciaban circuitos en canoa y Kayat por el lago, bastante atractivo, pero había que elegir entre visitar y ver el parque o realizar otras actividades.
Nosotros veníamos a ver el parque y su lago. De los Parques que vimos, quizá el que menos “sensaciones” nos transmitió.
Pasadas unas horas no habíamos visto todavía los famosos leones del Manyara
, caracterizados por subir y dormitar encima de los árboles. Yo estaba un poco enojado ya que no habíamos llegado a primera hora al parque, que es cuando más posibilidades tienes de ver los leones en las alturas. Por lo visto, la fresca de la noche, el lago y las primeras horas de la mañana son factores que influyen para que los leones eviten el suelo, relativamente frío y húmedo a estas horas.
Nosotros habíamos llegado al parque cerca del medio día, Le habíamos dicho Lodgardo que no nos importaba madrugar y salir muy temprano de Ngorongoro para llegar a primera hora al lago Manyara, pero este nos comento que no hacía falta, y claro no veíamos ningún león subido a un árbol después de varias horas por el parque y menos con el calor que hacía.
Cuando la jornada en el Parque llegaba a su fin, vimos un tumulto de unos seis todoterrenos apelotonados debajo de una acacia, milagrosamente estaban contemplando los ansiados leones trepadores del lago Manyara. Dos leonas repanchingadas encima de una de las ramas más altas y ocultas, una apenas era visible, la otra se dejaba ver con cierta medianez según cambiaba de postura.
En este parque también tuvimos oportunidad de ver varias familias de elefantes. Incluso pudimos ver a un bebé elefante que hizo las delicias de todos, pero sobre todo de Hugo.
Este estaba entusiasmado ya que
el elefantito parecía intuir que la cabecita más pequeña que asomaba por el todoterreno era la suya, y por tres veces el pequeño paquidermo pareció arrancarse hacia el auto levantando su trompa de manera infantil e imprecisa y con pasos torpes. Hugo se reía a carcajadas cada que esto ocurría y el elefantito volvía a arrancarse con curiosidad hacia el coche.
























Este hecho ya nos había pasado alguna vez con Hugo, recuerdo un encuentro en Rábida (Galápagos) donde una cría de león marino abandonó a su madre para irse a “reunir” con Hugo (14 meses entonces), que a su vez se había “desecho” de su madre. Se miraron, se olieron, se tocaron, giraron arededor el uno del otro, se volvieron a mirar. Una escena que sorprendido a todos los que en ese momento la contemplábamos. De alguna manera lo bebes o crías de corta edad se reconocen en sus maneras graciosas e infantiles que invitan al achuche.












De vuelta al lodge Salín, el conductor, paró el coche de repente, bajó del coche, husmeó por el suelo, y cogió dos espinas de cuerpo espín que nos regaló.
Su agudeza y su ojo entrenado era capaz de percibir cualquier pequeño detalle del entorno.
Llegamos al wildlife Manyara lodge sobre las 4:30 de la tarde y aprovechamos para bañarnos en la piscina, leer un poco bajo la sombra de enormes árboles. Admiramos una vez más las inolvidables vistas hacia el lago, y vimos como una pintora japonesa dibujaba una acacia con primorosa precisión.




















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